Camino

San Josemaría Escrivá de Blaguer

Fundador del Opus Dei

Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios. No te contaré nada nuevo. Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio.

Camino 1. Que tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón.
Camino 2. Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo.
Camino 3. Gravedad. -Deja esos meneos y carantoñas de mujerzuela o de chiquillo. -Que tu porte exterior sea reflejo de la paz y el orden de tu espíritu.
Camino 4. No digas: “Es mi genio así…, son cosas de mi carácter”. Son cosas de tu falta de carácter: Sé varón -”esto vir”.
Camino 5. Acostúmbrate a decir que no.
Camino 6. Vuelve las espaldas al infame cuando susurra en tus oídos: ¿para qué complicarte la vida?
Camino 7. No tengas espíritu pueblerino. -Agranda tu corazón, hasta que sea universal, “católico”. No vueles como un ave de corral, cuando puedes subir como las águilas.
Camino 8. Serenidad. -¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato… y te has de desenfadar al fin?
Camino 9. Eso mismo que has dicho dilo en otro tono, sin ira, y ganará fuerza tu raciocinio, y, sobre todo, no ofenderás a Dios.
Camino 10. No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida. -Espera al día siguiente, o más tiempo aún. -Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. -Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. -Modera tu genio.
Camino 11. Voluntad. -Energía. -Ejemplo. -Lo que hay que hacer, se hace… Sin vacilar… Sin miramientos… Sin esto, ni Cisneros hubiera sido Cisneros; ni Teresa de Ahumada, Santa Teresa…; ni Iñigo de Loyola, San Ignacio… Dios y audacia! -”Regnare Christum volumus!”
Camino 12. Crécete ante los obstáculos. -La gracia del Señor no te ha de faltar: “inter medium montium pertransibunt aquae!” – pasarás a través de los montes! ¿Qué importa que de momento hayas de recortar tu actividad si luego, como muelle que fue comprimido, llegarás sin comparación más lejos que nunca soñaste?
Camino 13. Aleja de ti esos pensamientos inútiles que, por lo menos, te hacen perder el tiempo.
Camino 14. No pierdas tus energías y tu tiempo, que son de Dios, apedreando los perros que te ladren en el camino. Desprécialos.
Camino 15. No dejes tu trabajo para mañana.
Camino 16. ¿Adocenarte? -¿ Tú… del montón!? Si has nacido para caudillo! Entre nosotros no caben los tibios. Humíllate y Cristo te volverá a encender con fuegos de Amor.
Camino 17. No caigas en esa enfermedad del carácter que tiene por síntomas la falta de fijeza para todo, la ligereza en el obrar y en el decir, el atolondramiento…: la frivolidad, en una palabra. Y la frivolidad -no lo olvides- que te hace tener esos planes de cada día tan vacíos (“tan llenos de vacío”), si no reaccionas a tiempo -no mañana: ahora!-, hará de tu vida un pelele muerto e inútil.
Camino 18. Te empeñas en ser mundano, frívolo y atolondrado porque eres cobarde. ¿Qué es, sino cobardía, ese no querer enfrentarte contigo mismo?
Camino 19. Voluntad. -Es una característica muy importante. No desprecies las cosas pequeñas, porque en el continuo ejercicio de negar y negarte en esas cosas -que nunca son futilidades, ni naderías- fortalecerás, virilizarás, con la gracia de Dios, tu voluntad, para ser muy señor de ti mismo, en primer lugar. Y, después, guía, jefe, caudillo!…, que obligues, que empujes, que arrastres, con tu ejemplo y con tu palabra y con tu ciencia y con tu imperio.
Camino 20. Chocas con el carácter de aquel o del otro… Necesariamente ha de ser así: no eres una moneda de cinco duros que a todos gusta. Además, sin esos choques que se producen al tratar al prójimo, ¿cómo irías perdiendo las puntas, aristas y salientes -imperfecciones, defectos- de tu genio para adquirir la forma reglada, bruñida y reciamente suave de la caridad, de la perfección? Si tu carácter y los caracteres de quienes contigo conviven fueran dulzones y tiernos como merengues, no te santificarías.
Camino 21. Pretextos. -Nunca te faltarán para dejar de cumplir tus deberes. Qué abundancia de razonadas sinrazones! No te detengas a considerarlas. -Recházalas y haz tu obligación.
Camino 22. Sé recio. -Sé viril. -Sé hombre. -Y después… sé ángel.
Camino 23. ¿Qué… no puedes hacer más!? -¿No será que… no puedes hacer menos?
Camino 24. Tienes ambiciones:… de saber…, de acaudillar…, de ser audaz. Bueno. Bien. -Pero… por Cristo, por Amor.
Camino 25. No discutáis. -De la discusión no suele salir la luz, porque la apaga el apasionamiento.
Camino 26. El Matrimonio es un sacramento santo. -A su tiempo, cuando hayas de recibirlo, que te aconseje tu director o tu confesor la lectura de algún libro provechoso. -Y te dispondrás mejor a llevar dignamente las cargas del hogar.
Camino 27. ¿Te ríes porque te digo que tienes “vocación matrimonial” -Pues la tienes: así, vocación. Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías.
Camino 28. El matrimonio es para la clase de tropa y no para el estado mayor de Cristo. -Así, mientras comer es una exigencia para cada individuo, engendrar es exigencia sólo para la especie, pudiendo desentenderse las personas singulares. ¿Ansia de hijos?… Hijos, muchos hijos, y un rastro imborrable de luz dejaremos si sacrificamos el egoísmo de la carne.
Camino 29. La relativa y pobre felicidad del egoísta, que se encierra en su torre de marfil, en su caparazón…, no es difícil conseguirla en este mundo. -Pero la fel
icidad del egoísta no es duradera. ¿Vas a perder, por esa caricatura del cielo, la Felicidad de la Gloria, que no tendrá fin?
Camino 30. Eres calculador. -No me digas que eres joven. La juventud da todo lo que puede: se da ella misma sin tasa.
Camino 31. Egoísta. -Tú, siempre a “lo tuyo”. -Pareces incapaz de sentir la fraternidad de Cristo: en los demás, no ves hermanos; ves peldaños. Presiento tu fracaso rotundo. -Y, cuando estés hundido, querrás que vivan contigo la caridad que ahora no quieres vivir.
Camino 32. Tú no serás caudillo si en la masa sólo ves el escabel para alcanzar altura. -Tú serás caudillo si tienes ambición de salvar todas las almas. No puedes vivir de espaldas a la muchedumbre: es menester que tengas ansias de hacerla feliz.
Camino 33. Nunca quieres “agotar la verdad”. -Unas veces, por corrección. Otras -las más-, por no darte un mal rato. Algunas, por no darlo. Y, siempre, por cobardía. Así, con ese miedo a ahondar, jamás serás hombre de criterio.
Camino 34. No tengas miedo a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte.
Camino 35. No me gusta tanto eufemismo: a la cobardía la llamáis prudencia. -Y vuestra “prudencia” es ocasión de que los enemigos de Dios, vacío de ideas el cerebro, se den tono de sabios y escalen puestos que nunca debieran escalar.
Camino 36. Ese abuso no es irremediable. -Es falta de carácter consentir que siga adelante, como cosa desesperada y sin posible rectificación. No soslayes el deber. -Cúmplelo derechamente, aunque otros lo dejen incumplido.
Camino 37. Tienes, como ahora dicen, “mucho cuento”. -Pero, con toda tu verborrea, no lograrás que justifique – providencial!, me has dicho- lo que no tiene justificación.
Camino 38. ¿Será verdad -no creo, no creo- que en la tierra no hay hombres sino vientres?
Camino 39. “Pida que nunca quiera detenerme en lo fácil”. -Ya lo he pedido. Ahora falta que te empeñes en cumplir ese hermoso propósito.
Camino 40. Fe, alegría, optimismo. -Pero no la sandez de cerrar los ojos a la realidad.
Camino 41. Qué modo tan trascendental de vivir las necedades vacías y qué manera de llegar a ser algo en la vida -subiendo, subiendo- a fuerza de “pesar poco”, de no tener nada, ni en el cerebro ni en el corazón!
Camino 42. ¿Por qué esas variaciones de carácter? ¿Cuándo fijarás tu voluntad en algo? -Deja tu afición a las primeras piedras y pon la última en uno solo de tus proyectos.
Camino 43. No me seas tan… susceptible. -Te hieres por cualquier cosa. -Se hace necesario medir las palabras para hablar contigo del asunto más insignificante. No te molestes si te digo que eres… insoportable. -Mientras no te corrijas, nunca serás útil.
Camino 44. Pon la amable excusa que la caridad cristiana y el trato social exigen. -Y, después, camino arriba!, con santa desvergüenza, sin detenerte hasta que subas del todo la cuesta del cumplimiento del deber.
Camino 45. ¿Por qué te duelen esas equivocadas suposiciones que de ti comentan? -Más lejos llegarías, si Dios te dejara. -Persevera en el bien, y encógete de hombros.
Camino 46. ¿No crees que la igualdad, tal como la entienden, es sinónimo de injusticia?
Camino 47. Ese énfasis y ese engolamiento te sientan mal: se ve que son postizos. -Prueba, al menos, a no emplearlos ni con tu Dios, ni con tu director, ni con tus hermanos: y habrá, entre ellos y tú, una barrera menos.
Camino 48. Poco recio es tu carácter: qué afán de meterte en todo! -Te empeñas en ser la sal de todos los platos… Y -no te enfadarás porque te hable claro- tienes poca gracia para ser sal: y no eres capaz de deshacerte y pasar inadvertido a la vista, igual que ese condimento. Te falta espíritu de sacrificio. Y te sobra espíritu de curiosidad y de exhibición.
Camino 49. Cállate. -No me seas “niñoide”, caricatura de niño, “correveidile”, encizañador, soplón. -Con tus cuentos y tus chismes has entibiado la caridad: has hecho la peor labor, y… si acaso has removido -mala lengua- los muros fuertes de la perseverancia de otros, tu perseverancia deja de ser gracia de Dios, porque es instrumento traidor del enemigo.
Camino 50. Eres curioso y preguntón, oliscón y ventanero: ¿no te da vergüenza ser, hasta en los defectos, tan poco masculino? -Sé varón: y esos deseos de saber de los demás trócalos en deseos y realidades de propio conocimiento.
Camino 51. Tu espíritu de varón, rectilíneo y sencillo, se abruma al sentirse envuelto en enredos, dimes y diretes, que no acaba de explicarse y en los que nunca se quiso mezclar. -Pasa por la humillación que supone andar así en boca ajena, y procura que el escarmiento te dé más discreción.
Camino 52. ¿Por qué, al juzgar a los demás, pones en tu crítica el amargor de tus propios fracasos?
Camino 53. Ese espíritu crítico -te concedo que no es susurración – no debes ejercitarlo con vuestro apostolado, ni con tus hermanos. -Ese espíritu crítico, para vuestra empresa sobrenatural -¿me perdonas que te lo diga?- es un gran estorbo, porque mientras examinas la labor de los otros, sin que tengas por qué examinar nada -con absoluta elevación de miras: te lo concedo-, tú no haces obra positiva alguna y enmoheces, con tu ejemplo de pasividad, la buena marcha de todos. “Entonces -preguntas, inquieto- ¿ese espíritu crítico, que es como sustancia de mi carácter…?” Mira -te tranquilizaré-, toma una pluma y una cuartilla: escribe sencilla y confiadamente – ah!, y brevemente- los motivos que te torturan, entrega la nota al superior, y no pienses más en ella. -El, que hace cabeza -tiene gracia de estado-, archivará la nota… o la echará en el cesto de los papeles. -Para ti, como tu espíritu crítico no es susurración y lo ejercitas con elevadas miras, es lo mismo.
Camino 54. ¿Contemporizar? -Es palabra que sólo se encuentra – hay que contemporizar!- en el léxico de los que no tienen gana de lucha -comodones, cucos o cobardes-, porque de antemano se saben vencidos.
