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	<title>Opus Dei</title>
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	<description>Libros</description>
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		<title>Carta del Prelado [febrero 2012]</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 22:16:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Cartas]]></category>
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		<description><![CDATA[Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos! Tengo la alegría de comunicaros que el Santo Padre me recibió en audiencia hace dos días, el 30 de enero. Como en otras ocasiones, acudí a ese encuentro acompañado de vuestra oración. Al expresarle los deseos de fidelidad a Dios como cristianos, de los fieles y Cooperadores de la Prelatura, le aseguré una vez más la constante oración de todas y de todos por su Persona y sus intenciones. El Papa, como siempre, se mostró muy afectuoso: agradeció el servicio que la Obra presta a la Iglesia y me encargó que transmitiera su bendición a los fieles y a las labores apostólicas en el mundo entero. Secundemos siempre las enseñanzas de su magisterio, con el afán de ofrecer nuestra ayuda total a la Santa Madre Iglesia. Vivamos a diario la realidad del Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam: quered mucho al Romano Pontífice, y secundemos la preparación para el Año de la fe que proclamará dentro de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!</p>
<p>Tengo la alegría de comunicaros que el Santo Padre me recibió en  audiencia hace dos días, el 30 de enero. Como en otras ocasiones, acudí a  ese encuentro acompañado de vuestra oración. Al expresarle los deseos  de fidelidad a Dios como cristianos, de los fieles y Cooperadores de la  Prelatura, le aseguré una vez más la constante oración de todas y de  todos por su Persona y sus intenciones. El Papa, como siempre, se mostró  muy afectuoso: agradeció el servicio que la Obra presta a la Iglesia y  me encargó que transmitiera su bendición a los fieles y a las labores  apostólicas en el mundo entero.</p>
<p>Secundemos siempre las enseñanzas de su magisterio, con el afán de  ofrecer nuestra ayuda total a la Santa Madre Iglesia. Vivamos a diario  la realidad del <strong><em>Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam</em></strong>: quered mucho al Romano Pontífice, y secundemos la preparación para el <em>Año de la fe</em> que proclamará dentro de algunos meses, para crecer en esta virtud y llegarnos a muchas gentes.</p>
<p>La semana anterior, con la fiesta de la conversión de san Pablo,  finalizó el octavario por la unidad de los cristianos. Demos gracias a  Dios por los progresos que poco a poco, bajo la guía del Espíritu Santo,  se están cumpliendo en esa dirección, y pidamos al Paráclito que su  gracia se manifieste cada vez con mayor eficacia: que mueva los  corazones de los que se honran con el nombre de cristianos a fin de que  se cumpla el anhelo de Jesús en la Última Cena: <em>ut omnes unum sint, sicut tu, Pater, in me et ego in te!</em><a name="_ftnref1" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn1">[1]</a>: que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí y Yo en ti.</p>
<p>En la Obra rezamos cada día esta oración <em>pro unitate apostolatus</em>:  así lo dispuso san Josemaría en los comienzos mismos del Opus Dei. Y, a  lo largo de los años, nos insistió en la importancia de esta plegaria,  instándonos a <strong><em>rezarla porque la vivamos</em></strong>. Nuestro Padre  deseaba ardientemente que la súplica por la unidad de todos los que  creen en Cristo —más aún, de todos los hombres— fuera respaldada por el  empeño de hacerla realidad, ante todo, en la propia vida.</p>
<p>Nuestros hermanos en la fe, los primeros cristianos, nos han dejado una enseñanza clara: <em>perseveraban asiduamente en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones</em><a name="_ftnref2" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn2">[2]</a>.  Muchas veces nos hemos detenido en este resumen de la historia de la  Iglesia primitiva: un texto al que recurría frecuentemente nuestro  Padre, hasta el punto de que lo quiso grabar en el friso de uno de los  primeros oratorios de la Obra; y del mismo modo procedió en el del  Pensionato, en Roma, cuando dispuso que se pintaran esas palabras en la  pared. Afirmaba siempre que <strong><em>el espíritu del Opus Dei es espíritu de primitiva cristiandad</em></strong><a name="_ftnref3" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn3">[3]</a>;  y nos impulsaba a que, en todo momento, tratásemos de comportarnos con  la coherencia de conducta de quienes abrieron el camino de la Iglesia.</p>
<p>El Papa <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553">Benedicto XVI</a>, al comentar las características que <strong>definen a la primera comunidad cristiana de Jerusalén, como lugar de unidad y de amor</strong><a name="_ftnref4" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn4">[4]</a>, ha puesto en resalte que san Lucas no se limita a describir una situación ya pasada, sino que <strong>nos  ofrece esto como modelo, como norma de la Iglesia presente, porque  estas cuatro características deben constituir siempre la vida de la  Iglesia</strong><a name="_ftnref5" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn5">[5]</a>.  Efectivamente, la fidelidad a la doctrina de los Apóstoles; la unión de  almas y de corazones; la celebración de la Sagrada Eucaristía y la  asiduidad en la oración constituyen los pilares de la auténtica vida  cristiana, necesarios para que la Iglesia cumpla plenamente su misión en  el mundo.</p>
<p>En este contexto de la plegaria por la unidad, deseo referirme  concretamente a la caridad que unía a aquellas mujeres y a aquellos  hombres. Como refiere también san Lucas, <em>la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma</em><a name="_ftnref6" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>La unión de los cristianos es don del Espíritu Santo, que hemos de  implorar con una oración asidua. Pero esa plegaria ha de estar sazonada  por la caridad. Convenzámonos, como afirma el Santo Padre, de que <strong>nuestra  búsqueda de unidad se puede realizar de manera realista si el cambio se  da ante todo en nosotros mismos y si dejamos que Dios actúe, si nos  dejamos transformar a imagen de Cristo, si entramos en la vida nueva en  Cristo, que es la verdadera victoria. La unidad visible de todos los  cristianos siempre es una obra que viene de lo alto, de Dios, una obra  que requiere la humildad de reconocer nuestra debilidad y de acoger el  don (&#8230;). La unidad que viene de Dios exige, por lo tanto, nuestro  compromiso diario de abrirnos los unos a los otros en la caridad</strong><a name="_ftnref7" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn7">[7]</a>.</p>
<p>Predicó san Agustín que «la soberbia engendra división, mientras que la caridad es madre de la unidad»<a name="_ftnref8" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn8">[8]</a>.  Hemos de tener conciencia de que cada uno lleva dentro de sí el riesgo  de la disolución, porque todos arrastramos la tendencia a encumbrar el  propio yo, que se alza como el mayor enemigo de la unidad. No sería, por  tanto, instrumento bueno quien pensase egoístamente en sí mismo, quien  se dejase dominar por el orgullo, quien no intentara desterrar las  propias personales miserias. Por el contrario, la <em>caridad sincera</em>, sin fingimiento, como recomienda san Pablo<a name="_ftnref9" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn9">[9]</a>,  estrecha el lazo que mantiene y asegura la fraternidad de personas muy  distintas entre sí, sin menoscabar la legítima diversidad de ideas y  actuaciones temporales. Por eso, el ruego sincero por la unidad de los  cristianos ha de ir acompañado por el ejercicio concreto de la humildad y  de la caridad. <strong><em>Lograr esta unidad y hacer que permanezca</em></strong> —explicaba nuestro Fundador— <strong><em>es  tarea difícil, que se alimenta de actos de humildad, de renuncias, de  silencios, de saber escuchar y comprender, de saber noblemente  interesarse por el bien del prójimo, de saber disculpar siempre que haga  falta: de saber amar verdaderamente, con obras</em></strong><a name="_ftnref10" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn10">[10]</a>.</p>
<p>En un cristiano, el trato con todos los que encuentra en su camino no se  reduce nunca a mera cortesía o a buena educación, sino que expresa la  manifestación del Amor, con mayúscula, que Dios mismo derrama en  nuestros corazones. Por eso, la caridad, el cariño, no se queda  solamente en unos sentimientos, aunque éstos intervengan con fuerza en  nuestras actuaciones, pues no somos sólo espíritu, sino hombres o  mujeres de carne y hueso. Sin embargo, todos necesitamos purificar los  sentimientos; de otro modo, lo que quizá comenzó como un amor altruista  corre el riesgo de convertirse en fruto del egoísmo, en búsqueda de la  propia excelencia, en satisfacción desorbitada del propio yo.</p>
<p>En la encíclica <em>Deus caritas est,</em> <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553">Benedicto XVI</a> explica que <strong>los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor</strong><a name="_ftnref11" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn11">[11]</a>. Se deben purificar, lograr que maduren mediante la abnegación; sólo así el sentimiento <strong>se convierte en amor en el pleno sentido de la palabra</strong><a name="_ftnref12" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p>No hay más modelo que <a href="http://www.opusdei.es/art.php?p=15203">Jesucristo</a>.  Por eso, la caridad cristiana consiste en amar como Él nos ha amado:  hasta la entrega completa de su ser al Padre, por amor y para nuestra  salvación. Nos lo legó como testamento en la Última Cena: <em>un  mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como Yo os he  amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis  discípulos, si os tenéis amor unos a otros</em><a name="_ftnref13" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn13">[13]</a>.  En aquellas primitivas comunidades cristianas se dio cuerpo a este  mandamiento nuevo, hasta el punto de que los paganos comentaban  asombrados: «¡Mirad cómo se aman!»<a name="_ftnref14" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn14">[14]</a>.</p>
