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		<title>Carta del Prelado del Opus Dei (mayo 2013)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 14:19:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos! Mes de mayo: un tiempo rico en fiestas litúrgicas y en aniversarios de la Obra. Deseamos recorrerlo de la mano de la Virgen, nuestra Madre, que nos lleva siempre a su Hijo y, por Él y con Él, al Espíritu Santo y a Dios Padre. Desde ahora pedimos a Nuestra Señora que nos acompañe muy de cerca, que nos obtenga siempre gracias abundantes para ser dóciles al Paráclito —como lo fue Ella— y así parecernos más y más a su Hijo Jesús. En las semanas transcurridas desde la elección del Papa Francisco, hemos contemplado los afanes de renovación interior que se han producido en tanta gente, porque son muchas las personas que han manifestado públicamente la necesidad de acercarse de nuevo o con más frecuencia al sacramento de la Penitencia. Agradezcamos al Señor estos dones tratando, en primer lugar, de aprovecharlos a fondo cada uno de nosotros, al tiempo que nos esforzamos en ayudar a que nuestros parientes,...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!</p>
<p>Mes de mayo: un tiempo rico en fiestas litúrgicas y en aniversarios de la Obra. Deseamos recorrerlo de la mano de la Virgen, nuestra Madre, que nos lleva siempre a su Hijo y, por Él y con Él, al Espíritu Santo y a Dios Padre. Desde ahora pedimos a Nuestra Señora que nos acompañe muy de cerca, que nos obtenga siempre gracias abundantes para ser dóciles al Paráclito —como lo fue Ella— y así parecernos más y más a su Hijo Jesús.</p>
<p>En las semanas transcurridas desde la elección del Papa Francisco, hemos contemplado los afanes de renovación interior que se han producido en tanta gente, porque son muchas las personas que han manifestado públicamente la necesidad de acercarse de nuevo o con más frecuencia al sacramento de la Penitencia. Agradezcamos al Señor estos dones tratando, en primer lugar, de aprovecharlos a fondo cada uno de nosotros, al tiempo que nos esforzamos en ayudar a que nuestros parientes, amigos, compañeros de trabajo o de estudio, se decidan a emprender a diario —como nosotros mismos hemos de hacer— una vida cristiana plenamente coherente con la fe que profesamos.</p>
<p>Prosiguiendo la exposición de los artículos del Credo, ahondemos en el misterio de la Ascensión del Señor. Creemos, en efecto, que Jesucristo, una vez resucitado, <em>subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre</em><a id="_ftnref1" title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Esta solemnidad que celebraremos este mes —el jueves día 9, o el domingo 12 en los lugares donde se ha trasladado— debe suponer para todos un parón, recordándonos el fin dichoso a que estamos llamados. Esta verdad nos recuerda, al mismo tiempo, un hecho histórico y un acontecimiento de salvación. Como hecho histórico, la Ascensión «marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celestial de Dios de donde ha de volver, aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres»<a id="_ftnref2" title="" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Ahora se halla presente en la Eucaristía, de modo sacramental; pero, en su ser natural, se encuentra sólo en el Cielo, de donde vendrá al fin de los tiempos, lleno de gloria y majestad, para juzgar a todos.</p>
<p>El evangelista que relata con más detalle este acontecimiento es san Lucas. Al principio del libro de los Hechos escribe que el Señor, <em>después de su Pasión, se presentó vivo ante ellos</em> [ante los Apóstoles y otros discípulos] <em>con muchas pruebas: se les apareció durante cuarenta días y les habló de lo referente al Reino de Dios</em><a id="_ftnref3" title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. También narra que, durante una de las apariciones a los Apóstoles, el Señor <em>les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras. Y les dijo: —Así está escrito: que el Cristo tiene que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que se predique en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas</em><a id="_ftnref4" title="" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</p>
<p>San Josemaría consideró muchas veces esas escenas, en las reuniones familiares que solía tener con numerosas personas. En una ocasión, por ejemplo, invitaba a quienes le escuchaban a pensar en el Señor después de la Resurrección, cuando <strong><em>hablaba de muchas cosas, de todo lo que le preguntaban sus discípulos. Aquí lo estamos imitando un poquito, porque vosotros y yo somos discípulos del Señor y queremos cambiar impresiones</em></strong><a id="_ftnref5" title="" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Y, en otro momento, añadía: <strong><em>les hablaba como hablamos nosotros ahora aquí: ¡igual! Eso es la contemplación: trato con Dios. Y la contemplación y el trato con Dios nos llevan al celo por las almas, al hambre de traer hasta Cristo a los que se han apartado</em></strong><a id="_ftnref6" title="" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</p>
<p>Pero volvamos al momento de la Ascensión, cuando Jesús <em>los llevó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo</em><a id="_ftnref7" title="" href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. En una de las últimas audiencias, reflexionando sobre este misterio, el Papa Francisco se preguntaba: <strong>¿cuál es el significado de este acontecimiento? ¿Cuáles son sus consecuencias para nuestra vida? ¿Qué significa contemplar a Jesús sentado a la derecha del Padre</strong><em>?</em><a id="_ftnref8" title="" href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</p>
<p>El Señor, al subir al Cielo, lo hizo en cuanto Cabeza de la Iglesia: se fue a prepararnos un lugar, como había prometido<a id="_ftnref9" title="" href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. «Nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con Él eternamente»<a id="_ftnref10" title="" href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Sin embargo, para entrar con Cristo en la gloria, es preciso seguir sus pasos. El Papa hace notar que, mientras sube a Jerusalén para su última Pascua —en la que iba a consumar el sacrificio redentor—, <strong>Jesús ve ya su meta, el Cielo, pero sabe con certeza que el camino que lo devuelve a la gloria del Padre pasa por la Cruz, por la obediencia al designio divino de amor a la humanidad (&#8230;). También nosotros debemos tener claro, en nuestra vida cristiana, que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad diaria a su voluntad, incluso cuando ésta requiere sacrificio; cuando requiere, en ocasiones, que cambiemos nuestros programas</strong><a id="_ftnref11" title="" href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. No olvidemos, hijas e hijos, que no hay cristianismo sin Cruz, no hay verdadero amor sin sacrificio, y tratemos de ajustar nuestra vida diaria a esta realidad gozosa, porque significa dar los mismos pasos que siguió el Maestro, que es <em>el Camino, la Verdad y la Vida</em><a id="_ftnref12" title="" href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</p>
<p>Por eso, la gran fiesta de la Ascensión nos invita a examinar cómo ha de concretarse nuestra adhesión a la voluntad divina: sin rémoras, sin ataduras a nuestro yo, con la determinación plena, renovada en cada jornada, de buscarla, aceptarla y amarla con todas nuestras fuerzas. <strong><em>No nos oculta el Señor que esa obediencia rendida a la voluntad de Dios exige renuncia y entrega, porque el Amor no pide derechos: quiere servir. Él ha recorrido primero el camino. Jesús, ¿cómo obedeciste tú? Usque ad mortem, mortem autem crucis (Flp 2, 8), hasta la muerte y muerte de cruz. Hay que salir de uno mismo,</em> complicarse la vida, <em>perderla por amor de Dios y de las almas</em></strong><a id="_ftnref13" title="" href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</p>
<p>La Sagrada Escritura cuenta que, después de la Ascensión, los Apóstoles <em>regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios</em><a id="_ftnref14" title="" href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. Unos días antes, al anunciarles Jesús que perderían su presencia sensible, se habían llenado de tristeza<a id="_ftnref15" title="" href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>; ahora, en cambio, se muestran llenos de gozo. ¿Cómo se explica este cambio? Porque, con los ojos de la fe, incluso antes de la llegada visible del Espíritu Santo, <strong>comprenden que Jesús, aunque se sustraiga a su mirada, permanece siempre con ellos, no los abandona y, en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ello</strong><em>s</em><a id="_ftnref16" title="" href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</p>
<p>También ahora, por la fe, sabemos que Jesucristo continúa junto a nosotros y en nosotros, mediante la gracia, con el Padre y el Espíritu Santo, y en la Sagrada Eucaristía. Es nuestro apoyo y nuestra fortaleza, el hermano mayor, el amigo más íntimo, que nunca nos abandona, especialmente en los momentos de tribulación o de lucha. <strong>Como afirma san Juan en su primera carta, Él es nuestro abogado: ¡qué bonito oír esto! Cuando uno es citado por el juez o entra en un pleito, lo primero que hace es buscarse un abogado para que lo defienda. ¡Nosotros tenemos a uno que nos defiende siempre, nos defiende de las insidias del diablo, nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados! (&#8230;). ¡No temamos ir a Él a pedir perdón, a pedir bendición, a pedir misericordia</strong><em>!</em><a id="_ftnref17" title="" href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. ¿Nos afanamos por movernos en la presencia de Dios, suceda lo que suceda? ¿Sabemos acoger sus disposiciones? ¿Con qué intensidad lo invocamos?</p>