Camino 55. Hombre: sé un poco menos ingenuo (aunque seas muy niño, y aun por serlo delante de Dios), y no me “pongas en berlina” a tus hermanos ante los extraños.
Camino 56. Madera de santo. -Eso dicen de algunas gentes: que tienen madera de santos. -Aparte de que los santos no han sido de madera, tener madera no basta. Se precisa mucha obediencia al Director y mucha docilidad a la gracia. -Porque, si no se deja a la gracia de Dios y al Director que hagan su obra, jamás aparecerá la escultura, imagen de Jesús, en que se convierte el hombre santo. Y la “madera de santo”, de que venimos hablando, no pasará de ser un leño informe, sin labrar, para el fuego… para un buen fuego si era buena madera!
Camino 57. Frecuenta el trato del Espíritu Santo -el Gran Desconocido- que es quien te ha de santificar. No olvides que eres templo de Dios. -El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones.
Camino 58. No estorbes la obra del Paráclito: únete a Cristo, para purificarte, y siente, con El, los insultos, y los salivazos, y los bofetones…, y las espinas, y el peso de la cruz…, y los hierros rompiendo tu carne, y las ansias de una muerte en desamparo… Y métete en el costado abierto de Nuestro Señor Jesús hasta hallar cobijo seguro en su llagado Corazón.
Camino 59. Conviene que conozcas esta doctrina segura: el espíritu propio es mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y tempestades, entre los escollos de la vida interior. Por eso es Voluntad de Dios que la dirección de la nave la lleve un Maestro, para que, con su luz y conocimiento, nos conduzca a puerto seguro.
Camino 60. Si no levantarías sin un arquitecto una buena casa para vivir en la tierra, ¿cómo quieres levantar sin Director el alcázar de tu santificación para vivir eternamente en el cielo?
Camino 61. Cuando un seglar se erige en maestro de moral se equivoca frecuentemente: los seglares sólo pueden ser discípulos.
Camino 62. Directo
r. -Lo necesitas. -Para entregarte, para darte…, obedeciendo. -Y Director que conozca tu apostolado, que sepa lo que Dios quiere: así secundará, con eficacia, la labor del Espíritu Santo en tu alma, sin sacarte de tu sitio…, llenándote de paz, y enseñándote el modo de que tu trabajo sea fecundo.
Camino 63. Tú -piensas- tienes mucha personalidad: tus estudios -tus trabajos de investigación, tus publicaciones-, tu posición social -tus apellidos-, tus actuaciones políticas -los cargos que ocupas-, tu patrimonio…, tu edad, ya no eres un niño!… Precisamente por todo eso necesitas más que otros un Director para tu alma.
Camino 64. No ocultes a tu Director esas insinuaciones del enemigo. -Tu victoria, al hacer la confidencia, te da más gracia de Dios. -Y además tienes ahora, para seguir venciendo, el don de consejo y las oraciones de tu padre espiritual.
Camino 65. ¿Por qué ese reparo de verte tú mismo y de hacerte ver por tu Director tal como en realidad eres? Habrás ganado una gran batalla si pierdes el miedo a darte a conocer.
Camino 66. El Sacerdote -quien sea- es siempre otro Cristo.
Camino 67. No quiero -por sabido- dejar de recordarte otra vez que el Sacerdote es “otro Cristo”. -Y que el Espíritu Santo ha dicho: “nolite tangere Christos meos” -no queráis tocar a “mis Cristos”.
Camino 68. Presbítero, etimológicamente, es tanto como anciano. -Si merece veneración la ancianidad, piensa cuánto más habrás de venerar al Sacerdote.
Camino 69. Qué poca finura de espíritu -y qué falta de respeto- supone dedicar bromas y vayas al Sacerdote -quien sea- bajo ningún pretexto!
Camino 70. Insisto: esas bromas -burlas- al Sacerdote, con todas las circunstancias que a ti te parezcan atenuantes, son siempre, por lo menos, una ordinariez, una chabacanería.
Camino 71. Cómo hemos de admirar la pureza sacerdotal! -Es su tesoro. -Ningún tirano podrá arrancar jamás a la Iglesia esta corona.
Camino 72. No me pongas al Sacerdote en el trance de perder su gravedad. Es virtud que, sin envaramiento, necesita tener. Cómo la pedía – Señor, dame… ochenta años de gravedad!- aquel clérigo joven, nuestro amigo! Pídela tú también, para el Sacerdocio entero, y habrás hecho una buena cosa.
Camino 73. Te ha dolido -como una puñalada en el corazón- que dijeran de ti que hablaste mal de aquellos sacerdotes. -Y me alegro de tu dolor: ahora sí que estoy seguro de tu buen espíritu!
Camino 74. Amar a Dios y no venerar al Sacerdote… no es posible.
Camino 75. Como los hijos buenos de Noé, cubre con la capa de la caridad las miserias que veas en tu padre, el Sacerdote.
Camino 76. Si no tienes un plan de vida, nunca tendrás orden.
Camino 77. Eso de sujetarse a un plan de vida, a un horario -me dijiste-, es tan monótono! Y te contesté: hay monotonía porque falta Amor.
Camino 78. Si no te levantas a hora fija nunca cumplirás el plan de vida.
Camino 79. ¿Virtud sin orden? – Rara virtud!
Camino 80. Cuando tengas orden se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás dar más gloria a Dios, trabajando más en su servicio.
Camino 81. La acción nada vale sin la oración: la oración se avalora con el sacrificio.
Camino 82. Primero, oración; después, expiación; en tercer lugar, muy en “tercer lugar”, acción.
Camino 83. La oración es el cimiento del edificio espiritual. -La oración es omnipotente.
Camino 84. “Domine, doce nos orare” – Señor, enséñanos a orar! -Y el Señor respondió: cuando os pongáis a orar, habéis de decir: “Pater noster, qui es in coelis…” -Padre nuestro, que estás en los cielos… Cómo no hemos de tener en mucho la oración vocal!
Camino 85. Despacio. -Mira qué dices, quién lo dice y a quién. -Porque ese hablar de prisa, sin lugar para la consideración, es ruido, golpeteo de latas. Y te diré con Santa Teresa, que no lo llamo oración, aunque mucho menees los labios.
Camino 86. Tu oración debe ser litúrgica. -Ojalá te aficiones a recitar los salmos, y las oraciones del misal, en lugar de oraciones privadas o particulares.
Camino 87. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios”, dijo el Señor. – Pan y palabra!: Hostia y oración. Si no, no vivirás vida sobrenatural.
Camino 88. Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo…, aunque los amigos a veces traicionan. -No me parece mal. Pero… ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?
Camino 89. “María escogió la mejor parte”, se lee en el Santo Evangelio. -Allí está ella, bebiendo las palabras del Maestro. En aparente inactividad, ora y ama. -Después, acompaña a Jesús en sus predicaciones por ciudades y aldeas. Sin oración, qué difícil es acompañarle!
Camino 90. ¿Que no sabes orar? -Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: “Señor, que no sé hacer oración!…”, está seguro de que has empezado a hacerla.
Camino 91. Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” -¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ” tratarse!”
Camino 92. “Et in meditatione mea exardescit ignis” -Y, en mi meditación, se enciende el fuego. -A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz. Por eso cuando no sepas ir adelante, cuando sientas que te apagas, si no puedes echar en el fuego troncos olorosos, echa las ramas y la hojarasca de pequeñas oraciones vocales, de jaculatorias, que sigan alimentando la hoguera. -Y habrás aprovechado el tiempo.
Camino 93. Te ves tan miserable que te reconoces indigno de que Dios te oiga… Pero, ¿y los méritos de María? ¿Y las llagas de tu Señor? Y… ¿acaso no eres hijo de Dios? Además, El te escucha “quoniam bonus…, quoniam in saeculum misericordia ejus”: porque es bueno, porque su misericordia permanece siempre.
Camino 94. Se ha hecho tan pequeño -ya ves: un Niño!- para que te le acerques con confianza.
Camino 95. “In te, Domine, speravi”: en ti, Señor, esperé. -Y puse, con los medios humanos, mi oración y mi cruz. -Y mi esperanza no fue vana, ni jamás lo será: “non confundar in aeternum”!
Camino 96. Habla Jesús: “Así os digo yo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”. Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?
Camino 97. No sabes qué decir al Señor en la oración. No te acuerdas de nada, y, sin embargo, querrías consultarle muchas cosas. -Mira: toma algunas notas durante el día de las cuestiones que desees considerar en la presencia de Dios. Y ve con esa nota luego a orar.
Camino 98. Después de la oración del Sacerdote y de las vírgenes consagradas, la oración más grata a Dios es la de los niños y la de los enfermos.
Camino 99. Cuando vayas a orar, que sea éste un firme propósito: ni más tiempo por consolación, ni menos por aridez.
Camino 100. No digas a Jesús que quieres consuelo en la oración. -Si te lo da, agradéceselo. -Dile siempre que quieres perseverancia.
Camino 101. Persevera en la oración. -Persevera, aunque tu labor parezca estéril. -La oración es siempre fecunda.
Camino 102. Tu inteligencia está torpe, inactiva: haces esfuerzos inútiles para coordinar las ideas en la presencia del Señor: un verdadero atontamiento! No te esfuerces, ni te preocupes. -Oyeme bien: es la hora del corazón.
Camino 103. Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día.
Camino 104. “Pernoctans in oratione Dei” -pasó la noche en oración. -Esto nos dice San Lucas, del Señor. Tú, ¿cuántas veces has perseverado así? -Entonces…
Camino 105. Si no tratas a Cristo en la oración y en el Pan, ¿cómo le vas a dar a conocer?
Camino 106. Me has escrito, y te entiendo: “Hago todos los días mi de oración: si no fuera por eso!”
Camino 107. ¿Santo, sin oración?… -No creo en esa santidad.
Camino 108. Te diré, plagiando la frase de un autor extranjero, que tu vida de apóstol vale lo que vale tu oración.
Camino 109. Si no eres hombre de oración, no creo en la rectitud de tus intenciones cuando dices que trabajas por Cristo.
Camino 110. Me has dicho alguna vez que pareces un reloj descompuesto, que suena a destiempo: estás frío, seco y árido a la hora de tu oración; y, en cambio, cuando menos era de esperar, en la calle, entre los afanes de cada día, en medio del barullo y alboroto de la ciudad, o en la quietud laboriosa de tu trabajo profesional, te sorprendes orando… ¿A destiempo? Bueno; pero no desaproveches esas campanadas de tu reloj. -El espíritu sopla donde quiere.
Camino 111. Me has hecho reír con tu oración… impaciente. -Le decías: “no quiero hacerme viejo, Jesús… Es mucho esperar para verte! Entonces, quizá no tenga el corazón en carne viva, como lo tengo ahora. Viejo, me parece tarde. Ahora, mi unión sería más gallarda, porque te quiero con Amor de doncel”.
Camino 112. Me gusta que vivas esa “reparación ambiciosa”: el mundo!, me has dicho. -Bien. Pero, en primer término, los de tu familia sobrenatural y de sangre, los del país que es nuestra Patria.
Camino 113. Le decías: “No te fíes de mí… Yo sí que me fío de ti, Jesús… Me abandono en tus brazos: allí dejo lo que tengo, mis miserias!” -Y me parece buena oración.
Camino 114. La oración del cristiano nunca es monólogo.
Camino 115. “Minutos de silencio”. -Dejadlos para los que tienen el corazón seco. Los católicos, hijos de Dios, hablamos con el Padre nuestro que está en los cielos.
Camino 116. No dejes tu lección espiritual. -La lectura ha hecho muchos santos.
Camino 117. En la lectura -me escribes- formo el depósito de combustible. -Parece un montón inerte, pero es de allí de donde muchas veces mi memoria saca espontáneamente material, que llena de vida mi oración y enciende mi hacimiento de gracias después de comulgar.
Camino 118. La santa pureza la da Dios cuando se pide con humildad.