<p>La verdadera caridad cristiana, participación de la que rebosaba del  corazón del Verbo encarnado, va empapada por el sacrificio; no busca la  afirmación personal, sino el bien de los otros; y se configura como una  tarea que nunca cabe considerar concluida: necesitamos aprender a  querer, fijándonos en el ejemplo de Nuestro Señor, de la Santísima  Virgen y de los santos que más han amado a Dios y al prójimo. Sintamos  la responsabilidad de comenzar y recomenzar en cada jornada, muchas  veces al día, con detalles pequeños de servicio y de entrega a los demás  —a veces en cosas de más importancia— que los otros quizá no descubren,  pero que no pasan inadvertidos a la mirada de nuestro Padre Dios.  Recordemos la insistencia con que nuestro Padre nos dirigía aquellas  palabras del profeta: <em>discite benefacere</em><a name="_ftnref15" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn15">[15]</a>, aprended a hacer el bien, aprendamos a acabar bien lo que nos ocupe.</p>
<p>Y al conducirnos de este modo, <strong>se ve que es posible el amor al  prójimo en el sentido enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste  justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no  me agrada o ni siquiera conozco. Esto sólo puede llevarse a cabo a  partir del encuentro íntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido  en comunión de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces  aprendo a mirar a esa otra persona, no ya sólo con mis ojos y  sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo</strong><a name="_ftnref16" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn16">[16]</a>.</p>
<p>Este modo de comportarse requiere ciertamente —no me importa repetirlo—  que nos esforcemos por dejar de lado nuestro yo, olvidándonos de  nosotros mismos. Caridad y humildad van estrechamente unidas; y su fruto  maduro es la unidad. <strong><em>Cuando sinceramente nos consideramos nada;  cuando comprendemos que, sin el auxilio divino, la más débil y flaca de  las criaturas sería mejor que nosotros; cuando nos vemos capaces de  todos los errores y de todos los horrores; cuando nos sabemos pecadores  aunque peleemos con empeño para apartarnos de tantas infidelidades,  ¿cómo vamos a pensar mal de los demás?, ¿cómo se podrá alimentar en el  corazón el fanatismo, la intolerancia, la altanería?</em></strong></p>
<p><strong><em>La humildad nos lleva como de la mano a esa forma de tratar al  prójimo, que es la mejor: la de comprender a todos, convivir con todos,  disculpar a todos; no crear divisiones ni barreras; comportarse  —¡siempre!— como instrumentos de unidad</em></strong><a name="_ftnref17" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn17">[17]</a>.</p>
<p>La caridad, como toda virtud, ha de ejercitarse con orden. Por eso, sin  discriminar a nadie, se dirigirá en primer lugar a quienes tenemos  alrededor: la propia familia, los amigos, los compañeros de profesión,  los vecinos y conocidos&#8230; De esta manera, contribuimos a que se vuelva  más sólida la unidad de la Iglesia y colaboramos —apoyados en la  oración— a que se produzca la ansiada unión de todos los cristianos.  ¿Cómo tratamos a las personas que Dios ha puesto junto a nosotros? ¿Qué  detalles concretos, cotidianos, de servicio alegre, referimos a cada  uno? ¿Nos empeñamos para que en el hogar, en el ambiente de trabajo, en  el círculo de amistades que frecuentamos, se manifieste el <em>buen olor de Cristo</em><a name="_ftnref18" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn18">[18]</a> de la sincera amistad, de un cariño humano empapado de amor a Dios?</p>
<p><strong><em>El principal apostolado que los cristianos hemos de realizar en el mundo</em></strong> —escribió san Josemaría<em>—<strong>, el mejor <a href="http://www.opusdei.es/sec.php?s=396">testimonio</a> de fe, es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de  la auténtica caridad. Cuando no nos amamos de verdad, cuando hay  ataques, calumnias y rencillas, ¿quién se sentirá atraído por los que  sostienen que predican la Buena Nueva del Evangelio?</strong></em><a name="_ftnref19" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn19">[19]</a>.</p>
<p>El Señor pide que realicemos una siembra de comprensión y disculpa en  los distintos ambientes de la sociedad. A esto llama a cada cristiano,  eso espera de los hombres. Es posible esta siembra si nos mueve la  caridad de Cristo, que sabe volver compatibles las diferencias de  carácter, de educación, de cultura, en la unidad del Cuerpo místico, sin  que nada la rompa. <strong><em>El Apóstol no rechaza la diversidad: cada uno tiene de Dios su propio don, quien de una manera, quien de otra (cfr. 1 </em>Cor<em> 7, 7). Pero esas diferencias han de estar al servicio del bien de la Iglesia. Yo me siento movido ahora a pedir al Señor</em></strong> —escribe san Josemaría— <strong><em>(&#8230;)  que no permita que en su Iglesia la falta de amor encizañe a las almas.  La caridad es la sal del apostolado de los cristianos; si pierde el  sabor, ¿cómo podremos presentarnos ante el mundo y explicar, con la  cabeza alta, </em>aquí está Cristo<em>?</em></strong><a name="_ftnref20" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn20">[20]</a>.</p>
<p>Dentro de dos semanas, el 14 de febrero, conmemoraremos en la Obra el  aniversario de la extensión de la labor apostólica a las mujeres, en  1930, y de la fundación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, en  1943. Nuestro Padre consideró que esa coincidencia de fechas, en años  distintos, era una manifestación de la Providencia divina, que deseaba  subrayar con fuerza la unidad del Opus Dei. Agradezcamos este don  divino, que cada una y cada uno de nosotros debe fomentar y defender,  ante todo, en nuestra propia vida, y también a nuestro alrededor.</p>
<p>Recemos por todos los Pastores de la Iglesia, para que todos, con Pedro,  Cabeza visible del Cuerpo místico, vayamos a Jesús por María. No  cesemos de clamar al Espíritu Santo por la incorporación plena de los  cristianos y de la humanidad entera en la unidad de la Iglesia Católica,  de modo que se cumplan las palabras de Nuestro Señor: <em>tengo otras  ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las  traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor</em><a name="_ftnref21" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftn21">[21]</a>.</p>
<p>No quiero terminar sin un recuerdo explícito del queridísimo don Álvaro,  que el día 19 celebraba su santo. De su respuesta a Dios podemos  aprender, entre tantas cosas, a cuidar con esmero esta familia  sobrenatural a la que el Señor nos ha llamado —la Iglesia, la Obra—,  gastándonos gustosamente en este empeño, como el primer sucesor de san  Josemaría al frente del Opus Dei.</p>
<p>Como siempre, acompañadme en mis intenciones; concretamente, de manera  especial, rezad por los hijos míos, Agregados de la Prelatura, que  ordenaré de diáconos el próximo día 18.</p>
<p>Con todo cariño, os bendice</p>
<p>vuestro Padre</p>
<p>+ Javier</p>
<p>Roma, 1 de febrero de 2012.</p>
<p><a name="_ftn1" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref1">[1]</a> <em>Jn</em> 17, 21.</p>
<p><a name="_ftn2" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref2">[2]</a> <em>Hch</em> 2, 42.</p>
<p><a name="_ftn3" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref3">[3]</a> San Josemaría, Notas de la predicación, 23-IV-1963.</p>
<p><a name="_ftn4" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref4">[4]</a> <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553">Benedicto XVI</a>, Discurso en la audiencia general, 19-I-2011.</p>
<p><a name="_ftn5" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref5">[5]</a> <em>Ibid</em>.</p>
<p><a name="_ftn6" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref6">[6]</a> <em>Hch</em> 4, 32.</p>
<p><a name="_ftn7" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref7">[7]</a> <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553">Benedicto XVI</a>, Alocución en el Ángelus, 22-I-2012.</p>
<p><a name="_ftn8" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref8">[8]</a> San Agustín, <em>Sermón</em> 46, 18 (PL 38, 280).</p>
<p><a name="_ftn9" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref9">[9]</a> Cfr. 2 <em>Cor</em> 6, 6.</p>
<p><a name="_ftn10" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref10">[10]</a> San Josemaría, Notas de la predicación, año 1972.</p>
<p><a name="_ftn11" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref11">[11]</a> <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553">Benedicto XVI</a>, Carta encíclica <em>Deus caritas est,</em> 25-XII-2005, n. 17.</p>
<p><a name="_ftn12" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref12">[12]</a> <em>Ibid</em>.</p>
<p><a name="_ftn13" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref13">[13]</a> <em>Jn</em> 13, 34-35.</p>
<p><a name="_ftn14" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref14">[14]</a> Tertuliano, <em>Apologético</em> 39, 7 (CCL 1, 151).</p>
<p><a name="_ftn15" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref15">[15]</a> <em>Is</em> 1, 17.</p>
<p><a name="_ftn16" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref16">[16]</a> <a href="http://www.opusdei.es/ssec.php?a=3553">Benedicto XVI</a>, Carta encíclica <em>Deus caritas est,</em> 25-XII-2005, n. 18.</p>
<p><a name="_ftn17" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref17">[17]</a> San Josemaría, <em>Amigos de Dios,</em> n. 233.</p>
<p><a name="_ftn18" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref18">[18]</a> 2 <em>Cor</em> 2, 15.</p>