<p>La certeza de que el Maestro nos acompaña, constituye otra consecuencia del hecho de la Ascensión, que nos colma de paz y de alegría. Una alegría y una paz que necesariamente hemos de comunicar a los demás, a todas las personas que pasan junto a nosotros, y especialmente a quienes sufren —quizá sin darse mucha cuenta— a causa de su lejanía de Dios. Como recalcaba san Josemaría al escribir sobre esta fiesta, <strong><em>tenemos una gran tarea por delante. No cabe la actitud de permanecer pasivos, porque el Señor nos declaró expresamente:</em> negociad, mientras vengo <em>(</em>Lc <em>19, 13). Mientras esperamos el retorno del Señor, que volverá a tomar posesión plena de su Reino, no podemos estar cruzados de brazos. La extensión del Reino de Dios no es sólo tarea oficial de los miembros de la Iglesia que representan a Cristo, porque han recibido de Él los poderes sagrados.</em> Vos autem estis corpus Christi <em>(1</em> Cor <em>12, 27), vosotros también sois cuerpo de Cristo, nos señala el Apóstol, con el mandato concreto de negociar hasta el fin</em></strong><a id="_ftnref18" title="" href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</p>
<p>Este mes, dedicado en muchos países a María, ha sido siempre en la Obra un tiempo especialmente apostólico. Nuestro Padre nos enseñó a ir de romería a una ermita o iglesia dedicada a la Virgen en compañía —si es posible— de alguno de nuestros amigos o compañeros. Todos contamos con la experiencia de que, al regresar luego a la vida normal —el trabajo, la familia—, la afrontamos con una carga interior nueva, que nuestra Madre nos consigue para encaminarnos o reencaminarnos a su Hijo Jesús. Me viene a la memoria la primera romería de nuestro Padre a un santuario mariano —a Sonsoles, en Ávila: mañana se cumple un nuevo aniversario— y la inolvidable novena a Nuestra Señora de Guadalupe del año 1970, en la que con tanta fe rezó por la Iglesia, por el Papa y por el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>. Os sugiero que, en la <em>Romería de mayo</em> de este año, vayamos muy unidos a esas intenciones que nuestro Fundador sigue teniendo en el Cielo.</p>
<p>En la segunda mitad del mes, el día 19, la liturgia nos presenta la solemnidad de Pentecostés; y el domingo siguiente, la fiesta de la Santísima Trinidad. El Paráclito, ahora como en la época apostólica y siempre en la vida de la Iglesia, es quien fortalece a los cristianos y les comunica valentía para anunciar a Jesús por todas partes. Meditad lo que sucedió tras la muerte de Esteban, el primer mártir. <em>Aquel día</em> —se dice escuetamente en el libro de los Hechos— <em>se desató una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén, y todos, excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría</em><a id="_ftnref19" title="" href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>. Aquella persecución, en lugar de frenar el crecimiento de la Iglesia, trajo como consecuencia su extensión fuera de los confines de Jerusalén; se implantó en nuevos lugares, en nuevas gentes, incluso en personas que no pertenecían al pueblo de Israel, como eran los samaritanos. Otro tanto le ocurrió a san Pablo durante sus viajes apostólicos.</p>
<p>Al considerar estos sucesos, recordados en las lecturas del tiempo pascual, en buena lógica deberíamos preguntarnos: ¿doy yo testimonio de mi fe en Cristo? ¿Pido a Dios que me aumente esta virtud teologal, junto con la esperanza y la caridad, especialmente en este Año de la fe? ¿Supero con decisión los respetos humanos y otros impedimentos que me retraen de la labor apostólica? ¿Me ayuda a ser audaz la consideración de que Jesús resucitado camina junto a mí por todas las sendas de mi vida ordinaria? ¿Acudo con frecuencia al Sagrario para pedirle una mayor piedad en mi trato con Él y con su Santísima Madre? Escuchemos las preguntas que nos hace el Papa Francisco: <strong>tú y yo, ¿adoramos al Señor? ¿Acudimos a Dios sólo para pedir, para agradecer, o nos dirigimos a Él también para adorarlo? (&#8230;). Adorar al Señor quiere decir darle a Él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer —pero no simplemente de palabra— que únicamente Él guía verdaderamente nuestra vida</strong><a id="_ftnref20" title="" href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</p>
<p>El mes pasado me trasladé en un rápido viaje al Líbano; como siempre, conté con vuestra ayuda para impulsar la labor apostólica de los fieles de la Prelatura en ese querido país, encrucijada del Oriente medio. Acompañado por todas y por todos, recé ante Nuestra Señora del Líbano, en el santuario de Harissa, pidiendo especialmente por la paz en toda aquella zona y en el resto del mundo. No desistamos de recurrir a Santa María en todas la necesidades de la Iglesia y de la sociedad. Es la actitud que nuestra Madre nos enseña en la fiesta de la Visitación, el último día del mes: fomentar en todo momento la disposición de servir a los demás en las diversas circunstancias que se presenten, como María sirvió a su prima Isabel.</p>
<p>Presentad a Nuestra Señora mis intenciones: nada hay de egoísmo en esta petición, porque —entre otras muchas— está vuestra fidelidad cotidiana, trazada con alegría, con perseverancia, con hambre de santidad personal y de celo apostólico. Rogad a la Madre de la Iglesia que obtenga de la Trinidad Santísima, para la Iglesia entera y para esta <em>partecica</em> de la Iglesia que es la Prelatura, muchos sacerdotes, plenamente entregados a su ministerio. Encomendad de modo especial a los nuevos presbíteros de la Obra, que recibirán la ordenación sacerdotal el próximo día 4, para que sean —como deseaba nuestro Padre— <strong><em>santos, doctos, alegres y deportistas en el terreno sobrenatural</em></strong>.</p>
<p>Con todo cariño, os bendice</p>
<p>vuestro Padre</p>
<p>+ Javier</p>
<p>Roma, 1 de mayo de 2013</p>
<p>© <em>Prælatura Sanctæ Crucis et Operis Dei<br /></em><br />
&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p><a id="_ftn1" title="" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Misal Romano, Símbolo niceno-constantinopolitano.</p>
<p><a id="_ftn2" title="" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, n. 665.</p>
<p><a id="_ftn3" title="" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> <em>Hch</em> 1, 3.</p>
<p><a id="_ftn4" title="" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> <em>Lc</em> 24, 46-48.</p>
<p><a id="_ftn5" title="" href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 29-X-1972.</p>
<p><a id="_ftn6" title="" href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 3-XI-1972.</p>
<p><a id="_ftn7" title="" href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Lc</em> 24, 50-51.</p>
<p><a id="_ftn8" title="" href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Papa Francisco, Discurso en la audiencia general, 17-IV-2013.</p>
<p><a id="_ftn9" title="" href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Cfr. <em>Jn</em> 14, 2-3.</p>
<p><a id="_ftn10" title="" href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> <em>Catecismo de la Iglesia Católica,</em> n. 666.</p>
<p><a id="_ftn11" title="" href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Papa Francisco, Discurso en la audiencia general, 17-IV-2013.</p>
<p><a id="_ftn12" title="" href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>Jn</em> 14, 6.</p>
<p><a id="_ftn13" title="" href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> San Josemaría, <em>Es Cristo que pasa</em>, n. 19.</p>
<p><a id="_ftn14" title="" href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Lc</em> 24, 52-53.</p>
<p><a id="_ftn15" title="" href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cfr. <em>Jn</em> 16, 6.</p>
<p><a id="_ftn16" title="" href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Papa Francisco, Discurso en la audiencia general, 17-IV-2013.</p>
<p><a id="_ftn17" title="" href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> <em>Ibid</em>.</p>
<p><a id="_ftn18" title="" href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> San Josemaría, <em>Es Cristo que pasa,</em> n. 121.</p>
<p><a id="_ftn19" title="" href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> <em>Hch</em> 8, 1b.</p>
<p><a id="_ftn20" title="" href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Papa Francisco, Homilía en la Basílica de San Pablo extramuros, 14-IV-2013.</p>
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		<title>Carta del prelado, abril 2013</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Apr 2013 11:35:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos! Todavía son muy recientes los momentos de gran importancia, y de los que hemos sido testigos, en la vida de la Iglesia: la elección de un nuevo Romano Pontífice. Como sucede siempre en estos acontecimientos, hemos experimentado la acción del Paráclito y lo que afirmaba Benedicto XVI al comenzar el ministerio petrino: «La Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días (&#8230;). La Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos»[1]. Con un gozo grande, unidos a toda la Iglesia, hemos acogido todas y todos en la Obra la elección del Papa Francisco, que ha traído consigo una ráfaga de espiritualidad, de anhelos de mejora. La festividad de san José, día en el que el nuevo Romano...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!</p>