Camino 119. ¿Qué hermosa es la santa pureza! Pero no es santa, ni agradable a Dios, si la separamos de la caridad. La caridad es la semilla que crecerá y dará frutos sabrosísimos con el riego, que es la pureza. Sin caridad, la pureza es infecunda, y sus aguas estériles convierten las almas en un lodazal, en una charca inmunda, de donde salen vaharadas de soberbia.
Camino 120. ¿Pureza? -preguntan. Y se sonríen. -Son los mismos que van al matrimonio con el cuerpo marchito y el alma desencantada. Os prometo un libro -si Dios me ayuda- que podrá llevar este título: “Celibato, Matrimonio y Pureza”.
Camino 121. Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia. -Y esa cruzada es obra vuestra.
Camino 122. Muchos viven como ángeles en medio del mundo. -Tú… ¿por qué no?
Camino 123. Cuando te decidas con firmeza a llevar vida limpia, para ti la castidad no será carga: será corona triunfal.
Camino 124. Me escribías, médico apóstol: “Todos sabemos por experiencia que podemos ser castos, viviendo vigilantes, frecuentando los Sacramentos y apagando los primeros chispazos de la pasión sin dejar que tome cuerpo la hoguera. Y precisamente entre los castos se cuentan los hombres más íntegros, por todos los aspectos. Y entre los lujuriosos dominan los tímidos, egoístas, falsarios y crueles, que son características de poca virilidad”.
Camino 125. Yo quisiera -me has dicho- que Juan, el adolescente, tuviera una confidencia conmigo y me diera consejos: y me animase para conseguir la pureza de mi corazón. Si verdaderamente quieres, díselo: y sentirás ánimos y tendrás consejo.
Camino 126. La gula es la vanguardia de la impureza.
Camino 127. No quieras dialogar con la concupiscencia: despréciala.
Camino 128. El pudor y la modestia son hermanos pequeños de la pureza.
Camino 129. Sin la santa pureza no se puede perseverar en el apostolado.
Camino 130. Quítame, Jesús, esa corteza roñosa de podredumbre sensual que recubre mi corazón, para que sienta y siga con facilidad los toques del Paráclito en mi alma.
Camino 131. Nunca hables, ni para lamentarte, de cosas o sucesos impuros. -Mira que es materia más pegajosa que la pez. -Cambia de conversación, y, si no es posible, síguela, hablando de la necesidad y hermosura de la santa pureza, virtud de hombres que saben lo que vale su alma.
Camino 132. No tengas la cobardía de ser “valiente”: huye!
Camino 133. Los santos no han sido seres deformes; casos para que los estudie un médico modernista. Fueron, son normales: de carne, como la tuya. -Y vencieron.
Camino 134. Aunque la carne se vista de seda… -Te diré, cuando te vea vacilar ante la tentación, que oculta su impureza con pretextos de arte, de ciencia…, de caridad! Te diré, con palabras de un viejo refrán español: aunque la carne se vista de seda, carne se queda.
Camino 135. Si supieras lo que vales!… -Es San Pablo quien te lo dice: has sido comprado “pretio magno” -a gran precio. Y luego te dice: “glorificate et portate Deum in corpore vestro” -glorifica a Dios y llévale en tu cuerpo.
Camino 136. Cuando has buscado la compañía de una satisfacción sensual… qué soledad luego!
Camino 137. Y pensar que por una satisfacción de un momento, que dejó en ti posos de hiel y acíbar, me has perdido “el camino”!
Camino 138. “Infelix ego homo!, quis me liberabit de corpore mortis hujus?” – Pobre de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? -Así clama San Pablo. -Anímate: él también luchaba.
Camino 139. A la hora de la tentación piensa en el Amor que en el cielo te aguarda: fomenta la virtud de la esperanza, que no es falta de generosidad.
Camino 140. No te preocupes, pase lo que pase, mientras no consientas. -Porque sólo la voluntad puede abrir la puerta del corazón e introducir en él esas execraciones.
Camino 141. En tu alma parece que materialmente oyes: ” ese prejuicio religioso!”… -Y después la defensa elocuente de todas las miserias de nuestra pobre carne caída: ” sus derechos!”. Cuando esto te suceda di al enemigo que hay ley natural y ley de Dios, y Dios! -Y también infierno.
Camino 142. “Domine!” – Señor!- “si vis, potes me mundare” -si quieres, puedes curarme. -!Qué hermosa oración para que la digas muchas veces con la fe del leprosito cuando te acontezca lo que Dios y tú y yo sabemos! -No tardarás en sentir la respuesta del Maestro: “volo, mundare!” -quiero, sé limpio!
Camino 143. Por defender su pureza San Francisco de Asís se revolcó en la nieve, San Benito se arrojó a un zarzal, San Bernardo se zambulló en un estanque helado… -Tú, ¿qué has hecho?
Camino 144. La pureza limpísima de toda la vida de Juan le hace fuerte ante la Cruz. -Los demás apóstoles huyen del Gólgota: él, con la Madre de Cristo, se queda. -No olvides que la pureza enrecia, viriliza el carácter.
Camino 145. Un grupo de jóvenes en noble y alegre camaradería. Se oye una canción, y después otra y más. Aquel muchacho del bigote moreno sólo oyó la primera: Corazones partidos yo no los quiero; y si le doy el mío, lo doy entero. ” Qué resistencia a dar mi corazón entero!” -Y la oración brotó, en cauce manso y ancho.
Camino 146. Me das la impresión de que llevas el corazón en la mano, como ofreciendo una mercancía: ¿quién lo quiere? -Si no apetece a ninguna criatura, vendrás a entregarlo a Dios. ¿Crees que han hecho así los santos?
Camino 147. ¿Las criaturas para ti? -Las criaturas para Dios: si acaso, para ti por Dios.
Camino 148. ¿Por qué abocarte a beber en las charcas de los
consuelos mundanos si puedes saciar tu sed en aguas que saltan hasta la vida eterna?
Camino 149. Despréndete de las criaturas hasta que quedes desnudo de ellas. Porque -dice el Papa San Gregorio- el demonio nada tiene propio en este mundo, y desnudo acude a la contienda. Si vas vestido a luchar con él, pronto caerás en tierra: porque tendrá de donde cogerte.
Camino 150. Parece como si tu Angel te dijera: tienes tu corazón lleno de tanta afección humana!… -Y luego: ¿eso quieres que custodie tu Custodio?
Camino 151. Desasimiento. – Cómo cuesta!… Quién me diera no tener más atadura que tres clavos ni más sensación en mi carne que la Cruz!
Camino 152. ¿No presientes que te aguarda más paz y más unión cuando hayas correspondido a esa gracia extraordinaria que te exige un total desasimiento? -Lucha por El, por darle gusto: pero fortalece tu esperanza.
Camino 153. Anda!, con generosidad y como un niño, dile: ¿qué me irás a dar cuando me exiges “eso”?
Camino 154. Tienes miedo de hacerte, para todos, frío y envarado. Tanto quieres despegarte! -Deja esa preocupación: si eres de Cristo – todo de Cristo!-, para todos tendrás -también de Cristo- fuego, luz y calor.
Camino 155. Jesús no se satisface “compartiendo”: lo quiere todo.
Camino 156. No quieres sujetarte a la Voluntad de Dios… y te acomodas, en cambio, a la voluntad de cualquier criaturilla.
Camino 157. No me saques las cosas de quicio: si se te da Dios mismo, ¿a qué ese apego a las criaturas?
Camino 158. Ahora son lágrimas. -¿Duele, eh? – Claro, hombre!: por eso precisamente te han dado ahí.
Camino 159. Flaquea tu corazón y buscas un asidero en la tierra. -Bueno; pero cuida de que el apoyo que tomas para no caer no se convierta en peso muerto que te arrastre, en cadena que te esclavice.
Camino 160. Dime, dime: eso… ¿es una amistad o es una cadena?
Camino 161. Haces un derroche de ternura. -Y te digo: caridad con tus prójimos, sí: siempre. -Pero -óyeme bien, alma de apóstol-, es de Cristo, y sólo para El, ese otro sentimiento que el Señor mismo ha puesto en tu pecho. -Además…, no es cierto que al descorrer algún cerrojo de tu corazón -siete cerrojos necesitas- más de una vez quedó flotando en tu horizonte sobrenatural la nubecilla de la duda…, y te preguntas, atormentado a pesar de tu pureza de intención: ¿no habré ido demasiado lejos en mis manifestaciones exteriores de afecto?
Camino 162. El corazón, a un lado. Primero, el deber. -Pero, al cumplir el deber, pon en ese cumplimiento el corazón: que es suavidad.
Camino 163. Si tu ojo derecho te escandalizare…, arráncalo y tíralo lejos! – pobre corazón, que es el que te escandaliza! Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. -Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: “Corazón, corazón en la Cruz!, corazón en la Cruz!”
Camino 164. ¿Cómo va ese corazón? -No te me inquietes: los santos -que eran seres bien conformados y normales, como tú y como yo -sentían también esas “naturales” inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción “sobrenatural” de guardar su corazón -alma y cuerpo- para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido. Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser obstáculo para un alma decidida y “bien enamorada”.
Camino 165. Tú… que por un amorcillo de la tierra has pasado por tantas bajezas, ¿de veras te crees que amas a Cristo y no pasas, por El!, esa humillación?
Camino 166. Me escribes: “Padre, tengo… dolor de muelas en el corazón”. -No lo tomo a chacota, porque entiendo que te hace falta un buen dentista que te haga unas extracciones. Si te dejaras!…
Camino 167. ” Ah, si hubiera roto al principio!”, me has dicho. -Ojalá no tengas que repetir esa exclamación tardía.
Camino 168. “Me hizo gracia que hable usted de la “cuenta” que le pedirá Nuestro Señor. No, para ustedes no será Juez -en el sentido austero de la palabra- sino simplemente Jesús”. -Esta frase, escrita por un Obispo santo, que ha consolado más de un corazón atribulado, bien puede consolar el tuyo.
Camino 169. Te acogota el dolor porque lo recibes con cobardía. -Recíbelo, valiente, con espíritu cristiano: y lo estimarás como un tesoro.
Camino 170. Qué claro el camino!… Qué patentes los obstáculos!… Qué buenas armas para vencerlos!… -Y, sin embargo, cuántas desviaciones y cuántos tropiezos! ¿Verdad? -Es el hilillo sutil -cadena: cadena de hierro forjado-, que tú y yo conocemos, y que no quieres romper, la causa que te aparta del camino y que te hace tropezar y aun caer. -¿A qué esperas para cortarlo… y avanzar?
Camino 171. El Amor… bien vale un amor!
Camino 172. Si no eres mortificado nunca serás alma de oración.
Camino 173. Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes… Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior.
Camino 174. No digas: esa persona me carga. -Piensa: esa persona me santifica.
Camino 175. Ningún ideal se hace realidad sin sacrificio. -Niégate. – Es tan hermoso ser víctima!
Camino 176. Cuántas veces te propones servir a Dios en algo… y te has de conformar, tan miserable eres, con ofrecerle la rabietilla, el sentimiento de no haber sabido cumplir aquel propósito tan fácil!
Camino 177. No desaproveches la ocasión de rendir tu juicio propio. -Cuesta…, pero qué agradable es a los ojos de Dios!
Camino 178. Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin valor… y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada día, la escondida, sin brillo y sin consuelo…, que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú.
Camino 179. Busca mortificaciones que no mortifiquen a los demás.
Camino 180. Donde no hay mortificación, no hay virtud.
Camino 181. Mortificación interior. -No creo en tu mortificación interior si veo que desprecias, que no practicas, la mortificación de los sentidos.
Camino 182. Bebamos hasta la última gota del cáliz del dolor en la pobre vida presente. -¿Qué importa padecer diez años, veinte, cincuenta…, si luego es cielo para siempre, para siempre…, para siempre? -Y, sobre todo, -mejor que la razón apuntada, “propter retributionem”-, ¿qué importa padecer, si se padece por consolar, por dar gusto a Dios nuestro Señor, con espíritu de reparación, unido a El en su Cruz, en una palabra: si se padece por Amor?…
Camino 183. Los ojos! Por ellos entran en el alma muchas iniquidades. – Cuántas experiencias a lo David!… -Si guardáis la vista habréis asegurado la guarda de vuestro corazón.
