Primer arquitecto mujer gallega

Construyendo edificios en Galicia
Memorias de Milagros Rey, primera arquitecta gallega

Lalos Rey en una imagen de 1961

Estoy escribiendo mis memorias y vienen a mi cabeza tantos recuerdos, que no sé si voy a terminar… Pasaron ya ochenta años de mi vida y, contando tantos acontecimientos pasados, me alegro y gozo al confirmar que no me aburrí ni un solo minuto.

Mi padre, arquitecto coruñés, mi madre ama de casa madrileña, con un montón de tíos y abuelos y, desde niña, jugando y dibujando con los delineantes, en el estudio de mi padre, mientras aprendía a leer y escribir. Mi padre quiso también que aprendiese alemán, en vez de ir a la escuela primaria, cuando ya hablaba gallego y castellano. Recuerdo como corregía Castelao mis expresiones en gallego… La maestra, Consuelito, me enseñó matemáticas en la casa y una abuela algo de música. Como enfermé al ir a la escuela, aprendí todo en casa y estudié por libre. Sobre todo aprendí a dibujar, en el estudio de mi padre, y esa fue ya mi gran pasión…

Cuando le formulé a mi padre a idea de ir a Madrid a hacer Arquitectura, no le gustó nada, pero comprendió que estaba decida y me retó: “Si sacas a la primera el examen de estado, te costeo la carrera”. Estudié muchísimo, y saqué el nº 1, con premio extraordinario, en Santiago, así que no tuvo más remedio que darme permiso. También en Madrid tuve que afrontar muchos retos, pues en los cursos de licenciatura en Arquitectura era la única chica de la Universidad. Fueron años apasionantes, en los que descubrí muchas cosas y muchos países. Era una “niña de la guerra”, que había tenido que aprender en tiempos revueltos…

Comencé mi primer trabajo en La Coruña con un equipo de arquitectos. Después, fui trabajando en otros frentes: arquitecto municipal, Jefe de Bomberos, Catedrático de Arquitectura…. Muchos años de trabajo y más de 2300 encargos: polígono de Elviña, Iglesia de Santa Margarita, Torre de los Maestros, La Fuente de Cuatro Caminos, Iglesias de Combarro, Cambados… Mi obra preferida es, quizás, el local social del pescador en Fisterra. Dicen que era de armas tomar y a lo mejor llevan razón. En cualquiera caso, es mi manera de ser y trabajar.


Una de sus obras

También en mi vida personal tuve grandes retos. Pasé de ser agnóstica a creyente en poco tiempo, de forma imprevista. Dios entró un día en mi vida y desde entonces quise saber más… Me acerqué después a la Obra a través de un sacerdote gran amigo de mi padre, que me facilitó conocer un sacerdote de la Obra arquitecto, D. Ricardo Fernández Vallespín. Entonces comprendí que Dios me hacía descubrir mi vocación y pedí la admisión un mes y medio después, como Agregada del Opus Dei. Mi madre, al no conocer la Obra, quiso preguntar a un religioso, que le contestó que era “una organización bendecida por la Iglesia; más aún, puedo decir que es la perla de la corona de la Iglesia. Dé gracias a dios porque llamara su hija a tan hermosa vocación”. Mi madre me lo contó después, muy emocionada y alegre.

Mis trabajos tenían ahora una perspectiva nueva, apasionante. De cierto que la fe ilumina nuestras actividades y les da luces insospechadas. Comencé a trabajar con un sentido más profundo, viendo mejor los motivos para trabajar bien, a fondo, y hacer construcciones idóneas, estéticas, que resolvieran los problemas de la gente. En esta profesión encontraba muchas ocasiones para actuar de forma ética y no ceder ante propuestas confusas o actuaciones corruptas. En mi trabajo hace falta fijar bien las medidas y los presupuestos, y surgen situaciones que requieren una especial fortaleza para vivir una moral profesional. Algunos colegas me hacían consultas éticas y yo procuraba darles mi opinión, en las distintas cuestiones.

Me gustaba mucho dar clases a los futuros arquitectos y aparejadores. Dediqué muchas horas a enseñarles lo que yo aprendí con los años. Recuerdo también mis esfuerzos en temas deontológicos, para que fueran siempre buenos profesionales. Cuando me jubilé me nombraron profesora emérita.

Fui con mis padres a Roma y allí pude conocer a San Josemaría. Lo pasamos muy bien y me recomendó que descansara, pues trabajaba demasiado. Yo le hablé con entusiasmo de mis bomberos y recuerdo que se reía…

Claro que trabajaba mucho, pero también encontraba tiempo para otras actividades. Recuerdo unas reuniones que tenía, con otras profesionales, en el estudio, los viernes a última hora, y que llamábamos club de música. El gramófono nos permitió escuchar muchas sinfonías de Beethoven y otros músicos.

Fuente de Cuatro Caminos (A Coruña)


Aún ahora, gracias a las nuevas tecnologías puedo seguir, a mi edad, colaborando profesionalmente desde mi casa. Comencé un blog para escribir sobre temas de interés y mantener contacto con más personas. En el ordenador voy escribiendo recuerdos, para completar mis memorias. De vez en cuando vienen periodistas y me entrevistan, sobre temas que les parece de interés: ser la primera mujer arquitecto de Galicia y 3ª de España, primer Jefe de Bomberos, mis opiniones sobre edificaciones polémicas, los recuerdos sobre la catástrofe aérea del primero Reactor en A Coruña, etc.

Un momento de especial emoción fue la concesión de la Medalla Castelao en 1995. En el discurso, el presidente habló de Castelao como símbolo de unión entre gallegos y subrayó el “ferviente amor” de los galardonados a Galicia y su trabajo en favor del pueblo y la tierra. Efectivamente, toda mi vida fue un reto continuo, apasionante, que quiero transmitir en mis memorias, y que ofrezco con amor a Galicia y a todo el mundo, desde la web, para invitar a todos a aprovechar su vida trabajando bien y con entusiasmo ¡Vale la pena!



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