<p>Todavía son muy recientes los momentos de gran importancia, y de los que hemos sido testigos, en la vida de la Iglesia: la elección de un nuevo Romano Pontífice. Como sucede siempre en estos acontecimientos, hemos experimentado la acción del Paráclito y lo que afirmaba Benedicto XVI al comenzar el ministerio petrino: «La Iglesia está viva; ésta es la maravillosa experiencia de estos días (&#8230;). La Iglesia es joven. Ella lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro. La Iglesia está viva y nosotros lo vemos: experimentamos la alegría que el Resucitado ha prometido a los suyos»<a id="_ftnref1" title="" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</p>
<p>Con un gozo grande, unidos a toda la Iglesia, hemos acogido todas y todos en la Obra la elección del Papa Francisco, que ha traído consigo una ráfaga de espiritualidad, de anhelos de mejora. La festividad de san José, día en el que el nuevo Romano Pontífice dio inicio solemne a su ministerio de Pastor supremo de la Iglesia universal, ha hecho especialmente tangible que el Señor, su Madre Santísima y el santo Patriarca velan por la Iglesia en todo momento; que la Esposa de Cristo nunca se encuentra sola entre los avatares y fluctuaciones que encuentra en el curso de su existencia.</p>
<p><strong>¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia?</strong>, se preguntaba el Papa Francisco. Y respondía: <strong>con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto y no tanto al propio; es lo que Dios pide a David (&#8230;). Dios no desea una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. José es &#8220;custodio&#8221; porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es aún más sensible a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas</strong><a id="_ftnref2" title="" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Como os hice notar antes de la elección, y os confirmé luego —siguiendo en todo a nuestro Padre—, ya queremos al nuevo Papa con inmenso cariño sobrenatural y humano, al tiempo que procuramos apoyar —con abundante oración y mortificación— los primeros pasos de su ministerio, siempre importantes.</p>
<p>Ayer comenzó el tiempo pascual. El <em>aleluya</em> lleno de júbilo que sube de la tierra al cielo en todos los rincones del planeta, manifiesta la fe inquebrantable de la Iglesia en su Señor. Jesús, tras su afrentosa muerte en la Cruz, ha recibido de Dios Padre, por el Espíritu Santo, una nueva vida —una vida plena de gloria en su Humanidad Santísima— como confesamos los domingos en uno de los artículos del Credo: el mismo Jesús —<em>perféctus homo</em>, hombre perfecto— que padeció la muerte bajo Poncio Pilato y fue sepultado, ese mismo <em>resucitó al tercer día, según las Escrituras</em><a id="_ftnref3" title="" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, para no morir nunca más y como prenda de nuestra resurrección futura y de la vida eterna que esperamos. Digamos, pues, con la Iglesia: <em>en verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque Él es el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida</em><a id="_ftnref4" title="" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</p>
<p>Tratemos de ahondar, con la ayuda del Paráclito, en este gran misterio de la fe, sobre el que se apoya —como el edificio sobre sus cimientos— toda la vida cristiana. «El misterio de la Resurrección de Cristo —enseña el <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>— es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento»<a id="_ftnref5" title="" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Lo explicaba san Pablo a los cristianos de Corinto. <em>Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce</em><a id="_ftnref6" title="" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</p>
<p>El carácter totalmente excepcional de la resurrección de Cristo consiste en que su Humanidad Santísima, reunidos de nuevo el alma y el cuerpo por la virtud del Espíritu Santo, ha sido completamente transfigurada en la gloria de Dios Padre. Es un hecho histórico del que dan testimonio testigos plenamente creíbles; pero es, al mismo tiempo y sobre todo, objeto fundamental de la fe cristiana. El Señor, «en su cuerpo resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que san Pablo puede decir de Cristo que es el hombre celestial (cfr. 1 <em>Cor</em> 15, 35-50)»<a id="_ftnref7" title="" href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</p>
<p>Meditemos lo que san Josemaría escribió en una de sus homilías: <strong><em>Cristo vive. Jesús es el Emmanuel: Dios con nosotros. Su Resurrección nos revela que Dios no abandona a los suyos (&#8230;).</em></strong></p>
<p><strong>Cristo vive en su Iglesia. &#8220;Os digo la verdad: os conviene que Yo me vaya; porque si Yo no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros, pero si me voy, os lo enviaré<em>&#8221; (</em>Jn <em>16, 7). Esos eran los designios de Dios: Jesús, muriendo en la Cruz, nos daba el Espíritu de Verdad y de Vida. Cristo permanece en su Iglesia: en sus sacramentos, en su liturgia, en su predicación, en toda su actividad.</em></strong></p>
<p><strong><em>De modo especial Cristo sigue presente entre nosotros, en esa entrega diaria de la Sagrada Eucaristía. Por eso la Misa es centro y raíz de la vida cristiana. En toda Misa está siempre el Cristo Total, Cabeza y Cuerpo.</em> Per Ipsum, et cum Ipso, et in Ipso. <em>Porque Cristo es el Camino, el Mediador: en Él, lo encontramos todo; fuera de Él, nuestra vida queda vacía. En Jesucristo, e instruidos por Él, nos atrevemos a decir —</em>audemus dicere<em>—</em> Pater noster<em>, Padre nuestro. Nos atrevemos a llamar Padre al Señor de los cielos y de la tierra.</em></strong></p>
<p><strong><em>La presencia de Jesús vivo en la Hostia Santa es la garantía, la raíz y la consumación de su presencia en el mundo</em></strong><a id="_ftnref8" title="" href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</p>
<p>Jesús resucitado es también Dueño del mundo, Señor de la historia: nada sucede sin que Él lo quiera o lo permita en vista de los designios salvadores de Dios. San Juan nos lo presenta en el Apocalipsis en toda su gloria: <em>en medio de los candelabros</em> [vi] <em>como un Hijo de hombre, vestido con una túnica hasta los pies, y ceñido el pecho con una banda de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como lana blanca, como nieve, sus ojos como una llama de fuego, sus pies semejantes al metal precioso cuando está en un horno encendido, su voz como un estruendo de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, de su boca salía una espada tajante de doble filo, y su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor</em><a id="_ftnref9" title="" href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</p>
<p>Esta soberanía de Nuestro Señor sobre el mundo y la historia en toda su amplitud, exige que sus discípulos nos empeñemos con todas nuestras fuerzas en la edificación de su reino en la tierra. Una tarea que requiere no sólo amar a Dios con todo el corazón y toda el alma, sino amar con caridad afectiva y efectiva, <em>con obras y de verdad</em><a id="_ftnref10" title="" href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>, a cada uno de nuestros semejantes, de modo especial a quienes se hallan más necesitados. Se comprende muy bien, por eso —escribió san Josemaría—, <strong><em>la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes, con un alma naturalmente cristiana (cfr. Tertuliano,</em> Apologético<em>, 17), no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar</em></strong><a id="_ftnref11" title="" href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</p>
<p>Ésta es, como sabéis, una de las preocupaciones que el nuevo Papa ha manifestado desde los primeros momentos de su pontificado. Impulsados por el ejemplo y las enseñanzas de nuestro Padre, sigamos esforzándonos por llevar la caridad de Cristo, la solicitud espiritual y material por los demás, al ambiente en el que cada uno trabaja; de modo personal, pero también buscando y urgiendo la colaboración de otras personas que manifiestan esta preocupación por los necesitados. No olvidemos nunca que el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> nació y se reforzó, por querer divino, entre los pobres y enfermos de las barriadas extremas de Madrid; y a ellos se dedicó nuestro Fundador con generosidad y heroísmo, con gran empleo de tiempo, en los primeros años de la Obra. En 1941 escribía: <strong><em>no hace falta recordaros, porque estáis viviéndolo, que el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> nació entre los pobres de Madrid, en los hospitales y en los barrios más miserables: a los pobres, a los niños y a los enfermos seguimos atendiéndolos. Es una tradición que no se interrumpirá nunca en la Obra</em></strong><a id="_ftnref12" title="" href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</p>