Camino 184. ¿Para qué has de mirar, si “tu mundo” lo llevas dentro de ti?
Camino 185. El mundo admira solamente el sacrificio con espectáculo, porque ignora el valor del sacrificio escondido y silencioso.
Camino 186. Hay que darse del todo, hay que negarse del todo: es preciso que el sacrificio sea holocausto.
Camino 187. Paradoja: para Vivir hay que morir.
Camino 188. Mira que el corazón es un traidor. -Tenlo cerrado con siete cerrojos.
Camino 189. Todo lo que no te lleve a Dios es un estorbo. Arráncalo y tíralo lejos.
Camino 190. Le hacía el Señor decir a un alma, que tenía un superior inmediato iracundo y grosero: Muchas gracias, Dios mío, por este tesoro verdaderamente divino, porque ¿cuándo encontraré otro que a cada amabilidad me corresponda con un par de coces?
Camino 191. Véncete cada día desde el primer momento, levantándote en punto, a hora fija, sin conceder ni un minuto a la pereza. Si, con la ayuda de Dios, te vences, tendrás mucho adelantado para el resto de la jo
rnada. Desmoraliza tanto sentirse vencido en la primera escaramuza!
Camino 192. Siempre sales vencido. -Proponte, cada vez, la salvación de un alma determinada, o su santificación, o su vocación al apostolado… -Así estoy seguro de tu victoria.
Camino 193. No me seas flojo, blando. -Ya es hora de que rechaces esa extraña compasión que sientes de ti mismo.
Camino 194. Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…
Camino 195. Tuvo acierto quien dijo que el alma y el cuerpo son dos enemigos que no pueden separarse, y dos amigos que no se pueden ver.
Camino 196. Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición.
Camino 197. Si han sido testigos de tus debilidades y miserias, ¿qué importa que lo sean de tu penitencia?
Camino 198. Estos son los frutos sabrosos del alma mortificada: comprensión y transigencia para las miserias ajenas; intransigencia para las propias.
Camino 199. Si el grano de trigo no muere queda infecundo. -¿No quieres ser grano de trigo, morir por la mortificación, y dar espigas bien granadas? – Que Jesús bendiga tu trigal!
Camino 200. No te vences, no eres mortificado, porque eres soberbio. -¿Que tienes una vida penitente? No olvides que la soberbia es compatible con la penitencia… -Más razones: la pena tuya, después de la caída, después de tus faltas de generosidad, ¿es dolor o es rabieta de verte tan pequeño y sin fuerzas? – Qué lejos estás de Jesús, si no eres humilde…, aunque tus disciplinas florezcan cada día rosas nuevas!
Camino 201. Qué sabores de hiel y de vinagre, y de ceniza y de acíbar! Qué paladar tan reseco, pastoso y agrietado! -Parece nada esta impresión fisiológica si la comparamos con los otros sinsabores de tu alma. -Es que “te piden más” y no sabes darlo. -Humíllate: ¿quedaría esa amarga impresión de desagrado, en tu carne y en tu espíritu, si hicieras todo lo que puedes?
Camino 202. ¿Que vas a imponerte voluntariamente un castigo por tu flaqueza y falta de generosidad? -Bueno: pero que sea una penitencia discreta, como impuesta a un enemigo que a la vez fuera nuestro hermano.
Camino 203. La alegría de los pobrecitos hombres, aunque tenga motivo sobrenatural, siempre deja un regusto de amargura. -¿Qué creías? -Aquí abajo, el dolor es la sal de nuestra vida.
Camino 204. Cuántos que se dejarían enclavar en una cruz, ante la mirada atónita de millares de espectadores, no saben sufrir cristianamente los alfilerazos de cada día! -Piensa, entonces, qué es lo más heroico.
Camino 205. Leíamos -tú y yo- la vida heroicamente vulgar de aquel hombre de Dios. -Y le vimos luchar, durante meses y años ( qué “contabilidad”, la de su examen particular!), a la hora del desayuno: hoy vencía, mañana era vencido… Apuntaba: “no tomé mantequilla…, tomé mantequilla!” Ojalá también vivamos -tú y yo- nuestra…, “tragedia” de la mantequilla.
Camino 206. El minuto heroico. -Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y… arriba! -El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza.
Camino 207. Agradece, como un favor muy especial, ese santo aborrecimiento que sientes de ti mismo.
Camino 208. Bendito sea el dolor. -Amado sea el dolor. -Santificado sea el dolor… Glorificado sea el dolor!
Camino 209. Todo un programa, para cursar con aprovechamiento la asignatura del dolor, nos da el Apóstol: “spe gaudentes” -por la esperanza, contentos, “in tribulatione patientes” -sufridos, en la tribulación, “orationi instantes” -en la oración, continuos.
Camino 210. Expiación: ésta es la senda que lleva a la Vida.
Camino 211. Entierra con la penitencia, en el hoyo profundo que abra tu humildad, tus negligencias, ofensas y pecados. -Así entierra el labrador, al pie del árbol que los produjo, frutos podridos, ramillas secas y hojas caducas. -Y lo que era estéril, mejor, lo que era perjudicial, contribuye eficazmente a una nueva fecundidad. Aprende a sacar, de las caídas, impulso: de la muerte, vida.
Camino 212. Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. -Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios… -Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego… no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: El!
Camino 213. Jesús sufre por cumplir la Voluntad del Padre… Y tú, que quieres también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podrás quejarte si encuentras por compañero de camino al sufrimiento?
Camino 214. Di a tu cuerpo: prefiero tener un esclavo a serlo tuyo.
Camino 215. Qué miedo le tiene la gente a la expiación! Si lo que hacen por bien parecer al mundo lo hicieran rectificando la intención, por Dios… qué santos serían algunos y algunas!
Camino 216. ¿Lloras? -No te dé verguenza. Llora: que sí, que los hombres también lloran, como tú, en la soledad y ante Dios. -Por la noche, dice el Rey David, regaré con mis lágrimas mi lecho. Con esas lágrimas, ardientes y viriles, puedes purificar tu pasado y sobrenaturalizar tu vida actual.
Camino 217. Te quiero feliz en la tierra. -No lo serás si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras “caminamos”, en el dolor está precisamente la felicidad.
Camino 218. Qué hermoso es perder la vida por la Vida!
Camino 219. Si sabes que esos dolores -físicos o morales- son purificación y merecimiento, bendícelos.
Camino 220. ¿No te produce mal sabor de boca el deseo de bienestar fisiológico -”Dios le dé salud, hermano”- con que ciertos pobres agradecen o reclaman una limosna?
Camino 221. Si somos generosos en la expiación voluntaria, Jesús nos llenará de gracia para amar las expiaciones que El nos mande.
Camino 222. Que tu voluntad exija a los sentidos, mediante la expiación, lo que las otras potencias le niegan en la oración.
Camino 223. Qué poco vale la penitencia sin la continua mortificación!
Camino 224. ¿Tienes miedo a la penitencia?… A la penitencia, que te ayudará a obtener la Vida eterna. -En cambio, por conservar esta pobre vida de ahora, ¿no ves cómo los hombres se someten a las mil torturas de una cruenta operación quirúrgica?
Camino 225. Tu mayor enemigo eres tú mismo.
Camino 226. Trata a tu cuerpo con caridad, pero no con más caridad que la que se emplea con un enemigo traidor.
Camino 227. Si sabes que tu cuerpo es tu enemigo, y enemigo de la gloria de Dios, al serlo de tu santificación, ¿por qué le tratas con tanta blandura?
Camino 228. “Que pasen buena tarde” -nos dijeron, como es costumbre-, y comentó un alma muy de Dios: qué deseos más cortos!
Camino 229. Contigo, Jesús, qué placentero es el dolor y qué luminosa la oscuridad!
Camino 230. Sufres! -Pues, mira: “El” no tiene el Corazón más pequeño que el nuestro. -¿Sufres? Conviene.
Camino 231. El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios. -Pero, entre unos y otros, hemos abierto la mano. No importa -al contrario- que tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente.
Camino 232. ¿Motivos para la penitencia?: Desagravio, reparación, petición, hacimiento de gracias: medio para ir adelante…: por ti, por mí, por los demás, por tu familia, por tu país, por la Iglesia… Y mil motivos más.
Camino 233. No hagas más penitencia que la que te consienta tu Director.
Camino 234. Cómo ennoblecemos el dolor, poniéndolo en el lugar que le corresponde (expiación) en la economía del espíritu!
Camino 235. Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna?
Camino 236. A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo.
Camino
237. Examínate: despacio, con valentía. -¿No es cierto que tu mal humor y tu tristeza inmotivados -inmotivados, aparentemente- proceden de tu falta de decisión para romper los lazos sutiles, pero “concretos”, que te tendió -arteramente, con paliativos- tu concupiscencia?
Camino 238. El examen general parece defensa. -El particular, ataque. -El primero es la armadura. El segundo, espada toledana.
Camino 239. Una mirada al pasado. Y… ¿lamentarte? No: que es estéril. -Aprender: que es fecundo.
Camino 240. Pide luces. -Insiste: hasta dar con la raíz para aplicarle esa arma de combate que es el examen particular.
Camino 241. Con el examen particular has de ir derechamente a adquirir una virtud determinada o a arrancar el defecto que te domina.
Camino 242. “Lo que debo a Dios, por cristiano: mi falta de correspondencia, ante esa deuda, me ha hecho llorar de dolor: de dolor de Amor. “Mea culpa!” -Bueno es que vayas reconociendo tus deudas: pero no olvides cómo se pagan: con lágrimas… y con obras.
Camino 243. “Qui fidelis est in minimo et in majori fidelis est” -quien es fiel en lo poco también lo es en lo mucho. -Son palabras de San Lucas que te señalan -haz examen- la raíz de tus descaminos.
Camino 244. Reacciona. -Oye lo que te dice el Espíritu Santo: “Si inimicus meus maledixisset mihi, sustinuissem utique” -si mi enemigo me ofende, no es extraño, y es más tolerable. Pero, tú… “tu vero homo unanimis, dux meus, et notus meus, qui simul mecum dulces capiebas cibos” – tú, mi amigo, mi apóstol, que te asientas a mi mesa y comes conmigo dulces manjares!
Camino 245. En días de retiro tu examen debe tener más hondura y más extensión que el tiempo habitual nocturno. -Si no, pierdes una gran ocasión de rectificar.
Camino 246. Acaba siempre tu examen con un acto de Amor -dolor de Amor-: por ti, por todos los pecados de los hombres… -Y considera el cuidado paternal de Dios, que te quitó los obstáculos para que no tropezases.
Camino 247. Concreta. -Que no sean tus propósitos luces de bengala que brillan un instante para dejar como realidad amarga un palitroque negro e inútil que se tira con desprecio.
Camino 248. Eres tan joven! -Me pareces un barco que emprende la marcha. -Esa ligera desviación de ahora, si no la corriges, hará que al final no llegues a puerto.
Camino 249. Haz pocos propósitos. -Haz propósitos concretos. -Y cúmplelos con la ayuda de Dios.
Camino 250. Me has dicho, y te escuché en silencio: “Sí: quiero ser santo.” Aunque esta afirmación, tan difuminada, tan general, me parezca de ordinario una tontería.
Camino 251. Mañana!: alguna vez es prudencia; muchas veces es el adverbio de los vencidos.
Camino 252. Haz este propósito determinado y firme: acordarte, cuando te den honras y alabanzas, de aquello que te averguenza y sonroja. Esto es tuyo; la alabanza y la gloria, de Dios.
Camino 253. Pórtate bien “ahora”, sin acordarte de “ayer”, que ya pasó, y sin preocuparte de “mañana”, que no sabes si llegará para ti.
Camino 254. Ahora! Vuelve a tu vida noble ahora. -No te dejes engañar: “ahora” no es demasiado pronto… ni demasiado tarde.