<p><a name="_ftn19" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref19">[19]</a> San Josemaría, <em>Amigos de Dios</em>, n. 226.</p>
<p><a name="_ftn20" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref20">[20]</a> <em>Ibid</em>., n. 234.</p>
<p><a name="_ftn21" href="http://www.opusdei.es/art.php?p=47383#_ftnref21">[21]</a> <em>Jn</em> 10, 16.<a><br />
</a></p>
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		<title>Camino-Surco-Forja (iBooks)</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 10:55:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El 7 de agosto de 1931, mientras San Josemaría celebraba la Santa Misa, Dios le hizo entender de un modo nuevo unas palabras del Evangelio –“y yo, cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”– y anotó en sus apuntes íntimos: “comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana… Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas”. Luego, como respuesta a esas luces, continuó escribiendo: “a pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad…, sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey”. Fruto de esos deseos fueron, entre otros escritos, los libros Camino, Surco y Forja, que se componen de consideraciones para la meditación. Camino En la...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El 7 de agosto de 1931, mientras San Josemaría celebraba la Santa Misa, Dios le hizo entender de un modo nuevo unas palabras del Evangelio –“y yo, cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”– y anotó en sus apuntes íntimos: “comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana… Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas”. Luego, como respuesta a esas luces, continuó escribiendo: “a pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad…, sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey”. Fruto de esos deseos fueron, entre otros escritos, los libros <a href="http://itun.es/iS6524"><strong>Camino</strong></a>, <a href="http://itun.es/iS65p3"><strong>Surco</strong></a> y <a href="http://itun.es/iS65pH"><strong>Forja</strong></a>, que se componen de consideraciones para la meditación.</p>
<p><strong>Camino</strong></p>
<p>En la primera página de <em>Camino</em>, San Josemaría había escrito: “Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios. No te contaré nada nuevo. Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor”. Con el tiempo, y después de la publicación de 4.811.000 ejemplares, en 471 ediciones en papel, traducido a 51 idiomas, este libro sigue ayudando a los lectores de todo el mundo a “meterse por caminos de oración”.</p>
<p><strong>Surco</strong></p>
<p>Este libro “quiere alcanzar la persona entera del cristiano —cuerpo y alma, naturaleza y gracia—, y no sólo la inteligencia. Por esto, no es su fuente la sola reflexión, sino la misma vida cristiana: refleja las oleadas de movimiento y de quietud, de energía espiritual y de paz, que la acción del Espíritu Santo fue imprimiendo en su alma” y a lo largo de sus páginas, San Josemaría “hace desfilar en este libro un conjunto de cualidades que deben relucir en la vida de los cristianos: generosidad, audacia, alegría, sinceridad, naturalidad, lealtad, amistad, pureza, responsabilidad&#8230;”, escribió Mons. Álvaro del Portillo en la presentación de <em>Surco</em>.</p>
<p><strong>Forja</strong></p>
<p>“<em>Forja</em> es un libro de fuego, cuya lectura y meditación puede meter a muchas almas en la fragua del Amor divino, y encenderlas en afanes de santidad y de apostolado, porque éste era el deseo de San Josemaría, reflejado en el prólogo: «¿Cómo no voy a tomar tu alma —oro puro— para meterla en forja, y trabajarla con el fuego y el martillo, hasta hacer de ese oro nativo una joya espléndida que ofrecer a mi Dios, a tu Dios? »”. Así presentaba este tercer libro de consideraciones Mons. del Portillo. Y el mismo San Josemaría explicaba el significado de ese “fuego” de amor que quería extender entre las almas: “Ser cristiano en el mundo no significa aislarse, ¡al contrario! –Significa amar a todas las gentes, y desear encenderlas con el fuego del amor a Dios” (<em>Forja</em>, 375).</p>
<p><strong>Ediciones digitales</strong></p>
<p><a href="http://www.rialp.com">Ediciones Rialp</a> acaba de publicar la versión digital de estas obras de San Josemaría. Gracias a las posibilidades de la edición electrónica, y a un coste mucho menor que las ediciones en papel, los “índices de materias” de estos libros están completamente enlazados, facilitando de ese modo su lectura y consulta. También gozan de las características habituales de las obras digitales: la posibilidad de buscar dentro de los libros, señalar páginas, escribir anotaciones personales, etc.</p>
<p>Se puede acceder a estas ediciones, entre otras, desde la tienda de libros de iTunes:</p>
<p><a href="http://itunes.apple.com/es/book/camino/id497421999?mt=11">Camino</a>, <a href="http://itunes.apple.com/es/book/surco/id497450645?mt=11">Surco</a>, <a href="http://itunes.apple.com/es/book/forja/id497455986?mt=11">Forja</a></p>
<p>Ediciones Rialp ha anunciado también que en breve plazo estarán disponibles en formato digital las demás obras de San Josemaría: <em>Santo Rosario</em>, <em>Via Crucis</em>, <em>Conversaciones</em>, y los libros de homilías <em>Es Cristo que pasa</em> y <em>Amigos de Dios</em>.</p>
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		<title>Carlos Martínez, pescadero</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 18:50:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Opus Dei]]></category>

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		<description><![CDATA[Tuvo una vida azarosa que le llevó del comunismo al Opus Dei. Y todo ese proceso se narra en el libro «Carlos Martínez, pescadero», que lleva por subtítulo «Un revolucionario que encontró a Dios» que los autores han querido que la memoria de este ovetense no se pierda y por eso han recopilado e hilado los escritos que Carlos el pescadero fue dejando desde 1975: «La vida de nuestro pescadero da para hacer una novela de éxito» De familia numerosa y humilde, tuvo que dejar la escuela con 9 años y a los 10 era miembro del comité comunista de su barrio. En 1954 ingresó en la Obra y desde entonces su vida se centró en ayudar a los más desfavorecidos. Lo hizo desde su pescadería que tuvo en el Fontán.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2012/02/libro-carlos-martinez-pescadero.jpg"><img src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2012/02/libro-carlos-martinez-pescadero.jpg" alt="" title="libro-carlos-martinez-pescadero" width="400" height="608" class="alignleft size-full wp-image-1347" /></a>Tuvo una vida azarosa que le llevó del comunismo al Opus Dei. Y todo ese proceso se narra en el libro «Carlos Martínez, pescadero», que lleva por subtítulo «Un revolucionario que encontró a Dios» que los autores han querido que la memoria de este ovetense no se pierda y por eso han recopilado e hilado los escritos que Carlos el pescadero fue dejando desde 1975: «La vida de nuestro pescadero da para hacer una novela de éxito»</p>
<p>De familia numerosa y humilde, tuvo que dejar la escuela con 9 años y a los 10 era miembro del comité comunista de su barrio. En 1954 ingresó en la Obra y desde entonces su vida se centró en ayudar a los más desfavorecidos. Lo hizo desde su pescadería que tuvo en el Fontán.</p>
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		<title>El Opus Dei en Santiago&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 18:37:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Iniciativas]]></category>
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		<description><![CDATA[Una iniciativa del Opus Dei en Santiago que tiene que ver con el mundo de la mujer universitaria y el trabajo en el ámbito de los servicios: CET Santiago. Así es, en su nueva web, diseñada por la empresa de Vigo Leader Dreams, se refleja cómo es posible conciliar una brillante carrera universitaria con un trabajo profesional. En el Centro de Estudio y Trabajo (CET) viven muchas jóvenes universitarias que, además de estudiar una carrera, dedican gran parte de su tiempo a trabajar en el sector servicios. Así, consiguen costearse sus estudios y aprenden una actividad profesional que, sin duda, les resultará muy provechosa en su futuro. Pero, para ellas, no es todo estudiar y trabajar. También tienen tiempo para participar en actividades formativas, culturales y de solidaridad&#8230; pero&#8230; todo esto&#8230; ¿es posible? contacta con ellas o visita su página web cetsantiago.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una iniciativa del <a href="http://www.cetsantiago.es/opus-dei/ ">Opus Dei en Santiago </a>que tiene que ver con el mundo de la mujer universitaria y el trabajo en el ámbito de los servicios: <a href="http://www.cetsantiago.es">CET Santiago</a>. Así es, en su nueva web, <a href="http://www.leaderdreams.com">diseñada por la empresa de Vigo Leader Dreams</a>, se refleja cómo es posible conciliar una brillante carrera universitaria con un trabajo profesional. En el Centro de Estudio y Trabajo (CET) viven muchas jóvenes universitarias que, además de estudiar una carrera, dedican gran parte de su tiempo a trabajar en el sector servicios. Así, consiguen costearse sus estudios y aprenden una actividad profesional que, sin duda, les resultará muy provechosa en su futuro. Pero, para ellas, no es todo estudiar y trabajar. También tienen tiempo para participar en actividades formativas, culturales y de solidaridad&#8230; pero&#8230; todo esto&#8230; ¿es posible? contacta con ellas o visita su página web <a href="http://www.cetsantiago.es">cetsantiago</a>.</p>