<p>Pocos años después, san Josemaría completaba esta enseñanza con otras palabras bien claras que, a pesar del tiempo transcurrido, conservan plena actualidad. <strong><em>En estos tiempos de confusión</em></strong> —escribía<em>—<strong>, no se sabe lo que es derecha, ni centro, ni izquierda, en lo político y en lo social. Pero si por izquierda se entiende conseguir el bienestar para los pobres, para que todos puedan satisfacer el derecho a vivir con un mínimo de comodidad, a trabajar, a estar bien asistidos si se ponen enfermos, a distraerse, a tener hijos y poderles educar, a ser viejos y ser atendidos, entonces yo estoy más a la izquierda que nadie. Naturalmente, dentro de la doctrina social de la Iglesia, y sin compromisos con el marxismo o con el materialismo ateo; ni con la lucha de clases, anticristiana, porque en estas cosas no podemos transigir</strong></em><a id="_ftnref13" title="" href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</p>
<p>Dolía especialmente a nuestro Fundador que el desamor y la falta de caridad con los indigentes se diese a veces también entre cristianos. <strong><em>Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística. Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese</em> mandamiento nuevo <em>del amor.</em></strong></p>
<p><strong><em>Todas las situaciones por las que atraviesa nuestra vida nos traen un mensaje divino, nos piden una respuesta de amor, de entrega a los demás</em></strong><a id="_ftnref14" title="" href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</p>
<p>Hijas e hijos míos, meditemos estas palabras y hagámoslas resonar en los oídos de muchas personas, a fin de que el <em>mandamiento nuevo</em> de la caridad brille en la vida de todos y sea —como quería Jesús— el distintivo de todos sus discípulos<a id="_ftnref15" title="" href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Querría que ahondáramos en las palabras del Evangelio, tras la resurrección de Jesús: <em>gavísi sunt discípuli viso Dómino</em><a id="_ftnref16" title="" href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>, los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Consideremos también que el Maestro nos sigue siempre de cerca, y hemos de descubrirlo, de mirarle, en las circunstancias extraordinarias y ordinarias de la vida corriente, con el convencimiento de lo que afirmaba san Josemaría: o lo encontramos ahí, o no lo encontraremos nunca. Por eso, tras el triunfo de Cristo, tras la seguridad de que cuenta con nosotros, ¿hemos dado un rumbo nuevo a nuestro <em>gáudium cum pace,</em> a nuestra alegría llena de paz?, ¿tiene contenido sobrenatural y humano?</p>
<p>A lo largo de este mes, junto al júbilo de la Iglesia por la Pascua y por tener de nuevo a un sucesor de Pedro en la tierra, en nuestro caso se añaden nuevos motivos de gozo: especialmente los aniversarios de la primera Comunión y de la Confirmación de san Josemaría el día 23. ¡Qué buena ocasión para que pidamos al Señor por su intercesión, en las próximas semanas, la luz abundante y la fortaleza del Espíritu Santo, para el Papa Francisco, para la Iglesia Santa, para la humanidad! No os oculto que disfruto recorriendo la historia del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>, la <strong><em>historia de las misericordias de Dios</em></strong>, y pido a la Trinidad Santísima que os suceda lo mismo a todas y a todos: no vivimos de recuerdos, sino del gozo de ver la mano de Dios en el recorrido de la Obra, en la vida de san Josemaría.</p>
<p>Con todo cariño, os bendice</p>
<p>vuestro Padre</p>
<p>+ Javier</p>
<p>Roma, 1 de abril de 2013.</p>
<p><a id="_ftn1" title="" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Benedicto XVI, Homilía en la Misa de comienzo del ministerio petrino, 24-IV-2005.</p>
<p><a id="_ftn2" title="" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Papa Francisco, Homilía en la Misa de comienzo del ministerio petrino, 19-III-2013.</p>
<p><a id="_ftn3" title="" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Misal Romano, Símbolo niceno-constantinopolitano.</p>
<p><a id="_ftn4" title="" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Misal Romano, Prefacio I de Pascua.</p>
<p><a id="_ftn5" title="" href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <em>Catecismo de la Iglesia Católica,</em> n. 639.</p>
<p><a id="_ftn6" title="" href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> 1 <em>Cor</em> 15, 3-5.</p>
<p><a id="_ftn7" title="" href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, n. 646.</p>
<p><a id="_ftn8" title="" href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> San Josemaría, <em>Es Cristo que pasa,</em> n. 102.</p>
<p><a id="_ftn9" title="" href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>Ap</em> 1, 13-16.</p>
<p><a id="_ftn10" title="" href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> 1 <em>Jn</em> 3, 18.</p>
<p><a id="_ftn11" title="" href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> San Josemaría, <em>Es Cristo que pasa,</em> n. 111.</p>
<p><a id="_ftn12" title="" href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> San Josemaría, <em>Instrucción</em>, 8-XII-1941, n. 57.</p>
<p><a id="_ftn13" title="" href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> San Josemaría, <em>Instrucción</em>, mayo-1935/14-IX-1950, nota 146.</p>
<p><a id="_ftn14" title="" href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> San Josemaría, <em>Es Cristo que pasa,</em> n. 111.</p>
<p><a id="_ftn15" title="" href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cfr. <em>Jn</em> 13, 34-35.</p>
<p><a id="_ftn16" title="" href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> <em>Jn</em> 20, 20.</p>
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		<title>Libro electrónico: Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Apr 2013 06:34:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[PDF: “Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa” &#8211; PDF DOCUMENTOS: “Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa” &#8211; ePub DOCUMENTOS: “Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa” &#8211; Mobi Índice • Domingo de Ramos Homilía del Santo Padre en la Misa del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor en la Plaza de San Pedro, XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, el 24 de marzo de 2013. • Misa crismal Homilía en la Santa Misa crismal, en la Basílica Vaticana, en la mañana del Jueves Santo, 28 de marzo de 2013. • Jueves Santo Homilía en la Santa Misa de la Cena del Señor, en Centro Penitenciario para Menores &#8220;Casal del Marmo&#8221;, en Roma, el Jueves Santo, 28 de marzo de 2013. • Vigilia Pascual Homilía en la Vigilia Pascual, en la Basílica de San Pedro, en la noche del Sábado Santo, 30 de marzo de 2013.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://multimedia.opusdei.org/pdf/es/papa-francisco-semana-santa.pdf">PDF: “Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa” &#8211; PDF</a> <br />
<a href="http://multimedia.opusdei.org/epub/es/papa-francisco-semana-santa.epub">DOCUMENTOS: “Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa” &#8211; ePub</a> <br />
<a href="http://multimedia.opusdei.org/epub/es/papa-francisco-semana-santa.mobi">DOCUMENTOS: “Papa Francisco &#8211; Homilías de Semana Santa” &#8211; Mobi</a> <br />
<strong>Índice</strong></p>
<p>• Domingo de Ramos</p>
<p>Homilía del Santo Padre en la Misa del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor en la Plaza de San Pedro, XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, el 24 de marzo de 2013.</p>
<p>• Misa crismal</p>
<p>Homilía en la Santa Misa crismal, en la Basílica Vaticana, en la mañana del Jueves Santo, 28 de marzo de 2013.</p>
<p>• Jueves Santo</p>
<p>Homilía en la Santa Misa de la Cena del Señor, en Centro Penitenciario para Menores &#8220;Casal del Marmo&#8221;, en Roma, el Jueves Santo, 28 de marzo de 2013.</p>
<p>• Vigilia Pascual</p>
<p>Homilía en la Vigilia Pascual, en la Basílica de San Pedro, en la noche del Sábado Santo, 30 de marzo de 2013.</p>
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		<title>Mons. Escrivá: sacerdote fiel a la Iglesia</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Mar 2013 08:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Archivo Histórico]]></category>

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		<description><![CDATA[Antonio Moreno Casamitjana, Arzobispo de Concepción (Chile), El Sur (Concepción), 27.6.90 y 14.5.92 &#8220;¡Qué alegría poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Iglesia Santa!&#8221; (Camino, 518). Con estas palabras manifestaba Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer el profundo amor a la Iglesia que albergaba en su corazón de joven sacerdote. Hoy la Iglesia, al beatificarlo, proclama la heroicidad de sus virtudes y lo propone como seguro intercesor en favor de los hombres. En efecto, el domingo tendrá lugar la ceremonia de Beatificación, que realizará en la Plaza de San Pedro, en Roma, el Papa Juan Pablo II. Bien se puede afirmar que el Fundador del Opus Dei orientó toda su existencia al servicio de la Iglesia. Durante su vida, hasta el momento de su muerte -acaecida en Roma el 26 de junio de 1975 a la edad de 73 años- fue fiel a su propósito permanente de &#8220;servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida&#8221;. Mons. Escrivá comprendió que el mejor servicio...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antonio Moreno Casamitjana, Arzobispo de Concepción (Chile), El Sur (Concepción), 27.6.90 y 14.5.92</p>