Camino 255. ¿Quieres que te diga todo lo que pienso de “tu camino”? -Pues, mira: que si correspondes a la llamada, trabajarás por Cristo como el que más: que si te haces hombre de oración, tendrás la correspondencia de que hablo antes y buscarás, con hambre de sacrificio, los trabajos más duros… Y serás feliz aquí y felicísimo luego, en la Vida.
Camino 256. Esa llaga duele. -Pero está en vías de curación: sé consecuente con tus propósitos. Y pronto el dolor será gozosa paz.
Camino 257. Estás como un saco de arena. -No haces nada de tu parte. Y así no es extraño que comiences a sentir los síntomas de la tibieza. -Reacciona.
Camino 258. Rechaza esos escrúpulos que te quitan la paz. -No es de Dios lo que roba la paz del alma. Cuando Dios te visite sentirás la verdad de aquellos saludos: la paz os doy…, la paz os dejo…, la paz sea con vosotros…, y esto, en medio de la tribulación.
Camino 259. Todavía los escrúpulos! -Habla con sencillez y claridad a tu Director. Obedece… y no empequeñezcas el Corazón amorosísimo del Señor.
Camino 260. Tristeza, apabullamiento. No me extraña: es la nube de polvo que levantó tu caída. Pero, basta!: ¿acaso el viento de la gracia no llevó lejos esa nube? Después, tu tristeza -si no la rechazas- bien podría ser la envoltura de tu soberbia. -¿Es qué te creías perfecto e impecable?
Camino 261. Te prohíbo que pienses más en eso. -En cambio, bendice a Dios, que volvió la vida a tu alma.
Camino 262. No pienses más en tu caída. -Ese pensamiento, además de losa que te cubre y abruma, será fácilmente ocasión de próximas tentaciones. -Cristo te perdonó: olvídate del hombre viejo.
Camino 263. No te desalientes. -Te he visto luchar…: tu derrota de hoy es entrenamiento para la victoria definitiva.
Camino 264. Te has portado bien…, aunque hayas caído así de hondo. -Te has portado bien, porque te humillaste, porque has rectificado, porque te has llenado de esperanza, y la esperanza te trajo de nuevo al Amor. -No pongas esa cara boba de pasmo: te has portado bien! -Te alzaste del suelo: “surge”, resonó de nuevo la voz poderosa, “et ambula!”: ahora, a trabajar!
Camino 265. Los hijos… Cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres! Y los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, cómo procuran guardar la dignidad de la realeza! Y tú… ¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre-Dios?
Camino 266. No tomes una decisión sin detenerte a considerar el asunto delante de Dios.
Camino 267. Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando. !Cuántas veces hemos hecho desarrugar el ceño de nuestros padres diciéndoles, después de una travesura: ya no lo haré más! -Quizá aquel mismo día volvimos a caer de nuevo… Y nuestro padre, con fingida dureza en la voz, la cara seria, nos reprende…, a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando: pobre chico, qué esfuerzos hace para portarse bien! Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos.
Camino 268. Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al día. -Porque te da esto y lo otro. -Porque te han despreciado. -Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya. -Porque creó el Sol y la Luna y aquel animal y aquella otra planta. -Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso… Dale gracias por todo, porque todo es bueno.
Camino 269. No seas tan ciego o tan atolondrado que dejes de meterte dentro de cada Sagrario cuando divises los muros o torres de las casas del Señor. -El te espera. No seas tan ciego o tan atolondrado que dejes de rezar a María Inmaculada una jaculatoria siquiera cuando pases junto a los lugares donde sabes que se ofende a Cristo.
Camino 270. ¿No te alegra si has descubierto en tu camino habitual por las calles de la urbe otro Sagrario!?
Camino 271. Decía un alma de oración: en las intenciones, sea Jesús nuestro fin; en los afectos, nuestro Amor; en la palabra, nuestro asunto; en las acciones, nuestro modelo.
Camino 272. Emplea esas santas “industrias humanas” que te aconsejé para no perder la presencia de Dios: jaculatorias, actos de Amor y desagravio, comuniones espirituales, “miradas” a la imagen de Nuestra Señora…
Camino 273. Solo! -No estás solo. Te hacemos mucha comp
añía desde lejos. -Además…, asentado en tu alma en gracia, el Espíritu Santo -Dios contigo- va dando tono sobrenatural a todos tu pensamientos, deseos y obras.
Camino 274. Padre -me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central-, pensaba en lo que usted me dijo… que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, “engallado” el cuerpo y soberbio por dentro… hijo de Dios!” Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la “soberbia”.
Camino 275. No dudo de tu rectitud. -Sé que obras en la presencia de Dios. Pero, hay un pero!: tus acciones las presencian o las pueden presenciar hombres que juzguen humanamente… Y es preciso darles buen ejemplo.
Camino 276. Si te acostumbras, siquiera una vez por semana, a buscar la unión con María para ir a Jesús, verás cómo tienes más presencia de Dios.
Camino 277. Me preguntas: ¿por qué esa Cruz de palo? -Y copio de una carta: “Al levantar la vista del microscopio la mirada va a tropezar con la Cruz negra y vacía. Esta Cruz sin Crucificado es un símbolo. Tiene una significación que los demás no verán. Y el que, cansado, estaba a punto de abandonar la tarea, vuelve a acercar los ojos al ocular y sigue trabajando: porque la Cruz solitaria está pidiendo unas espaldas que carguen con ella”.
Camino 278. Ten presencia de Dios y tendrás vida sobrenatural.
Camino 279. La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. -Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen.
Camino 280. Si pierdes el sentido sobrenatural de tu vida, tu caridad será filantropía; tu pureza, decencia; tu mortificación, simpleza; tu disciplina, látigo, y todas tus obras, estériles.
Camino 281. El silencio es como el portero de la vida interior.
Camino 282. Paradoja: es más asequible ser santo que sabio, pero es más fácil ser sabio que santo.
Camino 283. Distraerte. – Necesitas distraerte!…, abriendo mucho tus ojos para que entren bien las imágenes de las cosas, o cerrándolos casi, por exigencias de tu miopía… Ciérralos del todo!: ten vida interior, y verás, con color y relieve insospechados, las maravillas de un mundo mejor, de un mundo nuevo: y tratarás a Dios…, y conocerás tu miseria…, y te endiosarás… con un endiosamiento que, al acercarte a tu Padre, te hará más hermano de tus hermanos los hombres.
Camino 284. Aspiración: Que sea yo bueno, y todos los demás mejores que yo.
Camino 285. La conversión es cosa de un instante. -La santificación es obra de toda la vida.
Camino 286. Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios.
Camino 287. Pureza de intención. -La tendrás siempre, si, siempre y en todo, sólo buscas agradar a Dios.
Camino 288. Métete en las llagas de Cristo Crucificado. -Allí aprenderás a guardar tus sentidos, tendrás vida interior, y ofrecerás al Padre de continuo los dolores del Señor y los de María, para pagar por tus deudas y por todas las deudas de los hombres.
Camino 289. Tu impaciencia santa, por servirle, no desagrada a Dios. -Pero será estéril si no va acompañada de un efectivo mejoramiento en tu conducta diaria.
Camino 290. Rectificar. -Cada día un poco. -Esta es tu labor constante si de veras quieres hacerte santo.
Camino 291. Tienes obligación de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: “Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto”.
Camino 292. Precisamente tu vida interior debe ser eso: comenzar… y recomenzar.
Camino 293. En la vida interior, ¿has considerado despacio la hermosura de “servir” con voluntariedad actual?
Camino 294. No se veían las plantas cubiertas por la nieve. -Y comentó, gozoso, el labriego dueño del campo: “ahora crecen para adentro.” -Pensé en ti: en tu forzosa inactividad… -Dime: ¿creces también para adentro?
Camino 295. Si no eres señor de ti mismo, aunque seas poderoso, me causa pena y risa tu señorío.
Camino 296. Es duro leer, en los Santos Evangelios, la pregunta de Pilato: “¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, que se llama Cristo?” -Es más penoso oír la respuesta: ” A Barrabás!” Y más terrible todavía darme cuenta de que muchas veces!, al apartarme del camino, he dicho también ” a Barrabás!”, y he añadido “¿a Cristo?… “Crucifige eum!” – Crucifícalo!”
Camino 297. Todo eso, que te preocupa de momento, importa más o menos. -Lo que importa absolutamente es que seas feliz, que te salves.
Camino 298. Luces nuevas! – Qué alegría tienes por que el Señor te hizo descubrir otro Mediterráneo! -Aprovecha esos instantes: es la hora de romper a cantar un himno de acción de gracias: y es también la hora de desempolvar rincones de tu alma, de dejar alguna rutina, de obrar más sobrenaturalmente, de evitar un posible escándalo en el prójimo… -En una palabra: que tu agradecimiento se manifieste en un propósito concreto.
Camino 299. Cristo ha muerto por ti. -Tú… ¿qué debes hacer por Cristo?
Camino 300. Tu experiencia personal -ese desabrimiento, esa inquietud, esa amargura- te hace vivir la verdad de aquellas palabras de Jesús: nadie puede servir a dos señores!
Camino 301. Un secreto. -Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. -Dios quiere un puñado de hombres “suyos” en cada actividad humana. -Después… “pax Christi in regno Christi” -la paz de Cristo en el reino de Cristo.
Camino 302. Tu Crucifijo. -Por cristiano, debieras llevar siempre contigo tu Crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y al despertar: y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también.
Camino 303. Pierde el miedo a llamar al Señor por su nombre -Jesús- y a decirle que le quieres.
Camino 304. Procura lograr diariamente unos minutos de esa bendita soledad que tanta falta hace para tener en marcha la vida interior.
Camino 305. Me has escrito: “La sencillez es como la sal de la perfección. Y es lo que a mí me falta. Quiero lograrla, con la ayuda de El y de usted.” -Ni la de El ni la mía te faltará. -Pon los medios.
Camino 306. Que la vida del hombre sobre la tierra es milicia, lo dijo Job hace muchos siglos. -Todavía hay comodones que no se han enterado.
Camino 307. Ese modo sobrenatural de proceder es una verdadera táctica militar. -Sostienes la guerra -las luchas diarias de tu vida interior- en posiciones, que colocas lejos de los muros capitales de tu fortaleza. Y el enemigo acude allí: a tu pequeña mortificación, a tu oración habitual, a tu trabajo ordenado, a tu plan de vida: y es difícil que llegue a acercarse hasta los torreones, flacos para el asalto, de tu castillo. -Y si llega, llega sin eficacia.
Camino 308. Me escribes y copio: “Mi gozo y mi paz. Nunca podré tener verdadera alegría si no tengo paz. ¿Y qué es la paz? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria. La paz exige de mí una continua lucha, sin lucha no podré tener paz”.
Camino 309. Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! -Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona. Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia!
Camino 310. “Induimini Dominum Jesum Christum” -revestíos de Nuestro Señor Jesucristo, decía San Pablo a los Romanos. -En el Sacramento de la Penitencia es donde tú y yo nos revestimos de Jesucristo y de sus merecimientos.
Camino 311. La guerra! -La guerra tiene una finalidad sobrenatural -me dices- desconocida para el mundo: la guerra ha sido para nosotros… -La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil. -Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus disciplinas.
Camino 312. Poder de tu nombre, Señor! -Encabecé mi carta, como suelo: “Jesús te me guarde”. -Y me escriben: “El
Jesús te me guarde! de su carta ya me ha servido para librarme de una buena. Que El les guarde también a todos”.
Camino 313. “Ya que el Señor me ayuda con su acostumbrada generosidad, procuraré corresponder con un “afinamiento” de mis modos”, me dijiste. -Y yo no tuve nada que añadir.
Camino 314. Te escribí, y te decía: “me apoyo en ti: tu verás qué hacemos…!” – Qué íbamos a hacer, sino apoyarnos en el Otro!