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		<title>Studia et Documenta V-2011</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 11:52:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[FUENTE: Publicado el quinto volumen de &#8220;Studia et Documenta&#8221; (2011) Nuevos datos para la historia de Josemaría Escrivá y el Opus Dei La última película de Roland Joffé, There Be Dragons (Encontrarás dragones) está suscitando un interés creciente por la vida y la historia de Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Uno de los personajes que aparecen junto a Escrivá en esa película es &#8220;Juan&#8221; (Juan Jiménez Vargas), un joven y enérgico médico que le acompañó en momentos muy difíciles, mientras escapaban de la persecución religiosa, durante la Guerra civil española. En el número 5 de la revista Studia et Documenta(2011), que acaba de salir a la luz, aparece un apunte biográfico de &#8220;Juan&#8221;, firmado por Francisco Ponz y Onésimo Díaz. La primera parte del artículo nos transporta al ambiente de la película de Joffé, con las rocambolescas aventuras de Jiménez Vargas para salvar su vida y la del Fundador, de escondrijo a escondrijo en Madrid y, después, a través del Pirineo. Pero, acabada la guerra, lo vemos inaugurar una...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>FUENTE: Publicado el quinto volumen de &#8220;Studia et Documenta&#8221; (2011)</p>
<p>Nuevos datos para la historia de Josemaría Escrivá y el Opus Dei</p>
<p><img src="http://www.isje.org/esp/images-news/san-josemaría-juan-jiménez-vargas.jpg" alt="san Josemaría y Juan Jiménez Vargas" width="242" height="242" align="left" />La última película de Roland Joffé, <em>There Be Dragons (Encontrarás dragones) </em>está suscitando un interés creciente por la vida y la historia de Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. Uno de los personajes que aparecen junto a Escrivá en esa película es &#8220;Juan&#8221; (Juan Jiménez Vargas), un joven y enérgico médico que le acompañó en momentos muy difíciles, mientras escapaban de la persecución religiosa, durante la Guerra civil española.</p>
<p>En el número 5 de la revista <em>Studia et Documenta</em>(2011), que acaba de salir a la luz, aparece un apunte biográfico de &#8220;Juan&#8221;, firmado por Francisco Ponz y Onésimo Díaz. La primera parte del artículo nos transporta al ambiente de la película de Joffé, con las rocambolescas aventuras de Jiménez Vargas para salvar su vida y la del Fundador, de escondrijo a escondrijo en Madrid y, después, a través del Pirineo. Pero, acabada la guerra, lo vemos inaugurar una prestigiosa carrera universitaria en la Medicina española, y emprender una aventura de gran envergadura: la puesta en marcha, con escasos recursos humanos y económicos, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, una empresa titánica para la que se necesitaba un temple humano y sobrenatural como el de Vargas.</p>
<p>La revista dedica otros interesantes artículos a la historia del Opus Dei y de su Fundador. El tradicional cuaderno monográfico se refiere a varias iniciativas de ámbito educativo, estimuladas por san Josemaría y llevadas a cabo, con su aliento, por personas del Opus Dei de varios países. Se continúa así una serie de estudios ya publicados en anteriores números de <em>Studia et Documenta</em>. El cuaderno en cuestión se titula &#8220;Universidad, trabajo y empresa entre descolonización y desarrollo. Iniciativas promovidas por san Josemaría entre los años 50 y 60&#8243;. En él se abordan cuatro obras apostólicas: una escuela de hostelería y servicios (Kibondeni), en Kenia; una escuela de negocios de fama mundial (IESE), en España; y dos residencias universitarias (Müngersdorf y Netherhall House) en Alemania y Reino Unido, respectivamente.</p>
<p>El contraste sociológico entre las mujeres kenianas con escasos recursos económicos que frecuentan las aulas de Kibondeni y los altos directivos que participan en los programas formativos del IESE no puede ser más fuerte. «Sin embargo –como escribe Fernando Crovetto en la presentación–, en ambos casos se procura impartir una formación imbuida de espíritu cristiano, que sea en lo humano pionera, actual y de calidad».</p>
<p>Cada una de estas iniciativas tuvo que superar importantes retos. Cuando surgió el IESE, por ejemplo, los programas de formación para directivos eran poco conocidos fuera de los Estados Unidos y Francia, y –como cuenta Antonio Argandoña en su artículo– el IESE tenía que llevar a cabo una propia mission, que le había sido encomendada por el fundador del Opus Dei: se trataba de ayudar a que los responsables de la promoción, dirección y desarrollo de las empresas económicas fueran cristianos ejemplares y actuaran en todo conforme a su fe, al mismo tiempo que se les proporcionaba una formación profesional de alta calidad, para llevar a cabo una profesión de amplia resonancia social.<img src="http://www.isje.org/esp/images-news/kibondeni-Kenia.jpg" alt="Kibondeni Kenya" width="393" height="264" align="right" /></p>
<p>La creación de una escuela para la formación de la mujer como Kibondeni en la Kenia de los años 60, constituía una innovación mayor aún, si cabe. Como muestra Christine Gichure, el proyecto educativo estaba dirigido a personas de cualquier raza, tribu o religión, en momentos en que estaba vigente la segregación racial. El estilo de vida colonial, por otra parte, presentaba prejuicios aparentemente insuperables contra la formación de la mujer y su adecuada promoción social.</p>
<p>Las residencia universitaria Netherhall House, en Londres, nació con la intención de alojar universitarios de diferentes razas, nacionalidades y religiones, en un contexto de descolonización, como explica James Pereiro, autor del artículo. Por su parte, la residencia Müngersdorf de Colonia, constituyó otro reto por la escasez de recursos humanos y económicos con que contaban sus promotoras, y las dificultades que acompañaron sus inicios, como ha documentado Barbara Schellenberger.</p>
<p>Entre los <em>Studi e Note</em> (<em>Estudios y Notas</em>) de carácter misceláneo, se encuentra un artículo de Carlo Pioppi sobre las entrevistas del fundador del Opus Dei con personalidades eclesiásticas, durante los años del Concilio Vaticano II. En las biografías de mons. Escrivá suele leerse que entre 1962 y 1965 conversó con muchos de los padres conciliares: el minucioso trabajo de Pioppi ofrece preciosas informaciones en ese sentido.<img src="http://www.isje.org/esp/images-news/Dora-del-Hoyo.jpg" alt="Dora del Hoyo" width="261" height="372" align="right" /></p>
<p>En esta misma sección de la revista se contiene, junto a la de Juan Jiménez Vargas, una semblanza biográfica de otra de las personas más antiguas en el Opus Dei: Dora del Hoyo. Salvadora (Dora) del Hoyo (1914-2004) fue la primera numeraria auxiliar. El artículo, escrito por Ana Sastre –autora de una biografía del Fundador– narra los orígenes leoneses de Dora y su traslado a Madrid, en 1940, donde trabajó en el servicio doméstico en varias casas. En Madrid conoció a Josemaría Escrivá de Balaguer y a las primeras mujeres del Opus Dei. Luego, en 1946, pidió la admisión en la Obra y ese mismo año se trasladó a Roma, donde vivió y trabajó hasta su muerte, ocurrida en 2004.</p>
<p>Los <em>Estudios y Notas</em> de este número de la revista concluyen con un trabajo firmado por Fernando Crovetto, dedicado al contexto eclesiástico de la archidiócesis de Zaragoza en los primeros decenios del siglo XX, precisamente en los que Josemaría Escrivá vivió en aquella provincia eclesiástica y se formó como sacerdote.</p>
<p>La sección de <em>Documenti</em> (<em>Documentación</em>) ofrece, en primer lugar, los apuntes del historiador José Orlandis –recientemente fallecido– sobre las audiencias que Pío XII y mons. Montini concedieron a miembros del Opus Dei en Roma entre 1943 y 1945, además de algunas cartas de Montini y Orlandis. Estos documentos –introducidos y editados por Josep-Ignasi Saranyana– permiten conocer las primeras impresiones e informaciones directas que el Papa y el Sustituto de la Secretaría de Estado recibieron acerca del Opus Dei.</p>
<p><img src="http://www.isje.org/esp/images-news/manoscritto-san-Josemar%C3%ADa-sonsoles.jpg" alt="manuscrito relación Sonsoles" width="378" height="287" align="right" />Otro documento editado en esta sección es la relación de mayo de 1935 de una peregrinación mariana de san Josemaría, con dos miembros del Opus Dei, al Santuario de Nuestra Señora de Sonsoles, en Ávila: un documento que aporta datos interesantes para reconstruir el itinerario interior de san Josemaría y de la vida espiritual –muy mariana–, de los miembros del Opus Dei. La presentación y comentarios corren a cargo de Alfredo Méndiz.</p>
<p>El último documento editado en este volumen es muy breve pero de gran interés para los estudiosos del Derecho canónico: se trata de una carta del card. Sebastiano Baggio a mons. Álvaro del Portillo, del 17 de enero de 1983, sobre las prelaturas personales. En ella, el entonces Prefecto de la Congregación de Obispos, informaba al prelado del Opus Dei de una audiencia con el Papa, en la que Juan Pablo II había precisado el sentido y alcance de la colocación de los cánones sobre las prelaturas personales en el nuevo Código de Derecho Canónico de 1983.</p>
<p>La sección de <em>Notiziario</em> (<em>Crónica</em>) está dedicada esta vez a dos aportaciones sobre Camino: una, de Alfredo Méndiz, como obra literaria y otra, de Carmen Sánchez Lanza, en una perspectiva lingüística.</p>
<p>Como los anteriores, también este número ofrece una sección bibliográfica con recensiones y reseñas, y una nueva entrega del ya monumental elenco bibliográfico dedicado a la “Bibliografía General” sobre san Josemaría y el Opus Dei. Los tres primeros números de Studia et Documenta han intentado ofrecer una bibliografía exhaustiva sobre san Josemaría hasta 2002, mientras que en el cuarto, y ahora en este quinto número, se aborda la “Bibliografía General sobre el Opus Dei”, que proseguirá en los siguientes volúmenes.</p>
<p><a href="http://www.isje.org/esp/studia-et-documenta5.html">Ver el sumario y los abstracts del vol. 5 &#8211; 2011</a></p>