<p>&#8220;¡Qué alegría poder decir con todas las veras de mi alma: amo a mi Madre la Iglesia Santa!&#8221; (Camino, 518). Con estas palabras manifestaba Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer el profundo amor a la Iglesia que albergaba en su corazón de joven sacerdote.</p>
<p>Hoy la Iglesia, al beatificarlo, proclama la heroicidad de sus virtudes y lo propone como seguro intercesor en favor de los hombres. En efecto, el domingo tendrá lugar la ceremonia de Beatificación, que realizará en la Plaza de San Pedro, en Roma, el Papa Juan Pablo II.</p>
<p>Bien se puede afirmar que el Fundador del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> orientó toda su existencia al servicio de la Iglesia. Durante su vida, hasta el momento de su muerte -acaecida en Roma el 26 de junio de 1975 a la edad de 73 años- fue fiel a su propósito permanente de &#8220;servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida&#8221;. Mons. Escrivá comprendió que el mejor servicio que podía prestar a la Iglesia era secundar con fidelidad la voluntad de Dios, manifestada el 2 de octubre de 1928, fecha de la fundación del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>.</p>
<p>Se trataba de una llamada divina dirigida a todos los hombres para que alcancen la perfección cristiana, la santidad, sin abandonar el lugar concreto que ocupan en el mundo. Repitió por doquier y con don de lenguas esta llamada universal a vivir la plenitud de la vida cristiana en las circunstancias ordinarias del quehacer de cada fiel cristiano. Proclamaba que &#8220;la vida corriente y ordinaria no es cosa de poco valor: todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo, que nos llama a identificarnos con Él para realizar -en el lugar donde estamos- su misión divina&#8221;.</p>
<p>El Papa Juan Pablo II decía hace algunos años a miembros del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>: &#8220;Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha adelantado a la teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del posconcilio. Tal es el mensaje y la espiritualidad del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>: vivir unidos a Dios en medio del mundo, en cualquier situación, cada uno luchando por ser mejor con la ayuda de la gracia, y dando a conocer a Jesucristo con el testimonio de la propia vida&#8221;. De esta manera quienes forman parte de esta institución, procurando vivir este espíritu tal como lo encarnó su fundador, sirven a la Iglesia en el sitio donde Dios los ha puesto.</p>
<p>En Camino había escritor &#8220;Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mí corazón&#8221;. Este amor por el Vicario de Cristo estaba fundado en la certeza dé que el Santo Padre es el &#8220;dulce Cristo en la Tierra&#8221;, como decía Santa Catalina de Siena, o el &#8220;Vice-Cristo&#8221;, como él mismo le llamaba. Cada día ofreció al Señor su vida por la Iglesia y por el Papa, y acentuó aún más este ofrecimiento en sus últimos años pidiendo a Dios, con fe y con amor, que tomara su vida para que en la Iglesia hubiera una nueva floración de santidad, de buena doctrina y de espíritu sobrenatural.</p>
<p>Formaba parte inseparable de su amor a la Iglesia, la veneración y el cariño a los obispos, a quienes prestó personalmente muchos servicios, especialmente en favor de sus hermanos sacerdotes, a los que predicó incontables cursos de retiro espiritual. Así, inseparablemente unido al <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>, erigió la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz para difundir entre los sacerdotes el afán de santidad en el desempeño de su ministerio y de unión con sus respectivos obispos. Esta solicitud por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales se reflejó también en las innumerables reuniones informales, a modo de tertulias, que mantuvo con sacerdotes diocesanos, animándolos a vivir heroicamente su servicio a la Iglesia. Era para él un motivo de gozo contemplar que los frutos de la labor apostólica del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> quedaban en las diócesis donde su labor se realizaba. De eso se alegraba su alma de sacerdote diocesano, que había tenido además, repetidas veces, el consuelo de ver con qué cariño el Papa y los obispos bendecían, deseaban y favorecían el trabajo del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>.</p>
<p>El domingo, a 17 años de su muerte, la Iglesia llevará a Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer a los altares, confirmando así su mensaje de santidad y proponiéndolo como modelo de fidelidad al mensaje del Evangelio. Nosotros, como hijos de la Iglesia que él sirvió con toda su vida, es justo que nos alegremos con ella, tratemos de entender el mensaje que Dios ha querido dejarnos en la persona del beato Josemaría, y alegrémonos de tener entre nosotros a hijos suyos que enriquecen con su espíritu la común búsqueda eclesial de la santidad.</p>
<p>+ Antonio Moreno Casamitjana, Arzobispo de la Ssma. Concepción</p>
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		<title>Biografía del Papa Francisco</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Mar 2013 19:07:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Biografía del Papa Francisco I]]></description>
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<a href="http://www.librosopusdei.com/papa-bergoglio-francisco-i/">Biografía del Papa Francisco I</a></p>
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		<title>Primer saludo del Papa Fracisco</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Mar 2013 07:52:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<title>Papa Francisco – cardenal Bergoglio</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Mar 2013 21:37:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Jorge Mario Bergolio &#8211; Francisco I, Papa Nació el 17 de diciembre de 1936, en Buenos Aires. Se recibió de técnico químico en la Escuela Industrial nª 12. Ingresó en la Compañía de Jesús el 12 de marzo de 1958. Magisterio en el Colegio de la Inmaculada (Santa Fe) y en el Colegio del Salvador. En 1967 inició sus estudios teológicos en San Miguel. El cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.I., arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Ordinario para la Fe de Rito Oriental de los residentes en Argentina y desprovisto de Ordinario del mismo rito, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como Técnico Quimico, para después escoger el camino del sacerdocio y entrar en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 ha ingresado en el noviciado de la Compañía de Jesús, ha realizado estudios humanísticos en Chile, y en 1963, de regreso a Buenos Aires, se ha licenciado en Filosofía en la Facultad de Filosofía del Colegio «San José»...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2013/03/bergoglio1.jpg"><img src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2013/03/bergoglio-small1.jpg" alt="bergoglio" width="550" height="802" /></a></p>
<p><strong>Jorge Mario Bergolio</strong> &#8211; Francisco I, Papa</p>
<p>Nació el 17 de diciembre de 1936, en Buenos Aires. Se recibió de técnico químico en la Escuela Industrial nª 12. Ingresó en la Compañía de Jesús el 12 de marzo de 1958. Magisterio en el Colegio de la Inmaculada (Santa Fe) y en el Colegio del Salvador. En 1967 inició sus estudios teológicos en San Miguel.</p>
<p>El cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.I., arzobispo de Buenos Aires (Argentina), Ordinario para la Fe de Rito Oriental de los residentes en Argentina y desprovisto de Ordinario del mismo rito, nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Estudió y se diplomó como Técnico Quimico, para después escoger el camino del sacerdocio y entrar en el seminario de Villa Devoto.</p>
<p>El 11 de marzo de 1958 ha ingresado en el noviciado de la Compañía de Jesús, ha realizado estudios humanísticos en Chile, y en 1963, de regreso a Buenos Aires, se ha licenciado en Filosofía en la Facultad de Filosofía del Colegio «San José» de San Miguel.</p>
<p>De 1964 a 1965 fue profesor de Literatura y Psicología en el Colegio de la Inmaculada de Santa Fe, y en 1966 enseñó la misma materia en el colegio de El Salvador de Buenos Aires.</p>
<p>De 1967 a 1970 estudió Teología en la Facultad de Teología del Colegio «San José», en San Miguel, donde se licenció.</p>
<p>El 13 de diciembre de 1969 fue ordenado <a href="http://www.opusdei.es/art.php?p=7">sacerdote</a>.</p>
<p>En el curso 1970-71, superó la tercera probación en Alcalá de Henares (España) y el 22 de abril hizo la profesión perpetua.</p>
<p>Fue maestro de novicios en Villa Barilari, en San Miguel (1972-1973), profesor de la Facultad de Teología, Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Massimo. El 31 de julio de 1973 fue elegido Provincial de Argentina, cargo que ejerció durante seis años.</p>
<p>Entre 1980 y 1986, fue rector del Colegio Massimo y de la Facultad de Filosofía y Teología de la misma casa y párroco de la parroquia del Patriarca San José, en la diócesis de San Miguel.</p>
<p>En marzo de 1986, se trasladó a Alemania para concluir su tesis doctoral, y sus superiores lo destinaron al colegio de El Salvador, y después a la iglesia de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Cordoba, como director espiritual y confesor.</p>