Camino 315. Misionero. -Sueñas con ser misionero. Tienes vibraciones a lo Xavier: y quieres conquistar para Cristo un imperio. -¿El Japón, China, la India, Rusia…, los pueblos fríos del norte de Europa, o América, o Africa, o Australia? -Fomenta esos incendios en tu corazón, esas hambres de almas. Pero no me olvides que eres más misionero “obedeciendo”. Lejos geográficamente de esos campos de apostolado, trabajas “aquí” y “allí”: ¿no sientes – como Xavier!- el brazo cansado después de administrar a tantos el bautismo?
Camino 316. Me dices que sí, que quieres. -Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? -¿No? -Entonces no quieres.
Camino 317. Qué afán ponen los hombres en sus asuntos terrenos!: ilusiones de honores, ambición de riquezas, preocupaciones de sensualidad. -Ellos y ellas, ricos y pobres, viejos y hombres maduros y jóvenes y aun niños: todos igual. -Cuando tú y yo pongamos el mismo afán en los asuntos de nuestra alma tendremos una fe viva y operativa: y no habrá obstáculo que no venzamos en nuestras empresas de apostolado.
Camino 318. Para ti, que eres deportista, qué buena razón es esta del Apóstol!: “Nescitis quod ii qui in stadio currunt omnes quidem currunt, sed unus accipit bravium? Sic currite ut comprehendatis” -¿No sabéis que los que corren en el estadio, aunque todos corren, uno sólo se lleva el premio? Corred de tal manera que le ganéis.
Camino 319. Recógete. -Busca a Dios en ti y escúchale.
Camino 320. Fomenta esos pensamientos nobles, esos santos deseos incipientes… -Un chispazo puede dar lugar a una hoguera.
Camino 321. Alma de apóstol: esa intimidad de Jesús contigo, tan cerca de El, tantos años!, ¿no te dice nada?
Camino 322. Es verdad que a nuestro Sagrario le llamo siempre Betania… -Hazte amigo de los amigos del Maestro: Lázaro, Marta, María. -Y después ya no me preguntarás por qué llamo Betania a nuestro Sagrario.
Camino 323. Tú sabes que hay “consejos evangélicos”. Seguirlos es una finura de amor. -Dicen que es camino de pocos. -A veces, pienso que podría ser camino de muchos.
Camino 324. “Quia hic homo coepit aedificare et non potuit consummare!” – comenzó a edificar y no pudo terminar! Triste comentario, que, si no quieres, no se hará de ti: porque tienes todos los medios para coronar el edificio de tu santificación: la gracia de Dios y tu voluntad.
Camino 325. Lucha contra esa flojedad que te hace perezoso y abandonado en tu vida espiritual. -Mira que puede ser el principio de la tibieza…, y, en frase de la Escritura, a los tibios los vomitará Dios.
Camino 326. Me duele ver el peligro de tibieza en que te encuentras cuando no te veo ir seriamente a la perfección dentro de tu estado. -Di conmigo: no quiero tibieza!: “confige timore tuo carnes meas!” – dame, Dios mío, un temor filial, que me haga reaccionar!
Camino 327. Ya sé que evitas los pecados mortales. – Quieres salvarte! -Pero no te preocupa ese continuo caer deliberadamente en pecados veniales, aunque sientes la llamada de Dios, para vencerte en cada caso. -Tu tibieza hace que tengas esa mala voluntad.
Camino 328. Qué poco amor de Dios tienes cuando cedes sin lucha porque no es pecado grave!
Camino 329. Los pecados veniales hacen mucho daño al alma. -Por eso, “capite nobis vulpes parvulas, quae demoliuntur vineas”, dice el Señor en el “Cantar de los Cantares”: cazad las pequeñas raposas que destruyen la viña.
Camino 330. Qué pena me das mientras no sientas dolor de tus pecados veniales! -Porque, hasta entonces, no habrás comenzado da tener verdadera vida interior.
Camino 331. Eres tibio si haces perezosamente y de mala gana las cosas que se refieren al Señor; si buscas con cálculo o “cuquería” el modo de disminuir tus deberes; si no piensas más que en ti y en tu comodidad; si tus conversaciones son ociosas y vanas; si no aborreces el pecado venial; si obras por motivos humanos.
Camino 332. Al que pueda ser sabio no le perdonamos que no lo sea.
Camino 333. Estudio. -Obediencia: “non multa, sed multum”.
Camino 334. Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado…, pero no estudias. -No sirves entonces si no cambias. El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros.
Camino 335. Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración.
Camino 336. Si has de servir a Dios con tu inteligencia, para ti estudiar es una obligación grave.
Camino 337. Frecuentas los Sacramentos, haces oración, eres casto… y no estudias… -No me digas que eres bueno: eres solamente bondadoso.
Camino 338. Antes, como los conocimientos humanos -la ciencia- eran muy limitados, parecía muy posible que un solo individuo sabio pudiera hacer la defensa y apología de nuestra Santa Fe. Hoy, con la extensión y la intensidad de la ciencia moderna, es preciso que los apologistas se dividan el trabajo para defender en todos los terrenos científicamente a la Iglesia. -Tú… no te puedes desentender de esta obligación.
Camino 339. Libros: no los compres sin aconsejarte de personas cristianas, doctas y discretas. -Podrías comprar una cosa inútil o perjudicial. Cuántas veces creen llevar debajo del brazo un libro… y llevan una carga de basura!
Camino 340. Estudia. -Estudia con empeño. -Si has de ser sal y luz, necesitas ciencia, idoneidad. ¿O crees que por vago y comodón vas a recibir ciencia infusa?
Camino 341. Está bien que pongas ese empeño en el estudio, siempre que pongas el mismo empeño en adquirir la vida interior.
Camino 342. No olvides que antes de enseñar hay que hacer. -”Coepit facere et docere”, dice de Jesucristo la Escritura Santa: comenzó a hacer y a enseñar. -Primero, hacer. Para que tú y yo aprendamos.
Camino 343. Trabaja. -Cuando tengas la preocupación de una labor profesional, mejorará la vida de tu alma: y serás más varonil, porque abandonarás ese “espíritu de chinchorrería” que te consume.
Camino 344. Educador: el empeño innegable que pones en conocer y practicar el mejor método para que tus alumnos adquieran la ciencia terrena ponlo también en conocer y practicar la ascética cristiana, que es el único método para que ellos y tú seáis mejores.
Camino 345. Cultura, cultura! -Bueno: que nadie nos gane a ambicionarla y poseerla. -Pero, la cultura es medio y no fin.
Camino 346. Estudiante: fórmate en una piedad sólida y activa, destaca en el estudio, siente anhelos firmes de apostolado profesional. -Y yo te prometo, con ese vigor de tu formación religiosa y científica, prontas y dilatadas expansiones.
Camino 347. Sólo te preocupas de edificar tu cultura. -Y es preciso edificar tu alma. -Así trabajarás como debes, por Cristo: para que El reine en el mundo hace falta que haya quienes, con la vista en el cielo, se dediquen prestigiosamente a todas las actividades humanas, y, desde ellas, ejerciten calladamente -y eficazmente- un apostolado de carácter profesional.
Camino 348. Tu desidia, tu dejadez, tu gandulería son cobardía y comodidad -te lo arguye de continuo la conciencia-, pero “no son camino”.
Camino 349. Queda tranquilo si asentaste una opinión ortodoxa, aunque la malicia del que te escuchó le lleve a escandalizarse. -Porque su escándalo es farisaico.
Camino 350. No es suficiente que seas sabio, además de buen cristiano. -Si no corriges las maneras bruscas de tu carácter, si haces incompatibles tu celo y tu ciencia con la buena educaci
ón, no entiendo que puedas ser santo. -Y, si eres sabio, aunque lo seas, deberías estar amarrado a un pesebre, como un mulo.
Camino 351. Con ese aire de suficiencia resultas un tipo molesto y antipático, te pones en ridículo, y, lo que es peor, quitas eficacia a tu trabajo de apóstol. No olvides que hasta las “medianías” pueden pecar por demasiado sabias.
Camino 352. Tu misma inexperiencia te lleva a esa presunción, a esa vanidad, a eso que tú crees que te da aire de importancia. -Corrígete, por favor. Necio y todo, puedes llegar a ocupar cargos de dirección (más de un caso se ha visto), y, si no te persuades de tu falta de dotes, te negarás a escuchar a quienes tengan don de consejo. Y causa miedo pensar el daño que hará tu desgobierno.
Camino 353. Aconfesionalismo. Neutralidad. -Viejos mitos que intentan siempre remozarse. ¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católico, al entrar en la Universidad o en la Asociación profesional o en la Asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?
Camino 354. Aprovéchame el tiempo. -No te olvides de la higuera maldecida. Ya hacía algo: echar hojas. Como tú… -No me digas que tienes excusas. -No le valió a la higuera -narra el Evangelista- no ser tiempo de higos, cuando el Señor los fue a buscar en ella. -Y estéril quedó para siempre.
Camino 355. Los que andan en negocios humanos dicen que el tiempo es oro. -Me parece poco: para los que andamos en negocios de almas el tiempo es gloria!
Camino 356. No me explico que te llames cristiano y tengas esa vida de vago inútil. -¿Olvidas la vida de trabajo de Cristo?
Camino 357. Todos los pecados -me has dicho- parece que están esperando el primer rato de ocio. El ocio mismo ya debe ser un pecado! -El que se entrega a trabajar por Cristo no ha de tener un momento libre, porque el descanso no es no hacer nada: es distraernos en actividades que exigen menos esfuerzo.
Camino 358. Estar ocioso es algo que no se comprende en un varón con alma de apóstol.
Camino 359. Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo.
Camino 360. Cómo te reías, noblemente, cuando te aconsejé que pusieras tus años mozos bajo la protección de San Rafael!: para que te lleve a un matrimonio santo, como al joven Tobías, con una mujer buena y guapa y rica -te dije, bromista. Y luego, qué pensativo te quedaste!, cuando seguí aconsejándote que te pusieras también bajo el patrocinio de aquel apóstol adolescente, Juan: por si el Señor te pedía más.
Camino 361. Para ti, que te quejas interiormente, porque te tratan con dureza, y sientes el contraste de ese rigor con la conducta de los de tu sangre, copio estos párrafos de la carta de un alférez médico: “Ante el enfermo, cabe la actitud fría y calculadora, pero objetiva y útil para el paciente, del profesional honrado. Y la ñoñería llorona de la familia. -¿Qué sería de un puesto de socorro, durante un combate, cuando va llegando el chorreo de heridos que se acumulan porque la evacuación no es lo suficientemente rápida, si junto a cada camilla hubiese una familia? Como para pasarse al enemigo”.
Camino 362. No necesito milagros: me sobra con los que hay en la Escritura. -En cambio, me hace falta tu cumplimiento del deber, tu correspondencia a la gracia.
Camino 363. Desilusionado. -Vienes alicaído. Los hombres te acaban de dar una lección! -Creían que no los necesitabas, y rezumaban ofrecimientos. La posibilidad de que tuvieran que ayudarte económicamente -unas pesetillas miserables- convirtió la amistad en indiferencia. -Confía sólo en Dios y en quienes, por El, están unidos a ti.
Camino 364. Ah, si te propusieras servir a Dios “seriamente”, con el mismo empeño que pones en servir tu ambición, tus vanidades, tu sensualidad!…
Camino 365. Si sientes impulsos de ser caudillo, tu aspiración será: con tus hermanos, el último; con los demás, el primero.
Camino 366. Vamos a ver, ¿qué injuria se te hace a ti porque aquél o el otro tengan más confianza con determinadas personas, a quienes conocieron antes o por quienes sienten más afinidades de simpatía, de profesión, de carácter? -Sin embargo, entre los tuyos, evita cuidadosamente aun la apariencia de una amistad particular.
Camino 367. El manjar más delicado y selecto, si lo come un cerdo (que así se llama, sin perdón) se convierte, a lo más, en carne de cerdo! Seamos ángeles, para dignificar las ideas, al asimilarlas. -Cuando menos, seamos hombres: para convertir los alimentos, siquiera, en músculos nobles y bellos, o quizá en cerebro potente… capaz de entender y adorar a Dios. Pero… no seamos bestias, como tantos y tantos!
