Josep-Ignasi Saranyana se jubila

Benedicto XVI con el sacerdote e historiador Josep-Ignasi Saranyana, colaborador de ‘La Vanguardia’

Se jubila sin haber resuelto el enigma de la relación entre tiempo y eternidad. “Es un misterio de fe. La razón iluminada por la fe vislumbra algunas cosas. Pocas, pero algunas. Se nos aclarará cuando alcancemos, por la misericordia de Dios, el cielo que esperamos”, según el sacerdote, teólogo e historiador Josep-Ignasi Saranyana (Barcelona, 1941).

En la intensa vida de Saranyana destacan dos encuentros. Los de Josemaría Escrivá de Balaguer (canonizado en 2002) y Joseph Ratzinger (Papa en 2005).

Josep-Ignasi Saranyana pide la admisión en el Opus Dei dos semanas después de la muerte de Montse Grases, sierva de Dios, el 26 de marzo de 1959. A finales del verano del 1965, decide ser sacerdote. Confiesa: “Tuve la suerte de comunicárselo de palabra a San Josemaría Escrivá de Balaguer. Me dijo que lo pusiera por escrito para que constara que lo hacía con toda libertad y pleno conocimiento”. Saranyana también trata a Joseph Ratzinger. Lo conoce personalmente en enero de 1980, cuando el hoy Papa era arzobispo y pasaba unos días en su casa de Ratisbona. Caía una gran nevada. Ratzinger, que es muy friolero, salió a recibirle cubriéndose con un gorro de estilo mongol. Ambos ya habían mantenido correspondencia desde 1971 por razón de la tesis doctoral del sacerdote catalán que versaba sobre san Buenaventura. Saranyana ha visto después varias veces a Ratzinger en Munich y en Roma, incluso tras su elección papal.

Saranyana ha hecho compatible su labor teológica y de historiador con el periodismo. Por herencia de un abuelo, que era periodista, siempre ha tenido inclinación a colaborar con la prensa. Empezó en un periódico universitario, Diagonal, del colegio mayor Monterols de Barcelona, en el que escribía Joaquín Navarro Valls. Hizo una primera colaboración en La Vanguardia que está fechada el 21 de agosto de 1978. Versó sobre el quinto centenario del nacimiento de Tomás Moro. El padre de Saranyana, ya muy enfermo y que moriría dos semanas después, se pasó un día entero con aquel ejemplar del diario en cama. Saranyana colabora periódicamente con ese diario a partir de 2001.

Saranyana ejerce su labor sacerdotal e intelectual, llevando con una sonrisa la cruz de una enfermedad autoinmune, el síndromede Behçet, dolencia degenerativa del tejido conjuntivo. Como consecuencia de esta enfermedad padeció una cirrosis fulminante, se quedó sin hígado y tuvieron que hacerle un trasplante hepático de urgencia.

La vida de Saranyana ha transcurrido en Barcelona, Roma, Madrid, Pamplona. Ha dirigido el Anuario de Historia de la Iglesia. Es miembro del Pontificio Comité de Ciencias Históricas. Tras jubilarse como profesor de la Universidad de Navarra vuelve a su natal Barcelona. La Facultad le ha pedido que elabore un manual de historia de la teología dedicado a la docencia.

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