<p>El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió en la catedral de Buenos Aires la ordenación episcopal de manos del cardenal Antonio Quarracino, del Nuncio Apostólico Monseñor Ubaldo Calabresi y del obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.</p>
<p>El 13 de junio de 1997 fue nombrado arzobispo coauditor de Buenos Aires, y el 28 de febrero de 1998, arzobispo de Buenos Aires por sucesión, a la muerte del cardinal Quarracino.<a> </a></p>
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		<title>Josemaría Escrivá de Balaguer: 15 años de su marcha al cielo</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Mar 2013 08:21:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Archivo Histórico]]></category>

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		<description><![CDATA[Ignacio de Orbegozo, obispo de Chiclayo (Perú) La Industria, CHICLAYO (PERU), JUEVES 19 DE JULIO DE 1990 Hugo Caliens B. El 26 de junio se recordó el decimoquinto aniversario del fallecimiento del venerable siervo de Dios, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. En Chiclayo así como en otras setenta ciudades de 10, cinco continentes se ofició una misa de acción de gracia, al haber sido proclamado Venerable el pasado 9 de abrir por la Santa Sede reconociéndose que existen las pruebas de que monseñor Escrivá de Balaguer vivió en grado heroico las virtudes cristianas. En nuestra ciudad el acto litúrgico fue concelebrado por el obispo de la Diócesis monseñor Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, y por otros sacerdotes de la Prelatura Personal Opus Dei. En este artículo reproducimos algunos párrafos de la homilía que el obispo pronunció la noche del 26 de junio en la Iglesia Catedral: &#8220;Los años pasan y lo hacen de prisa. Ya son 15 los años que han transcurrido desde que el...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ignacio de Orbegozo, obispo de Chiclayo (Perú)</p>
<p>La Industria, CHICLAYO (PERU), JUEVES 19 DE JULIO DE 1990</p>
<p>Hugo Caliens B.</p>
<p>El 26 de junio se recordó el decimoquinto aniversario del fallecimiento del venerable siervo de Dios, monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>.</p>
<p>En Chiclayo así como en otras setenta ciudades de 10, cinco continentes se ofició una misa de acción de gracia, al haber sido proclamado Venerable el pasado 9 de abrir por la Santa Sede reconociéndose que existen las pruebas de que monseñor Escrivá de Balaguer vivió en grado heroico las virtudes cristianas.</p>
<p>En nuestra ciudad el acto litúrgico fue concelebrado por el obispo de la Diócesis monseñor Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, y por otros sacerdotes de la Prelatura Personal <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>.</p>
<p>En este artículo reproducimos algunos párrafos de la homilía que el obispo pronunció la noche del 26 de junio en la Iglesia Catedral:</p>
<p>&#8220;Los años pasan y lo hacen de prisa. Ya son 15 los años que han transcurrido desde que el siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, se fue al cielo, lugar al que dirigid cada uno de sus pasos mientras vivió con nosotros en la tierra. Su vida fue la de un hombre profundamente enamorado, lleno de fortaleza y de ternura, que supo amar a Dios por sobre todas las cosas, que amó y sirvió a la Iglesia con toda su alma y todas sus fuerzas, por amor a Dios. Que fue siempre un hijo fidelísimo del romano pontífice, al que solía referirse como a su &#8220;dulce Cristo en la tierra&#8221;. Amó con inmensa ternura a la Santísima Virgen. Dedicó empeñosamente, cada instante de su vida, a ganas almas para Dios entre las muchísimas que trató personal mente y las innumerables a las que alcanzaron -y siguen alcanzando- el ejemplo de su vida santa y la eficacia de sus obras y de sus escritos.</p>
<p>&#8220;Hace apenas tres meses -dentro del rigor con que la Iglesia estudia las circunstancias que deben darse, en la vida y en las obras, de aquellos, que por. la perfección con que respondieron a la llamada divina, merecieron pública fama de santidad- la Congregación para las Causas de los Santos elaboró por mandato del romano pontífice el decreto acerca de las virtudes heroicas de nuestro santo fundador y poco tiempo después, el propio Santo Padre Juan Pablo II ha declarado pública y oficialmente que &#8220;existen las pruebas de las virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, y también de las virtudes cardinales de la Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, con las otras anejas en grado heroico del siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, fundador de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>, en el caso y para los efectos de que se trata&#8221;.</p>
<p>¡Es inmensa la eficacia de los santos! Lo fueron mientras vivieron en la tierra y lo siguen siendo, aún más, desde el cielo. Toda eficacia y fecundidad espiritual tiene como fuente a Cristo y la vida de los que se identifican plenamente con Cristo es, por eso, formidablemente fecunda, como lo fue la de nuestro Padre.</p>
<p>Dios lo eligió para fundar el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> y cada instante de su vida fue una respuesta fidelísima a ese querer de Dios.. Todos los aspectos de su vida son realmente edificantes. Entre tantos recuerdos, guardo uno que siempre me removió mucho y que se refiere al hecho de que jamás escuché salir de sus labios nada que fuera indiferente, una sola frase que no tuviera un sentido afirmativo y sobrenatural. De las cosas más insignificantes una noticia, un comentario gracioso o alguna anécdota divertida con que, en ocasiones, tratábamos de aliviar con nuestro cariño la enorme carga que Dios había puesto sobre sus hombros -y que él agradecía mucho- tomaba ocasión para elevar su pensamiento al Señor, hacer algún comentario sobrenatural y ofrecernos alguna reflexión con la que enriquecer nuestra vida de hijos de Dios.` Era una clara manifestación de cómo toda su vida giraba en torno de la vida y de las palabras de Jesús,.que él conocía profundamente y meditaba a diario. Y es que su vida estaba como anclada en una profunda conciencia de su &#8220;filiación divina&#8221;, que le llevaba a vivir una permanente &#8220;presencia de Dios&#8221;. Quienes le escuchaban, aunque sólo fuera por unos instantes, tenían la sensación de escuchar a Jesús, de haber disfrutado, de una experiencia a lo Emaús (&#8230;)</p>
<p>(&#8230;) Hizo de su vida una incansable y fecunda catequesis. Hablar de Dios -oportune e inoportune- con ocasión o sin ella, con el afán de atraer a todas las almas al conocimiento y al amor de Dios, era como una divina obsesión. Espíritu apostólico que con tanto afán procuró inculcar a sus hijos y que Dios bendijo con tan abundantes frutos a lo largo de los cinco continentes; decenas de miles de hijas e hijos suyos en el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>, y centenares de miles de otras almas que, atraídas por la santidad de su vida y por su espíritu, viven cerca de nosotros y participan de nuestros bienes espirituales y de nuestra alegría. Y el Señor quiso premiar, ya en vida su espíritu apostólico, permitiéndole conocer los frutos de este divino milagro del crecer, hasta hacerse árbol frondoso, de aquella pequeña semilla que el. Señor plantó, en su alma; al son de las campanas de &#8220;Nuestra Señora de los Ángeles&#8221;, caso único en la historia de los grandes fundadores&#8230; Luchar por poner a Cristo -&#8221;Regnare Christum Volumus&#8221;- en la cumbre de todos los trabajos y todas las actividades humanas honestas. Y nos señalaba el solo camino posible: responder, sin cálculo ni cicatería, a la santidad a la que todos los hombres hemos sido llamados por Dios. Esta llamada universal a la santidad, que nuestro santo fundador proclamó y que años después, reafirmó la Iglesia durante el Concilio Vaticano II. Queridísimos, que su ejemplo, e intercesión nos ayuden en nuestra lucha diaria por la santidad. Y que acudamos confiadamente a la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia y &#8220;Señora Nuestra de la Paz&#8221;, para que esté siempre en nuestro camino y a nuestro lado. ¡Que ella nos alcance de su Hijo, conservar siempre nuestras almas en gracia y nuestras vidas llenas de alegría y de paz!&#8221;</p>
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		<title>Beatificación en Roma</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Mar 2013 08:22:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Santiago de Chile, EL MERCURIO, Viernes 27 de Marzo de 1992 Carlos Oviedo Cavada, Arzobispo de Santiago Conocí a monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer a través de su pequeño libro &#8220;Camino&#8221; que por los años cincuenta alcanzó extraordinaria difusión entre nosotros y en todo el mundo. No teníamos, por entonces, mayores datos sobre su persona y su fundación, el Opus Dei. Aunque nunca tuve ocasión de verlo en persona, ni siquiera cuando vino a Chile, &#8220;Camino&#8221; me acercó a su autor. Lo sentí simpático y directo, de gran sabiduría para inspirar una vida cristiana en el diario que hacer. Fue tanta la influencia de &#8220;Camino&#8221; que alguien lo llamó el &#8220;Kempis de los tiempos modernos&#8221;, recordando a la célebre &#8220;Imitación de Cristo&#8221;. De entre tantos hermosos pensamientos en &#8220;Camino&#8221;, destaco uno de permanente actualidad: &#8220;Estas crisis mundiales son crisis de santos&#8221;. Ya el cardenal Newman había dicho una vez: &#8220;Dadme cinco santos y convertiré a la ciudad de Londres&#8221;. Aludo a este pensamiento porque yo soy también, y cada vez...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Santiago de Chile, EL MERCURIO, Viernes 27 de Marzo de 1992</p>