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		<title>Carta del Prelado [enero 2012]</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 12:13:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos! Cantando ayer el Te Deum en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, ante el Santísimo Sacramento expuesto en la custodia, dábamos gracias a la Trinidad Beatísima por los beneficios que nos ha concedido en el año que acaba de transcurrir. Me sentí muy unido al Papa y a toda la Iglesia, especialmente a cada una y a cada uno de vosotros, y a los innumerables Cooperadores y amigos de la Prelatura. He visto y he oído cómo nuestro Padre rezaba este himno, con hambre de unirse al canto de alabanza que toda la creación rinde a Dios. Todas las mañanas, después de celebrar la Santa Misa y mientras se quitaba los ornamentos sacerdotales, lo recitaba con inmensa devoción, bien unido a sus hijas y a sus hijos. En estos días de Navidad, y siempre, es lógico que se alce con más intensidad al Cielo nuestra acción de gracias, en primer lugar, por la encarnación y...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2012/01/Opus-Dei-Prelado.jpg"><img src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2012/01/Opus-Dei-Prelado-150x150.jpg" alt="" title="Opus-Dei-Prelado" width="150" height="150" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1337" /></a>Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!</p>
<p>Cantando ayer el <em>Te Deum</em> en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, ante el Santísimo Sacramento expuesto en la custodia, dábamos gracias a la Trinidad Beatísima por los beneficios que nos ha concedido en el año que acaba de transcurrir. Me sentí muy unido al Papa y a toda la Iglesia, especialmente a cada una y a cada uno de vosotros, y a los innumerables Cooperadores y amigos de la Prelatura. He visto y he oído cómo nuestro Padre rezaba este himno, con hambre de unirse al canto de alabanza que toda la creación rinde a Dios. Todas las mañanas, después de celebrar la Santa Misa y mientras se quitaba los ornamentos sacerdotales, lo recitaba con inmensa devoción, bien unido a sus hijas y a sus hijos.</p>
<p>En estos días de Navidad, y siempre, es lógico que se alce con más intensidad al Cielo nuestra acción de gracias, en primer lugar, por la encarnación y el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Este don es el fundamento perenne de nuestra gratitud, de nuestra alabanza, de nuestra adoración, a un Dios que no cesa de amarnos con locura y que nos lo manifiesta sin interrupción.</p>
<p>El comienzo del año nuevo nos debe ayudar a tener más presente esta prueba del amor divino. Los Padres de la Iglesia y todos los santos, en las diversas épocas de la historia, se han llenado de admiración al considerar que, con el nacimiento de Cristo, el Eterno ha entrado en el tiempo, el Inmenso se ha hecho pequeño asumiendo nuestra limitada condición humana. «¿Qué mayor gracia pudo concedernos Dios?», se pregunta san Agustín. «Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios. Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia; y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia»<a name="_ftnref1"></a>.</p>
<p>Nuestro asombro y nuestro agradecimiento aumenta aún más si consideramos que Dios no nos ha dado solamente este regalo por un tiempo o para un momento determinado, sino para siempre. <strong>El Eterno ha entrado en los límites del tiempo y del espacio, para hacer posible &#8220;hoy&#8221; el encuentro con Él. Los textos litúrgicos navideños nos ayudan a entender que los eventos de la salvación realizados por Cristo son siempre actuales, interesan a cada hombre y a todos los hombres. Cuando escuchamos o pronunciamos, en las celebraciones litúrgicas, este &#8220;hoy ha nacido para nosotros el Salvador&#8221;, no estamos utilizando una expresión convencional vacía, sino entendemos que Dios nos ofrece “hoy”, ahora, a mí, a cada uno de nosotros, la posibilidad de reconocerlo y de acogerlo, como hicieron los pastores de Belén, para que Él nazca también en nuestra vida y la renueve, la ilumine, la transforme con su Gracia, con su Presencia</strong><a name="_ftnref2"></a>.</p>
<p>A la luz del amoroso designio divino con la humanidad entera y con cada uno, adquieren su verdadero relieve los acontecimientos del año que acaba de concluir: la salud y la enfermedad, los éxitos y los fracasos, los acontecimientos felices y los dolorosos, lo que consideramos bueno y lo que nos pareció menos bueno&#8230; Qué bien lo expresó nuestro Fundador en aquel punto de <em>Camino</em>, cuando exhorta a levantar el corazón a Dios, <strong><em>en acción de gracias, muchas veces al día. —Porque te da esto y lo otro. —Porque te han despreciado. —Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.</em></strong></p>
<p><strong><em>Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. —Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. —Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso&#8230;</em></strong></p>
<p><strong><em>Dale gracias por todo, porque todo es bueno</em></strong><a name="_ftnref3"></a>.</p>
<p>Es cierto que en el mundo abundan los dramas y sufrimientos: catástrofes naturales que arrebatan la vida a millares de personas, focos de guerra y violencia en muchos lugares, enfermedades y carencia de bienes de primera necesidad en innumerables puntos de la tierra, divisiones y rencillas en las familias y entre los pueblos&#8230; A todo esto hay que añadir ahora la profunda crisis económica que afecta a muchos países, con tantos hombres y mujeres en paro forzoso.</p>
<p>Sin embargo, aunque la razón no llegue a entender el porqué de estas situaciones, la fe nos asegura que este tiempo nuestro <strong>encierra ya, de forma definitiva e imborrable, la novedad gozosa y liberadora de Cristo salvador (&#8230;). La Navidad nos hace volver a encontrar a Dios en la carne humilde y débil de un niño. ¿No hay aquí una invitación a reencontrar la presencia de Dios y de su amor que da la salvación también en las horas breves y fatigosas de nuestra vidas cotidiana? ¿No es una invitación a descubrir que nuestro tiempo humano —también en los momentos difíciles y duros— está enriquecido incesantemente por las gracias del Señor, es más, por la Gracia que es el Señor mismo?</strong><a name="_ftnref4"></a>.</p>
<p>Hagamos memoria, hijas e hijos míos, de los innumerables beneficios recibidos en los meses que acaban de transcurrir. Podemos meditarlos en la intimidad de la oración. A pesar de nuestra poquedad personal, ha sido un año más de fidelidad a nuestra vocación cristiana en la Iglesia, siguiendo el espíritu de la Obra. Y podemos enumerar otros muchos beneficios: los frutos espirituales de un trabajo ofrecido a Dios y realizado con espíritu de servicio a las almas; las personas que, gracias al ejemplo y a la palabra apostólica de los hijos de Dios, se han acercado con intimidad al Señor o lo han descubierto en la trama de su existencia ordinaria; el comienzo de la labor apostólica estable de fieles de la Prelatura en nuevos países y su consolidación en otros; la llamada divina a servirle en el Opus Dei que el Señor ha dirigido a muchas personas en el mundo entero; la profunda remoción interior, las conversiones y vocaciones de entrega total, siguiendo los más variados caminos espirituales, que Dios ha suscitado en la Iglesia con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en el mes de agosto&#8230; Y tantos otros beneficios en la vida personal, familiar y social, que toca a cada uno descubrir y agradecer.</p>
<p>Ante este panorama sin fronteras, podemos hacer nuestra la oración que san Josemaría rezó innumerables veces, especialmente en los últimos años de su existencia terrena:<em> <strong>Sancte Pater, omnipotens, æterne et misericors Deus, Beata Maria intercedente, gratias tibi ago pro universis beneficiis tuis etiam ignotis</strong></em><a name="_ftnref5"></a>; Padre Santo, omnipotente, eterno y misericordioso Dios: por la intercesión de la bienaventurada Virgen María te doy gracias por todos tus beneficios, también los desconocidos. Porque, efectivamente, son más los beneficios que nos han pasado inadvertidos que los que conocemos. ¿Quién podría contar las veces que el Señor, con su paternal providencia, nos ha librado de peligros del alma y del cuerpo? ¿Quién sería capaz de enumerar las gracias que la Santísima Virgen nos ha conseguido en estos meses?</p>
<p>Por eso, es natural y sobrenaturalmente lógico que tratemos de mantener una constante actitud de agradecimiento. Como exhortaba san Josemaría al comienzo de un nuevo año: <strong>Ut in gratiarum semper actione maneamus!<em> Que estemos siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito —que traerá mucho bien para nuestras almas— de no ser nunca más infieles</em></strong><a name="_ftnref6"></a>.</p>
<p>Dirijamos ahora la mirada al año que comienza. ¡Cuántos beneficios nos otorgará el Señor, si lo recorremos de la mano de Santa María! Se lo pedimos a nuestra Madre en esta fecha en la que la Iglesia conmemora solemnemente su Maternidad divina.</p>
<p>Las fiestas de estas semanas nos impulsan a empaparnos del clima de la primera Navidad. Ante el belén, imaginando los detalles de cariño de María y José con el Recién Nacido, habremos examinado cómo es nuestro trato con los demás: nuestra propia familia, los amigos, los colegas, y todas las personas que Dios —de un modo u otro— va poniendo a nuestro lado. Para todos hemos de ser luminarias que lleven a Cristo, como deseaba el Papa al reflexionar sobre las luces que adornan el árbol de Navidad. <strong>Que cada uno de nosotros</strong> —decía— <strong>aporte algo de luz en los ambientes en que vive: en la familia, en el trabajo, en el barrio, en los pueblos, en las ciudades. Que cada uno sea una luz para quien tiene al lado; que deje de lado el egoísmo que, tan a menudo, cierra el corazón y lleva a pensar sólo en uno mismo; que preste más atención a los demás, que los ame más. Cualquier pequeño gesto de bondad </strong>—concluía el Santo Padre—<strong> es como una luz de este gran árbol: junto con las otras luces ilumina la oscuridad de la noche, incluso de la noche más oscura</strong><a name="_ftnref7"></a>.</p>