Camino 368. ¿Te aburres? -Es que tienes los sentidos despiertos y el alma dormida.
Camino 369. La caridad de Jesucristo te llevará a muchas concesiones… nobilísimas. -Y la caridad de Jesucristo te llevará a muchas intransigencias…, nobilísimas también.
Camino 370. Si no eres malo, y lo pareces, eres tonto. -Y esa tontería -piedra de escándalo- es peor que la maldad.
Camino 371. Cuando bullen, “haciendo cabeza” de manifestaciones exteriores de religiosidad, gentes profesionalmente mal conceptuadas, de seguro que sentís ganas de decirles al oído: Por favor, tengan la bondad de ser menos católicos!
Camino 372. Si tienes un puesto oficial, tienes también unos derechos, que nacen del ejercicio de ese cargo, y unos deberes. -Te apartas de tu camino de apóstol, si, con ocasión -o con excusa- de una obra de celo, dejas incumplidos los deberes del cargo. Porque me perderás el prestigio profesional, que es precisamente tu “anzuelo de pescador de hombres”.
Camino 373. Me gusta tu lema de apóstol: “Trabajar sin descanso”.
Camino 374. ¿Por qué esa precipitación? -No me digas que es actividad: es atolondramiento.
Camino 375. Disipación. -Dejas que se abreven tus sentidos y potencias en cualquier charca. -Así andas tú luego: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia. -Vuelve con seriedad a sujetarte a un plan, que te haga llevar vida de cristiano, o nunca harás nada de provecho.
Camino 376. ” Influye tanto el ambiente!”, me has dicho. -Y hube de contestar: sin duda. Por eso es menester que sea tal vuestra formación, que llevéis, con naturalidad, vuestro propio ambiente, para dar “vuestro tono” a la sociedad con la que conviváis. -Y, entonces, si has cogido este espíritu, estoy seguro de que me dirás con el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo: ” Influimos tanto en el ambiente!”
Camino 377. Y ¿cómo adquiriré “nuestra formación”, y cómo conservaré “nuestro espíritu”? -Cumpliéndome las normas concretas que tu Director te entregó y te explicó y te hizo amar: cúmplelas y serás apóstol.
Camino 378. No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu Fe.
Camino 379. Naturalidad. -Que vuestra vida de caballeros cristianos, de mujeres cristianas -vuestra sal y vuestra luz- fluya espontáneamente, sin rarezas, ni ñoñerías: llevad siempre con vosotros nuestro espíritu de sencillez.
Camino 380. “Y ¿en un ambiente paganizado o pagano, al chocar este ambiente con mi vida, no parecerá postiza mi naturalidad?”, me preguntas. -Y te contesto: Chocará sin duda, la vida tuya con la de ellos, y ese contraste, por confirmar con tus obras tu fe, es precisamente la naturalidad que yo te pido.
Camino 381. No te importe si dicen que tienes espíritu de cuerpo. ¿Qué quieren? ¿Un instrumento delicuescente, que se haga pedazos a la hora de empuñarlo?
Camino 382. Al regalarte aquella Historia de Jesús, puse como dedicatoria: “Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo”. -Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado, por lo menos, vivir la primera?
Camino 383. S
i te ven flaquear… y eres jefe, no es extraño que se quebrante la obediencia.
Camino 384. Confusionismo. -Supe que vacilaba la rectitud de tu criterio. Y, para que me entendieras, te escribí: el diablo tiene la cara muy fea, y, como sabe tanto, no se expone a que le veamos los cuernos. No va de frente. -Por eso, cuántas veces viene con disfraz de nobleza y hasta de espiritualidad!
Camino 385. Dice el Señor: “Un mandato nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. En esto conocerán que sois mis discípulos”. -Y San Pablo: “Llevad unos la carga de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo”. -Yo no te digo nada.
Camino 386. No olvides, hijo, que para ti en la tierra sólo hay un mal, que habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado.
Camino 387. El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por estos tres puntos: La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desverguenza.
Camino 388. Una cosa es la santa desverguenza y otra la frescura laica.
Camino 389. La santa desverguenza es una característica de la “vida de infancia”. Al pequeño, no le preocupa nada. -Sus miserias, sus naturales miserias, se ponen de relieve sencillamente, aunque todo el mundo le contemple… Esa desverguenza, llevada a la vida sobrenatural, trae este raciocinio: alabanza, menosprecio…: admiración, burla…: honor, deshonor…: salud, enfermedad…: riqueza, pobreza…: hermosura, fealdad… Bien; y eso… ¿qué?
Camino 390. Ríete del ridículo. -Desprecia el qué dirán. Ve y siente a Dios en ti mismo y en lo que te rodea. Así acabarás por conseguir la santa desverguenza que precisas, oh paradoja!, para vivir con delicadeza de caballero cristiano.
Camino 391. ¿Si tienes la santa desverguenza, qué te importa del “qué habrán dicho” o del “qué dirán”?
Camino 392. Convéncete de que el ridículo no existe para quien hace lo mejor.
Camino 393. Un hombre, un… caballero transigente, volvería a condenar a muerte a Jesús.
Camino 394. La transigencia es señal cierta de no tener la verdad. -Cuando un hombre transige en cosas de ideal, de honra o de Fe, ese hombre es un… hombre sin ideal, sin honra y sin Fe.
Camino 395. Aquel hombre de Dios, curtido en la lucha, argumentaba así: ¿Que no transijo? Claro!: porque estoy persuadido de la verdad de mi ideal. En cambio, usted es muy transigente…: ¿le parece que dos y dos sean tres y medio? -¿No?…, ¿ni por amistad cede en tan poca cosa? – Es que, por primera vez, se ha persuadido de tener la verdad… y se ha pasado a mi partido!
Camino 396. La santa intransigencia no es intemperancia.
Camino 397. Sé intransigente en la doctrina y en la conducta. -Pero sé blando en la forma. -Maza de acero poderosa, envuelta en funda acolchada. Sé intransigente, pero no seas cerril.
Camino 398. La intransigencia no es intransigencia a secas: es “la santa intransigencia”. No olvidemos que también hay una “santa coacción”.
Camino 399. Si, por salvar una vida terrena, con aplauso de todos, empleamos la fuerza para evitar que un hombre se suicide…, ¿no vamos a poder emplear la misma coacción -la santa coacción- para salvar la Vida (con mayúscula) de muchos que se obstinan en suicidar idiotamente su alma?
Camino 400. Cuántos crímenes se cometen en nombre de la justicia! Si tú vendieras armas de fuego y alguien te diera el precio de una de ellas, para matar con esa arma a tu madre, ¿se la venderías?… Pues ¿acaso no te daba su justo precio?… -Catedrático, periodista, político, hombre de diplomacia: meditad.
Camino 401. Dios y audacia! -La audacia no es imprudencia. -La audacia no es osadía.
Camino 402. No pidas a Jesús perdón tan sólo de tus culpas: no le ames con tu corazón solamente… Desagráviale por todas las ofensas que le han hecho, le hacen y le harán…, ámale con toda la fuerza de todos los corazones de todos los hombres que más le hayan querido. Sé audaz: dile que estás más loco por El que María Magdalena, más que Teresa y Teresita…, más chiflado que Agustín y Domingo y Francisco, más que Ignacio y Javier.
Camino 403. Ten todavía más audacia y, cuando necesites algo, partiendo siempre del “Fiat”, no pidas: di “Jesús, quiero esto o lo otro”, porque así piden los niños.
Camino 404. Has fracasado! -Nosotros no fracasamos nunca. -Pusiste del todo tu confianza en Dios. -No perdonaste, luego, ningún medio humano. Convéncete de esta verdad: el éxito tuyo -ahora y en esto- era fracasar. -Da gracias al Señor y a comenzar de nuevo!
Camino 405. ¿Que has fracasado? -Tú -estás bien convencido- no puedes fracasar. No has fracasado: has adquirido experiencia. – Adelante!
Camino 406. Aquello fue un fracaso, un desastre: porque perdiste nuestro espíritu. -Ya sabes que, con miras sobrenaturales, el final (¿victoria?, ¿derrota?, bah!) sólo tiene un nombre: éxito.
Camino 407. No confundamos los derechos del cargo con los de la persona. -Aquéllos no pueden ser renunciados.
Camino 408. Santurrón es a santo, lo que beato a piadoso: su caricatura.
Camino 409. No pensemos que valdrá de algo nuestra aparente virtud de santos, si no va unida a las corrientes virtudes de cristianos. -Esto sería adornarse con espléndidas joyas sobre los paños menores.
Camino 410. Que tu virtud no sea una virtud sonora.
Camino 411. Muchos falsos apóstoles, a pesar de ellos, hacen bien a la masa, al pueblo, por la virtud misma de la doctrina de Jesús que predican, aunque no la practiquen. Pero no se compensa, con este bien, el mal enorme y efectivo que producen matando almas de caudillos, de apóstoles, que se apartan, asqueadas, de quienes no hacen lo que enseñan a los demás. Por eso, si no quieren llevar una vida íntegra, no deben ponerse jamás en primera fila, como jefes de grupo, ni ellos, ni ellas.
Camino 412. Que el fuego de tu Amor no sea un fuego fatuo. -Ilusión, mentira de fuego, que ni prende en llamaradas lo que toca, ni da calor.
Camino 413. El “non serviam” de Satanás ha sido demasiado fecundo. -¿No sientes el impulso generoso de decir cada día, con voluntad de oración y de obras, un “serviam” – te serviré, te seré fiel!- que supere en fecundidad a aquel clamor de rebeldía?
Camino 414. Qué pena, un “hombre de Dios” pervertido! -Pero cuánta más pena, un “hombre de Dios” tibio y mundano!
Camino 415. No hagas mucho caso de lo que el mundo llama victorias o derrotas. – Sale tantas veces derrotado el vencedor!
Camino 416. “Sine me nihil potestis facere!” Luz nueva, mejor, resplandores nuevos, para mis ojos, de esa Luz Eterna, que es el Santo Evangelio. -¿Pueden extrañarme “mis”… tonterías? -Meta yo a Jesús en todas mis cosas. Y, entonces, no habrá tonterías en mi conducta: y, si he de hablar con propiedad, no diré más mis cosas, sino “nuestras cosas”.
Camino 417. No hay más amor que el Amor!
Camino 418. El secreto para dar relieve a lo más humilde, y aun a lo más humillante, es amar.
Camino 419. -Niño. -Enfermo. -Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula? Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son El.
Camino 420. Qué poco es una vida, para ofrecerla a Dios!…
Camino 421. Un amigo es un tesoro. -Pues… un Amigo!…, que donde está tu tesoro allí está tu corazón.
Camino 422. Jesús es tu amigo. -El Amigo. -Con corazón de carne, como el tuyo. -Con ojos, de mirar amabilísimo, que lloraron por Lázaro… Y tanto como a Lázaro, te quiere a ti.
Camino 423. Dios mío, te amo, pero… enséñame a amar!
Camino 424. Castigar por Amor: este es el secreto para elevar a un plano sobrenatural la pena impuesta a quienes la merezcan. Por amor de Dios, a quien se ofende, sirva la pena de expiación: por amor al prójimo por Dios, sirva la pena, jamás de venganza, sino de medicina saludable.
Camino 425. ¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y… no me he vuelto loco?
Camino 426. En Cristo tenemos tod
os los ideales: porque es Rey, es Amor, es Dios.
Camino 427. Señor: que tenga peso y medida en todo… menos en el Amor.
Camino 428. Si el Amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, ¿qué será el Amor en el cielo?
Camino 429. Todo lo que se hace por Amor adquiere hermosura y se engrandece.
Camino 430. Jesús, que sea yo el último en todo… y el primero en el Amor.
Camino 431. No temas a la Justicia de Dios. -Tan admirable y tan amable es en Dios la Justicia como la Misericordia: las dos son pruebas del Amor.