<p>Carlos Oviedo Cavada, Arzobispo de Santiago</p>
<p>Conocí a monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer a través de su pequeño libro &#8220;Camino&#8221; que por los años cincuenta alcanzó extraordinaria difusión entre nosotros y en todo el mundo. No teníamos, por entonces, mayores datos sobre su persona y su fundación, el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>. Aunque nunca tuve ocasión de verlo en persona, ni siquiera cuando vino a Chile, &#8220;Camino&#8221; me acercó a su autor. Lo sentí simpático y directo, de gran sabiduría para inspirar una vida cristiana en el diario que hacer. Fue tanta la influencia de &#8220;Camino&#8221; que alguien lo llamó el &#8220;Kempis de los tiempos modernos&#8221;, recordando a la célebre &#8220;Imitación de Cristo&#8221;.</p>
<p>De entre tantos hermosos pensamientos en &#8220;Camino&#8221;, destaco uno de permanente actualidad: &#8220;Estas crisis mundiales son crisis de santos&#8221;. Ya el cardenal Newman había dicho una vez: &#8220;Dadme cinco santos y convertiré a la ciudad de Londres&#8221;.</p>
<p>Aludo a este pensamiento porque yo soy también, y cada vez más, un convencido de que con santos seremos capaces de superar tantos problemas morales que afectan, en los más variados campos, a muy vastos sectores de nuestra sociedad. &#8220;La santidad -nos decía el Papa a los obispos chilenos en nuestra visita &#8216;ad limina&#8217; de 1984- es un problema de perenne validez. Es el don más precioso y más rico que podamos ofrecer a nuestras comunidades. Es también el camino de verdadera renovación que el concilio nos ha pedido aportar a la Iglesia&#8221;. &#8220;Hacen falta santos&#8221; proclamaba en su viaje apostólico a Francia, mientras autografiaba la famosa frase del cura de Ars: &#8220;Por donde pasan los santos, Dios pasa con ellos&#8221;. En esta percepción han de comprenderse e inspirarse nuestros afanes por la nueva evangelización; tal es, también, la meta y la condición del buen éxito de nuestra próxima misión general.</p>
<p>En Chile, gracias a Dios, nos hemos ido sensibilizando con respecto al tema. Se han publicado las cartas y se han difundido biografías de la beata Teresa de Jesús, o sor Teresa de Los Andes. Conocida sólo por sus familiares y luego en su monasterio, ella falleció cuando apenas tenía 20 años: Hoy, sin embargo, su ejemplo inspira y arrastra a multitudes cada vez mayores, atraídas por su santidad sencilla y accesible, centrada -como nos decía el Papa al beatificarla- en lo esencial del Evangelio: amar, sufrir, orar, servir.</p>
<p>La beata Laurita Vicuña murió siendo niña adolescente de escasos doce años. Pasó gran parte de su vida en Argentina. Más y más, sin embargo, se va abriendo paso su ejemplo y la enseñanza de sus heroicas virtudes en medio de ingratos problemas familiares.</p>
<p>Del padre Alberto Hurtado sabemos bastante más. Somos muchos los que le conocimos en persona y pudimos experimentar su decisivo y transformador influjo. Su obra se ha ido propagando en servicio de los más pobres con el Hogar de Cristo y por el trabajo de la Compañía de Jesús.</p>
<p>Dentro de poco esperamos la beatificación de monseñor Escrivá de Balaguer. Él nació en España, en 1902. Fue ordenado sacerdote en 1925. Tres años más tarde fundó en Madrid el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>. En 1930 extendió su acción de apostolado entre las mujeres, y en 1943 entre los sacerdotes mediante la Sociedad de la Santa Cruz. El <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> fue aprobado definitivamente por la Santa Sede en 1950 y erigido en 1982 como prelatura personal.</p>
<p>Su carisma eclesial específico consiste &#8220;en la vigorosa proclamación de la radicalidad de la vocación bautismal, en cuanto vocación a la santidad&#8221;. Así leemos en el decreto pontificio por el que se reconoce un milagro atribuido a la intercesión de este sacerdote el 16 de julio de 1991. Su obra -continúa el mismo decreto- ha abierto así &#8220;un vasto camino de santificación en medio del mundo, sin necesidad de cambiar de estado, en el ejercicio del trabajo profesional y en el cumplimiento amoroso de los deberes ordinarios&#8221;.</p>
<p>La causa de beatificación de monseñor Escrivá de Balaguer fue introducida en Roma en 1981. El Santo Padre declaró, en 1990, la heroicidad de sus virtudes cristianas y, un año más tarde, firmó el decreto por el que se reconoce un milagro atribuido a su intercesión. Diversas nuevas disposiciones del derecho canónico han contribuido a que su proceso camine en forma más expedita, superando plazos que solían ser más dilatados. La exigencia, acuciosidad y rigor en cada una de las instancias y actuaciones del proceso se enmarcan, sin embargo, en la inalterable seriedad con que la Iglesia busca determinar, con certeza moral, que uno de sus hijos merece ser propuesto a todos como ejemplo e intercesor, tras haber vivido en grado heroico su fidelidad al Evangelio.</p>
<p>Son conocidas las controversias desatadas en torno a esta cuestión, cómo asimismo los cuestionamientos que algunos levantan en contra de la obra misma de monseñor Escrivá. Sus orígenes, causas y procedimientos son diversos, y no siempre legítimos: algunos de estos cuestionamientos son anónimos. Más allá de la posible malicia, error o desinformación, debe tenerse en cuenta la dificultad que suelen encontrar nuevos é importantes carismas para acreditarse en la experiencia de la Iglesia. Recordemos, por ejemplo, las resistencias que despertó el Movimiento Apostólico de Schönstatt cuando empezó a difundirse entre nosotros. Algo semejante ha ocurrido con los Cursillos de Cristiandad, el Movimiento Carismático, Los Neocatecúmenos, los Legionarios de Cristo. En el siglo XVIII fue suprimida, en diversos imperios y reinos, la Compañía de Jesús, y hasta el Papa Clemente XIV fue presionado a decretar la supresión de esa orden religiosa. La historia certifica el daño causado por tal supresión y los grandes bienes y frutos acarreados por su oportuna restauración. Para el creyente es necesario y suficiente saber que tina obra cuenta, como en el caso del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>, con la explícita aprobación y aun recomendación de la Iglesia, en la persona de los últimos cinco sumos pontífices.</p>
<p>Por otra parte, la jerarquía eclesiástica no ha tratado nunca de imponer al <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>. Pertenece a la misión del pastor -en la Iglesia universal como en las iglesias particulares- discernir, verificar, estimular e impulsar ordenadamente todos los diversos carismas que la libertad del espíritu haga surgir en su Iglesia, sin sofocar ni imponer por preferencias personales. El <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> vive y trabaja en este marco pluralista, reflejado en los hermosos elogios que el martirizado monseñor Oscar Romero, quien fuera arzobispo de San Salvador, hizo dos veces del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> en sus &#8220;Memorias&#8221;. Y entre nosotros, el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> trabaja en los más variados ambientes sociales.</p>
<p>Mi palabra de pastor es, en consecuencia, de gozo frente a un nuevo beato que recuerda a la Iglesia su radical vocación a la santidad y le ofrece un camino para vivirla en el diario quehacer. La evangelización de la cultura, en su más amplío radio, puede recibir poderosos impulsos a través de su carisma. Todos nosotros necesitamos el ejemplo y el apoyo intercesor de quienes, como monseñor Escrivá de Balaguer, han cifrado su existencia entera en ser hijos fíeles de la Iglesia.</p>
<p>Carlos Oviedo Cavada, Arzobispo de Santiago de Chile, El Mercurio (Santiago de Chile), 27.3.92</p>
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		<title>Santidad en nueva evangelización</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Mar 2013 07:50:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[LA RELIGION, CARACAS, 24 DE JULIO DE 1992, Venezuela Homilía de Mons. Ovidio Pérez Morales, en la solemne concelebración en honor del beato Josemaría Escrivá (en Caracas, el pasado 9 de julio, en el marco de la LVIII Asamblea de la C.E.V.) Eminentísimo Señor Cardenal José Ali Lebrún, obispo de esta Iglesia particular de Caracas. Ciudadano Ministro de Justicia. Ciudadano Presidente de la Cámara de diputados. Hermanos todos, ciudadanos del pueblo de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia: El pasado 17 de mayo, Juan Pablo II, en multitudinaria asambleas eucarística celebrada en la Plaza Romana de San Pedro, inscribió en el número de beatos a dos venerables siervos de Dios: Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero, fundador del Opus Dei y Josefina Bakhita. virgen. sudanesa, esclava y después hija de la caridad, canosiana. Dos hermosas expresiones de una misma santidad, que tiene su fuente en el tres veces Santo, el Dios que es Amor. El Episcopado Venezolano, junto con hermanos presbíteros; religiosos, religiosas y numerosos laicos, miembros...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LA RELIGION, CARACAS, 24 DE JULIO DE 1992, Venezuela</p>