<p>Apliquemos estas consideraciones a la existencia cotidiana, tan rica de oportunidades de entrega a Dios y a los demás. Es cierto que somos y nos sentimos poca cosa; por eso mismo, os transmito la invitación de nuestro Fundador a volvernos voluntariamente pequeños delante de Dios, para que nuestro Padre celestial y nuestra Madre la Virgen se ocupen con especial esmero de cada uno. Esta decisión comporta el deseo de <strong><em>renunciar a la soberbia, a la autosuficiencia; reconocer que nosotros solos nada podemos, porque necesitamos de la gracia, del poder de nuestro Padre Dios para aprender a caminar y para perseverar en el camino. Ser pequeños exige abandonarse como se abandonan los niños, creer como creen los niños, pedir como piden los niños</em></strong><a name="_ftnref8"></a>.</p>
<p>El trato de los hijos pequeños con sus padres —su abandono en ellos, su confianza, sus audaces peticiones— nos sirve de modelo para nuestras relaciones con Dios. Es la actitud fundamental del cristiano, que, renovada un día y otro, jornada tras jornada, nos asegura que andamos por la senda justa, independientemente de los éxitos o fracasos que puedan presentarse. ¿Nos detenemos con frecuencia a pensar si estamos caminando con el Señor? ¿Le dejamos que nos acompañe a toda hora? ¿Cómo le hablamos de lo que se nos presenta en cada momento?</p>
<p>¿Quién va a ser mejor Maestra que la Santísima Virgen? Al escuchar el anuncio de san Gabriel, se abandonó plenamente a la Voluntad divina —<em>fiat mihi secundum verbum tuum!</em>—, y creyó firmemente que se cumplirían <em>las cosas que se te han dicho de parte del Señor</em>, como proclamó santa Isabel, inspirada por el Espíritu Santo<a name="_ftnref9"></a>. Luego, en Caná, dirigió a su Hijo una petición llena de fe, intercediendo por las necesidades de los esposos —<em>no tienen vino</em>— y recomendó a los sirvientes cumplir exactamente lo que les indicara el Señor: <em>haced lo que Él os diga</em><a name="_ftnref10"></a>. Miremos más a la Virgen, invoquémosla más.</p>
<p>Dentro de pocas fechas, el 9 de enero, se cumplen ciento diez años del nacimiento de san Josemaría. Aprovechemos este aniversario para acudir con fe a su intercesión, pidiendo por la Iglesia y la humanidad. Llevadle de modo especial las necesidades de la Obra, de sus hijas y de sus hijos en el mundo entero, y seguid rezando por mis intenciones. Todas y todos estáis constantemente presentes en mi oración; especialmente los que pasan por momentos de mayor sufrimiento físico o espiritual. Con palabras de san Pablo, os aseguro que <em>es justo que yo sienta esto por cada uno de vosotros, ya que os tengo en el corazón (&#8230;). Dios es testigo de cómo os amo a todos vosotros en las entrañas de Cristo Jesús</em><a name="_ftnref11"></a>.</p>
<p>Me parece también muy oportuno que recordemos el empuje sobrenatural y humano, el optimismo nacido de la fe, que san Josemaría transmitió a sus hijos en la Carta Circular del 9 de enero de 1939, un año después de su llegada a Burgos, pensando en el incremento de la labor apostólica de la Obra al concluir la guerra civil española, cuyo fin era ya inminente.</p>
<p><strong><em><span style="text-decoration: underline;">¿</span></em>Obstáculos<em><span style="text-decoration: underline;">?</span> No me preocupan los obstáculos exteriores: con facilidad los venceremos. No veo más que </em>un obstáculo imponente<em>: vuestra falta de </em>filiación<em> y vuestra falta de </em>fraternidad<em>, si alguna vez se dieran en nuestra familia. Todo lo demás (escasez, deudas, pobreza, desprecio, calumnia, mentira, desagradecimiento, contradicción de los </em>buenos<em>, incomprensión y aun persecución de parte de la autoridad), todo, no tiene importancia, cuando se cuenta con Padre y hermanos, unidos plenamente por Cristo, con Cristo y en Cristo. No habrá amarguras, que puedan quitarnos la dulcedumbre de nuestra bendita Caridad</em></strong><a name="_ftnref12"></a>.</p>
<p>Con la fuerza de nuestro Padre, y en su nombre, os pido que afinemos en la filiación y en la fraternidad. Si no cuidásemos a fondo estos pilares de nuestra familia sobrenatural, se provocarían grietas en la estructura de la Obra, a las que ninguno debe quitar importancia. Os digo lo que también nos comunicó en los años 50: que recemos el <em>oremus pro unitate apostolatus,</em> porque lo vivamos sin solución de continuidad.</p>
<p>Con todo cariño, deseándoos los mejores regalos del Cielo en este nuevo año, os bendice</p>
<p>vuestro Padre</p>
<p>+ Javier</p>
<p>Roma, 1 de enero de 2012.</p>
<p><a name="_ftn1"></a> San Agustín, <em>Sermón</em> 185 (PL 38, 999).</p>
<p><a name="_ftn2"></a> Benedicto XVI, Discurso en la audiencia general, 21-XII-2011.</p>
<p><a name="_ftn3"></a> San Josemaría, <em>Camino</em>, n. 268.</p>
<p><a name="_ftn4"></a> Benedicto XVI, Homilía en las I Vísperas de la solemnidad de María, Madre de Dios, 31-XII-2010.</p>
<p><a name="_ftn5"></a> San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 15-IX-1971.</p>
<p><a name="_ftn6"></a> San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1972.</p>
<p><a name="_ftn7"></a> Benedicto XVI, 7-XII-2011.</p>
<p><a name="_ftn8"></a> San Josemaría, <em>Es Cristo que pasa,</em> n. 143.</p>
<p><a name="_ftn9"></a> <em>Lc</em> 1, 38 y 45.</p>
<p><a name="_ftn10"></a> <em>Jn</em> 2, 3 y 5.</p>
<p><a name="_ftn11"></a> <em>Flp</em> 1, 7-8.</p>
<p><a name="_ftn12"></a> San Josemaría, <em>Carta Circular,</em> Burgos, 9-I-1939; en A. Vázquez de Prada, &#8220;El Fundador del Opus Dei&#8221;, II, p. 380.</p>
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		<title>Libro sobre una numeraria auxiliar (cap 1º)</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 19:34:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Mujeres]]></category>
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		<description><![CDATA[Dora del Hoyo fue una de las primeras numerarias auxiliares del Opus Dei. Ofrecemos el prólogo y el primer capítulo de la biografía titulada &#8220;Una luz encendida&#8221;. Descargue&#160;el texto aquí. El prólogo ejemplifica la devoción que numerosas personas tienen a una mujer que durante toda su vida se dedicó a las tareas de la casa y que, en ellas, buscó a Dios. El segundo introduce su infancia y primera juventud en un pueblo de León (España). Más información sobre el libro: aquí.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/610905-14nv.jpg"><img src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/610905-14nv.jpg" alt="" title="610905-14nv" width="300" height="198" class="alignleft size-full wp-image-1323" /></a>Dora del Hoyo fue una de las primeras numerarias auxiliares del Opus Dei. Ofrecemos el prólogo y el primer capítulo de la biografía titulada &#8220;Una luz encendida&#8221;.</p>
<p><b><a href="http://multimedia.opusdei.org/pdf/es/unaluzencendida.pdf">Descargue&nbsp;el texto aquí</a></b>.</p>
<p>El prólogo ejemplifica la devoción que numerosas personas tienen a una mujer que durante toda su vida se dedicó a las tareas de la casa y que, en ellas, buscó a Dios.</p>
<p>El segundo introduce su infancia y primera juventud en un pueblo de León (España).</p>
<p>Más información sobre el libro: <b><a href="http://www.opusdei.es/art.php?p=46303">aquí</a></b>.</p>
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		<title>Carta del Prelado [diciembre 2011]</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 10:36:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos! Hemos entrado en el Adviento, que nos trae una llamada a renovar nuestra esperanza: no una esperanza efímera, pasajera, sino una confianza segura, porque proviene de Dios. Esta expectativa gozosa, tan característica de las semanas que preceden a la Navidad, es la actitud fundamental del cristiano que desea vivir con fruto el renovado encuentro con Aquel que viene a poner su morada entre nosotros: Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre[1]. El domingo pasado, en la primera lectura de la Misa, leíamos unas palabras de Isaías, dolido ante la situación del pueblo elegido. Aquellos hombres y mujeres habían endurecido sus corazones y se habían apartado de Dios, y el profeta se dirige al Señor pidiéndole que los convierta: vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus de tu heredad (&#8230;). Ojalá rasgaras los cielos y bajases. Ante ti se estremecerían las montañas[2]. Este clamor, de una forma u otra, resuena con frecuencia a lo largo de estas...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/Opus-Dei-Simbolo-Prelado.jpg"><img src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/Opus-Dei-Simbolo-Prelado-150x150.jpg" alt="" title="Opus Dei Simbolo - Prelado" width="150" height="150" class="alignleft size-thumbnail wp-image-1339" /></a>Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!</p>
<p>Hemos entrado en el Adviento, que nos trae una llamada a renovar nuestra esperanza: no una esperanza efímera, pasajera, sino una confianza segura, porque proviene de Dios. Esta expectativa gozosa, tan característica de las semanas que preceden a la Navidad, <i>es la actitud fundamental del cristiano que desea vivir con fruto el renovado encuentro con Aquel que viene a poner su morada entre nosotros: Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre</i><a title="" name="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>El domingo pasado, en la primera lectura de la Misa, leíamos unas palabras de Isaías, dolido ante la situación del pueblo elegido. Aquellos hombres y mujeres habían endurecido sus corazones y se habían apartado de Dios, y el profeta se dirige al Señor pidiéndole que los convierta: <i>vuélvete, por amor a tus siervos, a las tribus de tu heredad (&#8230;). Ojalá rasgaras los cielos y bajases. Ante ti se estremecerían las montañas</i><a title="" name="_ftnref2" href="#_ftn2">[2]</a>. Este clamor, de una forma u otra, resuena con frecuencia a lo largo de estas semanas; y también nosotros, atentos a la voz de la Iglesia, repetimos con sinceridad: <i>veni, Domine, et noli tardare. Relaxa facinora plebi tuæ</i><a title="" name="_ftnref3" href="#_ftn3">[3]</a>; ven, Señor, y no tardes; desata las duras cargas que pesan sobre tu pueblo. La liturgia nos asegura: <i>pronto llegará el Señor que domina los pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir, Dios con nosotros</i><a title="" name="_ftnref4" href="#_ftn4">[4]</a>. Y así es: <b>el Señor viene para reducir a la impotencia la obra del mal y todo lo que todavía puede mantenernos alejados de Dios, para devolvernos al antiguo esplendor y a la primitiva paternidad</b><a title="" name="_ftnref5" href="#_ftn5">[5]</a>.</p>
<p>¿Cuántas veces hemos invocado ya, con el corazón o con los labios: <i>veni, Domine Iesu</i><a title="" name="_ftnref6" href="#_ftn6">[6]</a>? Paladeemos esa frase de la Escritura, que la liturgia aplica a la expectación del nacimiento de Cristo<i>: destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al Salvador</i><a title="" name="_ftnref7" href="#_ftn7">[7]</a>. El firmamento se rasgó hace veinte siglos para la llegada del Redentor al mundo, y constantemente sucede cada día, cuando Jesús se nos acerca con su presencia sacramental en la Sagrada Eucaristía. A cada una, a cada uno, corresponde, por tanto, abrir el corazón de par en par, para que se empape de ese rocío divino que quiere volvernos eficaces. Por eso, la mejor manera de prepararnos para la venida espiritual de Jesucristo en la Navidad próxima, consiste en disponer bien nuestras almas y nuestros cuerpos para recibirle con nuevo fervor cada día en la Sagrada Comunión. ¿Cómo vas desgranando estas jornadas? ¿Cómo deseas que la humanidad acoja al Señor? ¿Aprovechas las luces y los adornos callejeros, para pedir que Dios tenga la respuesta que se merece de sus criaturas?</p>
<p>Nuestro Padre nos impulsaba a aprovechar estas semanas para <b><i>construir con el corazón un Belén para nuestro Dios. ¿Os acordáis de cuando erais pequeños? ¡Con qué ilusión sabíamos preparar el Nacimiento, con sus montañas de corcho, sus casas minúsculas, y todas esas figurillas alrededor del pesebre donde Dios quiso nacer</i>!</b><a title="" name="_ftnref8" href="#_ftn8">[8]</a>. Y se detenía en una consideración que se puede aplicar a todos los fieles: <b><i>sé bien que, cuanto más tiempo pasa, por aquello de que el Opus Dei es para cristianos adultos que por amor de Dios se saben hacer niños, mis hijas y mis hijos van siendo cada día más pequeños. Con mayor ilusión, pues, que en nuestros años de infancia, habremos preparado el portal de Belén en la intimidad de nuestra alma</i></b><a title="" name="_ftnref9" href="#_ftn9">[9]</a>.</p>
<p>Al meditar en el acontecimiento extraordinario que conmemoramos, el Papa invita a pensar que <b>el cumplimiento de la palabra que da comienzo en la noche de Belén es, a la vez, inmensamente más grande y —desde el punto de vista del mundo— más humilde que lo que la palabra profética permitía intui</b><i>r</i><a title="" name="_ftnref10" href="#_ftn10">[10]</a>. Isaías y todos los profetas sólo atisbaron lo que sucedería en la Navidad. El cumplimiento de aquella palabra guarda una fuerza más grande, inconmensurable, porque, con la encarnación y el nacimiento del Verbo<b>, ha quedado superada la distancia infinita entre Dios y el hombre. Dios no solamente se ha inclinado hacia abajo, como dicen los Salmos: ha &#8220;descendido&#8221; realmente, ha entrado en el mundo, haciéndose uno de nosotros para atraernos a todos a s</b><i>í</i><a title="" name="_ftnref11" href="#_ftn11">[11]</a>. Por otra parte, todo se ha desarrollado con la más profunda humildad: ese Dios sapientísimo, todopoderoso y eterno, se nos ofrece como niño recién nacido, inerme, necesitado de unos brazos humanos que le den abrigo y de unos corazones que le amen de verdad. Como María y José en la noche de Belén, así hemos de comportarnos nosotros en el silencio de la oración, de nuestra presencia de Dios en la jornada y al recibirle sacramentalmente en la Eucaristía. El mismo hecho de poner el belén en nuestros hogares expresa <b>nuestra espera, que Dios se acerca a nosotros (&#8230;), pero también es expresión de la acción de gracias a Aquel que ha decidido compartir nuestra condición humana en la pobreza y en la sencillez</b><a title="" name="_ftnref12" href="#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p>Estamos también preparando la fiesta de la Inmaculada, ya inminente. Nuestro corazón de hijos se llena de gozo especialmente en esta solemnidad, porque en la Virgen Santísima vemos reflejadas la grandeza y la humildad con que su Hijo bajó a la tierra. Grandeza de María, la Purísima, la Toda Santa, la criatura más excelsa. Tan grande es su dignidad, que el pueblo cristiano la aclama diciendo: ¡más que Tú, sólo Dios! Y humildad suma de la Virgen nazarena, pues habiendo sido elegida desde la eternidad para ser Madre de Dios, se considera y se llama a sí misma esclava del Señor. ¡Cuántas lecciones, hijas e hijos míos, hemos de aprender con continuidad de nuestra Madre, y concretamente ahora, en los días que preceden a su fiesta! Pidámosle que no las olvidemos, que las pongamos en práctica.</p>
<p>Me viene a la memoria que, justamente en estos días de 1931 —han transcurrido ochenta años—, san Josemaría redactó unas consideraciones sobre los misterios del Rosario, que desde entonces han ayudado a innumerables personas a meterse por caminos de contemplación. Os sugiero que, en estas fechas, os esforcéis por cumplir con más pausa y atención esta devoción mariana. En una ocasión, respondiendo a una pregunta, nuestro Padre explicaba: <b><i>el Rosario es una oración muy grata a María Santísima, que está enraizada en la vida de los católicos desde hace muchos siglos. A la vez, es una meditación de los misterios de la vida del Señor y de su Madre. Por lo tanto, lo recomiendo con todo mi corazón, también como una oración que puede hacerse en familia, aunque no debéis obligar a vuestros hijos pequeños a rezarlo (&#8230;). Si quieren venir con los demás, que vengan; si no, dejadlos estar, que ya vendrán. Tiene que ser algo voluntario</i></b><a title="" name="_ftnref13" href="#_ftn13">[13]</a>.</p>
<p>Por su gran respeto a la libertad de las almas, nuestro Fundador añadía que en esto —como en todas las prácticas de piedad— cada uno debe seguir su propio camino. Y agregaba: <b><i>he aconsejado un modo de rezarlo, pero a nadie le digo que ésta ha de ser necesariamente su manera concreta de hacerlo, porque puede haber otras mil formas diversas. Las almas, aunque son similares, tienen cada una su propio camino. Sigue el que quieras, en el rezo del Rosario y en todo lo demás. Procura, si te interesa, meditar un poquito las oraciones que componen el Rosario, y que han sido puestas por la Iglesia. Reza tranquilamente los Padrenuestros y las Avemarías. Si te distraes, vuelve como puedas. Y si te has distraído todo el tiempo, lo has rezado también: has estado haciendo una gran serenata en honor de la Madre de Dios</i></b><a title="" name="_ftnref14" href="#_ftn14">[14]</a>.</p>
<p>Durante el Adviento, se nos vuelven presentes, con viveza, los misterios gozosos del Rosario; sobre todo en la última semana, cuando la liturgia intensifica la preparación inmediata para la Navidad. Esmerémonos en contemplarlos con especial empeño. Para ayudarme y ayudaros, os transcribo uno de los comentarios de nuestro Padre a estas escenas.</p>
<p><b><i>Recordad los misterios gozosos: nos admiramos de aquella humildad de Jesús, que </i>semetipsum exinanivit formam servi accipiens<i>: que se anonadó a Sí mismo tomando forma de siervo, tomando carne como la nuestra. Sin el pecado, pero igual a la nuestra. Humildad que le hace estar, como los demás, el tiempo necesario en el seno de la Madre.</i></b></p>
<p><b><i>Contemplamos a la Madre, que se humilla y va por las montañas de Judea a ver a su prima, Santa Isabel. Contemplamos&#8230;, y nos conmueve, aquella escena encantadora donde se compone el </i>Magnificat<i><u>.</u></i></b></p>
<p><b><i>Luego nace Jesús: como nosotros, sólo que con mayor pobreza: fuera de su casa, en un rincón. </i>Non erat eis locus in diversorio<i>: no hubo para ellos lugar en la posada. Siendo de la estirpe real de David, el Señor quiso nacer pobre y vivir pobre. Y cuando hace que los evangelistas, inspirados por el Espíritu Santo, cuenten la historia de los antepasados de Jesús, en el relato aparecen unas cuantas mujeres, que no son precisamente un modelo de virtudes; alguna de ellas, ni mucho menos. Para que tengamos nosotros amor y comprensión y, a través de Jesús, sepamos disculpar a las gentes.</i></b></p>
<p><b><i>A continuación vemos cómo la Santísima Virgen va al Templo a purificarse: cuando más pura que Ella, sólo es Dios. ¡Modelo de humildad! Y nosotros, llenos de soberbia&#8230;</i></b></p>
<p><b><i>Al final, después de estas escenas de humildad, se nos desborda el alma en generosidad, para ocuparnos de las cosas de Dios, como hizo el Niño —cuando lo encuentran en el Templo, después de buscarle tres días—, que ése es el tema del último misterio: ¿no sabéis que me he de ocupar en las cosas que son de mi Padre del Cielo?</i></b><a title="" name="_ftnref15" href="#_ftn15">[15]</a>.</p>
<p>La novena de la Inmaculada constituye una muestra de cariño filial a Nuestra Señora. Sin embargo, no olvidemos que <b>es mucho más importante lo que recibimos de María, respecto a lo que le ofrecemos. La Virgen, en efecto, nos da un mensaje destinado a cada uno de nosotros (&#8230;). ¿Y qué nos dice María? Nos habla con la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno. Su &#8220;mensaje&#8221; no es otro sino Jesús, que es toda su vida. Gracias a Él y por Él, María es la Inmaculada. Y como el Hijo de Dios se hizo hombre por nosotros, también Ella, su Madre, fue preservada del pecado por nosotros, por todos, como anticipación de la salvación de Dios para cada hombre</b><a title="" name="_ftnref16" href="#_ftn16">[16]</a>.</p>