<p>Homilía de Mons. Ovidio Pérez Morales, en la solemne concelebración en honor del beato Josemaría Escrivá (en Caracas, el pasado 9 de julio, en el marco de la LVIII Asamblea de la C.E.V.)</p>
<p>Eminentísimo Señor Cardenal José Ali Lebrún, obispo de esta Iglesia particular de Caracas. Ciudadano Ministro de Justicia. Ciudadano Presidente de la Cámara de diputados. Hermanos todos, ciudadanos del pueblo de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia:</p>
<p>El pasado 17 de mayo, Juan Pablo II, en multitudinaria asambleas eucarística celebrada en la Plaza Romana de San Pedro, inscribió en el número de beatos a dos venerables siervos de Dios: Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero, fundador del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> y Josefina Bakhita. virgen. sudanesa, esclava y después hija de la caridad, canosiana. Dos hermosas expresiones de una misma santidad, que tiene su fuente en el tres veces Santo, el Dios que es Amor.</p>
<p>El Episcopado Venezolano, junto con hermanos presbíteros; religiosos, religiosas y numerosos laicos, miembros o amigos del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>, estamos congregados en la presente Eucaristía, para festejar la beatificación de quien pocos meses antes de marchar a la Casa del Padre celestial, revistió, en andanza apostólica, nuestro país.</p>
<p>Esta asamblea es celebración de toda nuestra Iglesia. En efecto, quien es elevado al honor de los altares, más allá de peculiares referencias a Instituciones o ámbitos eclesiales, pertenece al pueblo de Dios en todo su conjunto.</p>
<p>El Beato cuya memoria nos congrega hoy, nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902, fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 28 de marzo de 1925; fundó el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> el 2 de octubre de 1928 en Madrid; y terminó santamente su peregrinación terrena en Roma, el 26 de junio de 1975. Su biografía parece que él mismo la hubiese sintetizado en el primer número de este vademécum de</p>
<p>santidad para nuestro tiempo que se llama Camino y cuyas páginas recorrí en la más temprana juventud: &#8220;Que tu vida no sea una vida estéril. Se útil.. Deja poso. Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor&#8230; enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón&#8221;.</p>
<p>Pocos días después de su muerte, un Obispo que dejo honda huella pastoral en su patria y más allá de ésta, Mons. Oscar A. Romero, escribió a Juan Pablo II desde la Iglesia de Santiago de María. ¿Objetivo de la comunicación? pedir al Papa la pronta apertura de la causa de beatificación y canonización de Monseñor Escrivá. En la carta de este pastor salvadoreño encontramos lo siguiente: &#8220;Tuve la dicha de conocer a monseñor Escrivá Balaguer personalmente y recibir de él el aliento y fortaleza para ser fiel a la doctrina inalterable de Cristo y para servir con afán apostólico a la Santa Iglesia Romana y a esta parcela de Santiago de María&#8221;. Y agrega una significativa semblanza: &#8220;&#8230;supo unir en su vida un diálogo continuo con el Señor y una gran humanidad: se notaba que era un hombre de Dios y su trato estaba lleno de delicadeza, cariño y buen humor&#8221;. La carta tiene fecha: 12 de julio de 1975.</p>
<p>Ahora bien, quisiera subrayar un aspecto resaltante de la vida apostólica del beato Josemaría, y que constituye un hermoso legado, no sólo para el <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b> sino para toda la Iglesia. Pudiera definirse así: evangelización de la cultura desde la perspectiva del llamado universal a la santidad, o también: Santificación desde el ángulo de una inculturación del evangelio.</p>
<p>Sobre este aspecto Juan Pablo II el día de la beatificación expresó: &#8220;Con sobrenatural intuición, el beato Josemaría predicó incasablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana, por ello el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado, cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y de toda la creación (cf. Dominum et Vivificantem, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo beato nos recuerda que estas mismas realidades criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. &#8220;Todas las cosas de la tierra -enseñaba- también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios&#8221; (Carta del 19 de marzo de 1945)&#8221;.</p>
<p>El 28 de enero, de 1985, Juan Pablo II hablando directamente a los laicos en la Catedral de Caracas, les exhortó así: &#8220;Desde ese crecimiento en el Señor y desde la pujanza del laicado venezolano, haced presente a la Iglesia, con nueva coherencia y originalidad, en vuestras sociedad, en el progreso espiritual, económico y cultural de vuestra nación. Es mi consigna y tarea vuestra. Y añadió el Santo Padre estas desafiantes preguntas &#8220;¿No es vocación primordial de los laicos impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico?. ¿No les aguarda el mundo de la cultura, de la familia, de la dirección política, económica y social?</p>
<p>En momentos de grave crisis en nuestro país y de serios retos a una América latina enfrentada a profundos cambios culturales (en el sentido más amplio del término), estas palabras del Papa cobran relieve y urgencia especiales. De allí el tema de la Conferencia del Episcopado latinoamericano en Santo Domingo, que se tendrá el próximo mes de octubre.</p>
<p>Se trata de hacer del evangelio luz y sal, fermento y sentido de la convivencia humana, para la edificación de una nueva sociedad que sea civilización del amor, cultura del trabajo, de la solidaridad, de la vida. Se trata de vencer una esquizofrenia muy corriente entre cristianos, a saber, la interpretación de la fe y lo religioso como algo de consumo sólo privado para la propia intimidad. el hogar o el templo, pero sin Implicaciones en la vida económica, política, cultural, sin incidencias en el <a href="http://www.leaderdreams.com/diseno-vigo/" target="_blank">diseño</a> de la educación, la organización de la convivencia social y la marcha de la sociedad en su globalidad. De este modo, lo que debería ser armonía se queda en yuxtaposición o montaje. No transforma lo cultural desde dentro, lo alcanza apenas en la epidermis. Es el barniz superficial del que habla Pablo VI en Evangelii nuntiandi al abordar el tema de la evangelización de la cultura (cf Nro. 20).</p>
<p>&#8220;La teología de la creación y la teología de la redención -ha escrito el sucesor del beato Josemaría en la dirección de su obra- se entrecruzan en la concreta vida cotidiana, orientada a Dios y al servicio de los hombres; todo trabajo humano, honesto, intelectual o manual, debe ser realizado por el cristiano con la mayor perfección posible; con perfección humana (competencia profesional) y con perfección cristiana (por amor a la voluntad de Dios y en servicio de los hombres) Porque hecho así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales -a manifestar su dimensión divina- y es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la creación del inundo, se eleva así el trabajo al orden de la gracia, se santifica, se. convierte en obra de dios (Una vida para Dios, Ed. Rialp, Madrid 1992, Pág. 91s).</p>
<p>Renovador en tiempos que precedieron el Concilio Vaticano II, las orientaciones de Josemaría Escrivá se manifiestan fecundamente actuales, años de nueva evangelización. Vocación de todos a la santidad y realización de la santidad en lo cotidiano, en lo mundano, dignidad, y misión peculiar del laico, valor cristiano y función santificadora del trabajo, dinámica articulación entre los órdenes de la creación y redención. Estos y otros temas caracterizan el pensamiento y la espiritualidad, la teoría y la vida que el beato Josemaría supo desarrollar en una Iglesia que se abría a los nuevos tiempos, no abaratando la identidad del pueblo de Dios, sino afirmándola en genuina renovación. No marginando la oración y la cruz sino sumiéndolas como base del edificio y sabiduría conductora del peregrinar.</p>
<p>Como presbítero, apreció y promovió el ministerio sacerdotal, la vida consagrada de religiosos y religiosas le mereció honda estima y real colaboración. Pero privilegió a quienes forman la casi totalidad de la Iglesia y constituyen un potencial riquísimo de santidad y apostolado transformador: el laicado. Este laicado, su santificación a través del quehacer ordinario -llamado a ser &#8220;extraordinario&#8221;- fue la gran debilidad del fundador del <b><a href="http://www.librosopusdei.com">Opus Dei</a></b>. El último número de Camino continúa una palabra clave. Clave no sólo para la perseverancia cristiana, sino para entender lo que es Dios y lo que Dios quiere. Lo que es Jesús y lo que es la Iglesia de Jesús. Aquello que explica la creación, la redención, el mandamiento nuevo del Señor. Es el amor. Ese mismo amor que constituyó el sentido fundamental de la existencia del nuevo beato y que ha de ser también el alma, el ardor de la nueva evangelización en este fin de siglo y cruce de milenios. Dios Uno y Trino sea bendecido y alabado por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p>Ovidio Pérez Morales, Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, La Religión (Caracas), 24.7.92</p>
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