<p>De este modo, al recorrer con intensidad, personalmente, la novena de la Inmaculada, nos preparamos muy bien para la Navidad. Además —y la experiencia lo demuestra ampliamente— nos ofrece una ocasión más de realizar un constante apostolado personal. La Virgen siempre atrae a las almas y las conduce a Jesús. Tratemos de unir sólidamente estos dos aspectos —trato con Nuestra Señora y afán apostólico—, ahora y a lo largo de toda nuestra existencia. Meditemos unas palabras de nuestro Padre, que contienen una fuerza extraordinaria y suponen un desafío para nuestra respuesta cotidiana. <b><i>El mundo es como una gran boca sedienta, con sed de Cristo, y nosotros, los cristianos, somos el agua que ha de apagar su sed. Nos espera. El día de mañana, ¿dónde estarás para prender ese fuego y ese amor de Cristo? Si no tienes ahora hambre de proselitismo, mala señal. Somos lodo de la tierra, pero —en las manos del Divino Maestro— daremos luz a los ojos de los hombres, que están ciegos y no ven el resplandor de la verdad</i></b><a title="" name="_ftnref17" href="#_ftn17">[17]</a>.</p>
<p>En el mes que acaba de transcurrir, se ha comenzado la labor apostólica estable de la Prelatura en Sri Lanka. Demos muchas gracias a Dios porque, el mismo día de la llegada de vuestros hermanos, se pudo quedar reservado el Santísimo Sacramento en el oratorio del nuevo Centro: ¡un Sagrario más en esas tierras inmensas de Asia! A la Virgen Inmaculada encomiendo estos comienzos y la expansión apostólica que, con su intercesión, tratamos de llevar a cabo en tantos lugares.</p>
<p>Hijas e hijos míos: las almas nos esperan, te esperan. Vivamos con ansias de amar, cada día, el Sacrificio del Calvario. En 1937, nuestro Padre pudo celebrar por primera vez la Santa Misa con todos los ornamentos, el 3 de diciembre, tras los meses de persecución religiosa en España. Le he escuchado mencionar con grandísimo agradecimiento todas las facilidades que le dio el sacerdote de Andorra, a quien encomendó al Señor cotidianamente.</p>
<p>Seguid rezando por la Persona e intenciones del Papa, por sus colaboradores en el gobierno de la Iglesia, por los frutos espirituales de su reciente viaje a África. Y no os olvidéis de uniros a mis peticiones al Señor, que —como tantas veces os he dicho— son muchas y encaminadas a dar a Dios toda la gloria.</p>
<p>Con todo cariño, os bendice</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; vuestro Padre</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; + Javier</p>
<p>Roma, 1 de diciembre de 2011. </p>
<p><a title="" name="_ftn1" href="#_ftnref1">[1]</a> Benedicto XVI, Discurso en la audiencia general, 22-XII-2010.</p>
<p><a title="" name="_ftn2" href="#_ftnref2">[2]</a> Misal Romano, Domingo I de Adviento, <i>Primera lectura</i> (B) (<i>Is</i> 63, 17-19).</p>
<p><a title="" name="_ftn3" href="#_ftnref3">[3]</a> Liturgia de las Horas, Domingo I de Adviento<i>, Ad Nonam,</i> Responsorio breve.</p>
<p><a title="" name="_ftn4" href="#_ftnref4">[4]</a> Misal Romano, 21 de diciembre, <i>Antífona de entrada</i> (cfr. <u>Is</u> 7, 14; 8, 10).</p>
<p><a title="" name="_ftn5" href="#_ftnref5">[5]</a> Benedicto XVI, Discurso en la audiencia general, 22-XII-2010.</p>
<p><a title="" name="_ftn6" href="#_ftnref6">[6]</a> <i>Ap</i> 22, 20.</p>
<p><a title="" name="_ftn7" href="#_ftnref7">[7]</a> Misal Romano, Domingo IV de Adviento, <i>Antífona de entrada</i> (<i>Is</i> 45, 8).</p>
<p><a title="" name="_ftn8" href="#_ftnref8">[8]</a> San Josemaría, Notas de una meditación, 25-XII-1973.</p>
<p><a title="" name="_ftn9" href="#_ftnref9">[9]</a> <i>Ibid</i>.</p>
<p><a title="" name="_ftn10" href="#_ftnref10">[10]</a> Benedicto XVI, Homilía en la Natividad del Señor, 24-XII-2010.</p>
<p><a title="" name="_ftn11" href="#_ftnref11">[11]</a> <i>Ibid</i>.</p>
<p><a title="" name="_ftn12" href="#_ftnref12">[12]</a> Benedicto XVI, Discurso en la audiencia general, 22-XII-2010.</p>
<p><a title="" name="_ftn13" href="#_ftnref13">[13]</a> San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 17-XI-1972.</p>
<p><a title="" name="_ftn14" href="#_ftnref14">[14]</a> San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 9-X-1972.</p>
<p><a title="" name="_ftn15" href="#_ftnref15">[15]</a> San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 16-XI-1967.</p>
<p><a title="" name="_ftn16" href="#_ftnref16">[16]</a> Benedicto XVI, Discurso ante la imagen de la Inmaculada, 8-XII-2010.</p>
<p><a title="" name="_ftn17" href="#_ftnref17">[17]</a> San Josemaría, Notas de una meditación, 24-X-1942.</p>
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		<title>Dora, primera Numeraria Auxiliar</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 08:23:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Una luz encendida&#8221; cuenta la vida de Dora del Hoyo, una mujer que buscó la santidad en las tareas de la casa y vivió el espíritu del Opus Dei. “No hay nada mejor que haber utilizado mis manos para servir a los demás”, decía. &#8212;&#8212;&#8212; El libro ha sido publicado por la Editorial Palabra. Su autor es Javier Medina (Portugalete, 1950). Dora del Hoyo nació en un pueblo de Castilla y León, en 1914. Tras efectuar los estudios elementales, muy joven comenzó a trabajar como empleada doméstica. En 1939 se trasladó a Madrid, donde alcanzó un merecido prestigio en su ámbito profesional. En 1946, pidió la admisión en el Opus Dei: fue la primera numeraria auxiliar en la Obra. Ese mismo año, se trasladó a Roma. Con su trabajo escondido y su recia abnegación, fue una ayuda inestimable para san Josemaría Escrivá de Balaguer y para la expansión del Opus Dei por el mundo. San Josemaría valoró siempre mucho el trabajo de sus hijas numerarias y numerarias auxiliares, que se dedican...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Una luz encendida&#8221; cuenta la vida de Dora del Hoyo, una mujer que buscó la santidad en las tareas de la casa y vivió el espíritu del Opus Dei. “No hay nada mejor que haber utilizado mis manos para servir a los demás”, decía.</p>
<p style="text-align: center;">&#8212;&#8212;&#8212;</p>
<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/DoradelHoyo.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1304" title="DoradelHoyo" src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/DoradelHoyo.jpg" alt="" width="190" height="258" /></a></p>
<p>El libro ha sido publicado por la <strong><a href="http://www.palabra.es/detalle.asp?Codart=4500341">Editorial Palabra</a></strong>. Su autor es Javier Medina (Portugalete, 1950).</p>
<p>Dora del Hoyo nació en un pueblo de Castilla y León, en 1914. Tras efectuar los estudios elementales, muy joven comenzó a trabajar como empleada doméstica.</p>
<p>En 1939 se trasladó a Madrid, donde alcanzó un merecido prestigio en su ámbito profesional. En 1946, pidió la admisión en el Opus Dei: fue la primera numeraria auxiliar en la Obra.</p>
<p>Ese mismo año, se trasladó a Roma. Con su trabajo escondido y su recia abnegación, fue una ayuda inestimable para san Josemaría Escrivá de Balaguer y para la expansión del Opus Dei por el mundo.</p>
<p>San Josemaría valoró siempre mucho el trabajo de sus hijas numerarias y numerarias auxiliares, que se dedican profesionalmente a las tareas del hogar en los centros del Opus Dei.</p>
<p>Explicaba que esas tareas constituyen como la &#8220;espina dorsal&#8221; sobre la que se apoya toda la labor apostólica. Y afirmaba: <em>&#8220;¡Es una cosa de primera importancia el trabajo en el hogar! Por lo demás, todos los trabajos pueden tener la misma calidad sobrenatural: no hay tareas grandes o pequeñas; todas son grandes, si se hacen por amor&#8221;.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em>Dora falleció el día anterior a cumplir los 90 años. Murió feliz y &#8220;joven&#8221;, porque era una mujer enamorada: enamorada de Cristo, del Opus Dei, de su trabajo.</p>
<p>Por eso, fue &#8220;una luz encendida&#8221; para las personas que la trataron en vida, y seguirá siéndolo para quienes la conozcan a través de sus recuerdos.</p>
<p>Con fecha de 11 de octubre de 2011 el Obispo Prelado del Opus Dei <strong><a href="http://www.opusdei.org.ec/art.php?p=46032">ha invitado a los fieles de la Prelatura</a></strong> a aportar datos con vistas a la introducción de su Causa de Canonización.</p>
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		<title>Familia: los debates que no tuvimos</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 07:59:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Libros Opus Dei</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Opus Dei]]></category>

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		<description><![CDATA[Una invitación a redescubrir unos valores familiares comunes: el cuidado de los más débiles, la capacidad de entrega, la lealtad, la compasión o el respeto a la dignidad intocable de cada persona. Un nuevo libro que pretende esclarecer el discurso de Benigno Blanco, presidente del del Foro de la Familia, ya que la izquierda mediática se ha encargado de deformar presentando al FF como una organización reaccionaria. Se trata de que el lector pueda juzgar directamente si los valores que promueve el Foro son tan disparatados como algunos dicen.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/familia.jpg"><img src="http://www.librosopusdei.com/wp-content/uploads/2011/12/familia.jpg" alt="" title="familia" width="224" height="356" class="alignleft size-full wp-image-1299" /></a>Una invitación a redescubrir unos valores familiares comunes: el cuidado de los más débiles, la capacidad de entrega, la lealtad, la compasión o el respeto a la dignidad intocable de cada persona.</p>
<p>Un nuevo libro que pretende esclarecer el discurso de Benigno Blanco, presidente del del Foro de la Familia, ya que la izquierda mediática se ha encargado de deformar presentando al FF como una organización reaccionaria. Se trata de que el lector pueda juzgar directamente si los valores que promueve el Foro son tan disparatados como algunos dicen.</p>
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