Camino 432. Considera lo más hermoso y grande de la tierra…, lo que place al entendimiento y a las otras potencias…, y lo que es recreo de la carne y de los sentidos… Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. -Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas…, nada vale, es nada y menos que nada, al lado de este Dios mío! – tuyo!- tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa… y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía.
Camino 433. Vive de Amor y vencerás siempre -aunque seas vencido- en las Navas y los Lepantos de tu lucha interior.
Camino 434. Deja que se vierta tu corazón en efusiones de Amor y de agradecimiento al considerar cómo la gracia de Dios te saca libre cada día de os lazos que te tiende el enemigo.
Camino 435. “Timor Domini sanctus”. -Santo es el temor de Dios. -Temor que es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil, porque tu Padre-Dios no es un tirano.
Camino 436. Dolor de Amor. -Porque El es bueno. -Porque es tu Amigo, que dio por ti su Vida. -Porque todo lo bueno que tienes es suyo. -Porque le has ofendido tanto… Porque te ha perdonado… El!… a ti!! -Llora, hijo mío, de dolor de Amor.
Camino 437. Si un hombre hubiera muerto por librarme de la muerte!… -Murió Dios. Y me quedo indiferente.
Camino 438. Loco! -Ya te vi -te creías solo en la capilla episcopal- poner en cada cáliz y en cada patena, recién consagrados, un beso: para que se lo encuentre El, cuando por primera vez “baje” a esos vasos eucarísticos.
Camino 439. No olvides que el Dolor es la piedra de toque del Amor.
Camino 440. Cuando hayas terminado tu trabajo, haz el de tu hermano, ayudándole, por Cristo, con tal delicadeza y naturalidad que ni el favorecido se dé cuenta de que estás haciendo más de lo que en justicia debes. – Esto sí que es fina virtud de hijo de Dios!
Camino 441. Te duelen las faltas de caridad del prójimo para ti. ¿Cuánto dolerán a Dios tus faltas de caridad -de Amor- para El?
Camino 442. No admitas un mal pensamiento de nadie, aunque las palabras u obras del interesado den pie para juzgar así razonablemente.
Camino 443. No hagas crítica negativa: cuando no puedes alabar, cállate.
Camino 444. Nunca hables mal de tu hermano, aunque tengas sobrados motivos. -Ve primero al Sagrario, y luego ve al Sacerdote, tu padre, y desahoga también tu pena con él. -Y con nadie más.
Camino 445. La murmuración es roña que ensucia y entorpece el apostolado. -Va contra la caridad, resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la unión con Dios.
Camino 446. Si eres tan miserable, ¿cómo te extraña que los demás tengan miserias?
Camino 447. Después de ver en qué se emplean, íntegras!, muchas vidas (lengua, lengua, lengua con todas sus consecuencias), me parece más necesario y más amable el silencio. -Y entiendo muy bien que pidas cuenta, Señor, de la palabra ociosa.
Camino 448. Es más fácil decir que hacer. -Tú…, que tienes esa lengua tajante -de hacha-, ¿has probado alguna vez, por casualidad siquiera, a hacer “bien” lo que, según tu “autorizada” opinión, hacen los otros menos bien?
Camino 449. Eso se llama: susurración, murmuración, trapisonda, enredo, chisme, cuento, insidia…, ¿calumnia?, ¿vileza? -Es difícil que la “función de criterio”, de quien no tiene por qué ejercitarla, no acabe en “faena de comadres”.
Camino 450. Cuánto duele a Dios y cuánto daña a muchas almas -y cuánto puede santificar a otras- la injusticia de los “justos”!
Camino 451. No queramos juzgar. -Cada uno ve la cosas desde su punto de vista… y con su entendimiento, bien limitado casi siempre, y oscuros o nebulosos, con tinieblas de apasionamiento, sus ojos, muchas veces. Además, lo mismo que la de esos pintores modernistas, es la visión de ciertas personas tan subjetiva y tan enfermiza, que trazan unos rasgos arbitrarios asegurándonos que son nuestro retrato, nuestra conducta… Qué poco valen los juicios de los hombres! -No juzguéis sin tamizar vuestro juicio en la oración.
Camino 452. Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te ha perdonado Dios a ti.
Camino 453. ¿Murmuras? -Pierdes, entonces, el buen espíritu y, si no aprendes a callar, cada palabra es un paso que te acerca a la puerta de salida de esa empresa apostólica en la que trabajas.
Camino 454. No juzguéis sin oír a las dos partes. -Muy fácilmente, aun las personas que se tienen por piadosas, se olvidan de esta norma de prudencia elemental.
Camino 455. ¿Sabes el daño que puedes ocasionar al tirar lejos una piedra si tienes los ojos vendados? -Tampoco sabes el perjuicio que puedes producir, a veces grave, al lanzar frases de murmuración, que te parecen levísimas, porque tienes los ojos vendados por la desaprensión o por el acaloramiento.
Camino 456. Hacer crítica, destruir, no es difícil: el último peón de albañilería sabe hincar su herramienta en la piedra noble y bella de una catedral. -Construir: ésta es la labor que requiere maestros.
Camino 457. ¿Quién eres tú para juzgar el acierto del superior? -¿No ves que él tiene más elementos de juicio que tú; más experiencia; más rectos, sabios y desapasionados consejeros; y, sobre todo, más gracia, una gracia especial, gracia de estado, que es luz y ayuda poderosa de Dios?
Camino 458. Esos choques con el egoísmo del mundo te harán estimar en más la caridad fraternal de los tuyos.
Camino 459. Tu caridad es… presuntuosa. -Desde lejos, atraes: tienes luz. -De cerca, repeles: te falta calor. – Qué lástima!
Camino 460. “Frater qui adjuvatur a fratre quasi civitas firma” -El hermano ayudado por su hermano es tan fuerte como una ciudad amurallada. -Piensa un rato y decídete a vivir la fraternidad que siempre te recomiendo.
Camino 461. Si no te veo practicar la bendita fraternidad, que de continuo te predico, te recordaré aquellas palabras entrañables de San Juan: “Filioli mei, non diligamus verbo neque lingua, sed opere et veritate” -Hijitos míos, no amemos con la palabra o con la lengua, sino con obras y de verdad.
Camino 462. Poder de la caridad! -Vuestra mutua flaqueza es también apoyo que os sostiene derechos en el cumplimiento del deber si vivís vuestra fraternidad bendita: como mutuamente se sostienen, apoyándose, los naipes.
Camino 463. Más que en “dar”, la caridad está en “comprender”. -Por eso busca una excusa para tu prójimo -las hay siempre-, si tienes el deber de juzgar.
Camino 464. ¿Sabes que aquella persona está en peligro para su alma? -Desde lejos, con tu vida de unión, puedes serle ayuda eficaz. – Hala, pues!, y no te intranquilices.
Camino 465. Esas desazones que sientes por tus hermanos me parecen bien: son prueba de vuestra mutua caridad. -Procura, sin embargo, que tus desazones no degeneren en inquietud.
Camino 466. De ordinario, la gente es muy poco generosa con su dinero -me escribes-. Conversación, entusiasmos bulliciosos, promesas, planes. -A la hora del sacrificio, son pocos los que “arriman el hombro”. Y, si dan, ha de ser con una diversión interpuesta -baile, tómbola, cine, velada- o anuncio y lista de donativos en la prensa. -Triste es el cuadro
, pero tiene excepciones: sé tú también de los que no dejan que su mano izquierda, cuando dan limosna, sepa lo que hace la derecha.
Camino 467. Libros. -Extendí la mano, como un pobrecito de Cristo, y pedí libros. Libros!, que son alimento, para la inteligencia católica, apostólica y romana de muchos jóvenes universitarios. -Extendí la mano, como un pobrecito de Cristo… y me llevé cada chasco! -¿Por qué no entienden, Jesús, la honda caridad cristiana de esa limosna, más eficaz que dar pan de buen trigo?
Camino 468. Eres excesivamente candoroso. – Que son pocos los que practican la caridad! -Que tener caridad no es dar ropa vieja o monedas de cobre… -Y me cuentas tu caso y tu desilusión. -Sólo se me ocurre esto: vamos tú y yo a dar y a darnos sin tacañería. Y evitaremos que quienes nos traten adquieran tu triste experiencia.
Camino 469. “Saludad a todos los santos. Todos los santos os saludan. A todos los santos que viven en Efeso. A todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos.” -¿Verdad que es conmovedor ese apelativo – santos!- que empleaban los primeros fieles cristianos para denominarse entre sí? -Aprende a tratar a tus hermanos.
Camino 470. Pero… ¿y los medios? -Son los mismos de Pedro y de Pablo, de Domingo y Francisco, de Ignacio y Javier: el Crucifijo y el Evangelio… -¿Acaso te parecen pequeños?
Camino 471. En las empresas de apostolado, está bien -es un deber- que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2…
Camino 472. Sirve a tu Dios con rectitud, séle fiel… y no te preocupes de nada: porque es una gran verdad que “si buscas el reino de Dios y su justicia, El te dará lo demás -lo material, los medios- por añadidura.”
Camino 473. Echa lejos de ti esa desesperanza que te produce el conocimiento de tu miseria. -Es verdad: por tu prestigio económico, eres un cero…, por tu prestigio social, otro cero…, y otro por tus virtudes, y otro por tu talento… Pero, a la izquierda de esas negaciones, está Cristo… Y qué cifra inconmensurable resulta!
Camino 474. Que eres… nadie. -Que otros han levantado y levantan ahora maravillas de organización, de prensa, de propaganda. -¿Que tienen todos los medios, mientras tú no tienes ninguno?… Bien: acuérdate de Ignacio: Ignorante, entre los doctores de Alcalá. -Pobre, pobrísimo, entre los estudiantes de París. -Perseguido, calumniado… Es el camino: ama y cree y sufre!: tu Amor y tu Fe y tu Cruz son los medios infalibles para poner por obra y para eternizar las ansias de apostolado que llevas en tu corazón.
Camino 475. Te reconoces miserable. Y lo eres. -A pesar de todo -más aún: por eso- te buscó Dios. -Siempre emplea instrumentos desproporcionados: para que se vea que la “obra” es suya. -A ti sólo te pide docilidad.
Camino 476. Cuando te “entregues” a Dios no habrá dificultad que pueda remover tu optimismo.
Camino 477. ¿Por qué dejas esos rincones en tu corazón? -Mientras no te des tú del todo, es inútil que pretendas llevarle a otro. -Pobre instrumento eres.
Camino 478. ¿Pero, a estas alturas!, va a resultar que necesitas la aprobación, el calor, los consuelos de los poderosos, para seguir haciendo lo que Dios quiere? -Los poderosos suelen ser volubles, y tú has de ser constante. Sé agradecido, si te ayudan. Y continúa, imperturbable, si te desprecian.
Camino 479. No hagas caso. -Siempre los “prudentes” han llamado locuras a las obras de Dios. – Adelante, audacia!
Camino 480. ¿Ves? Un hilo y otro y muchos, bien trenzados, forman esa maroma capaz de alzar pesos enormes. -Tú y tus hermanos, unidas vuestras voluntades para cumplir la de Dios, seréis capaces de superar todos los obstáculos.
Camino 481. Cuando sólo se busca a Dios, bien se puede poner en práctica, para sacar adelante obras de celo, aquel principio que asentaba un buen amigo nuestro: “Se gasta lo que se deba, aunque se deba lo que se gaste”.
Camino 482. ¿Qué importa que tengas en contra al mundo entero con todos sus poderes? Tú… adelante! -Repite las palabras del salmo: “El Señor es mi luz y mi salud, ¿a quién temeré?… “Si consistant adversum me castra, non timebit cor meum” -Aunque me vea cercado de enemigos, no flaqueará mi corazón.”
Camino 483. Animo! Tú… puedes. -¿Ves lo que hizo la gracia de Dios con aquel Pedro dormilón, negador y cobarde…, con aquel Pablo perseguidor, odiador y pertinaz?
Camino 484. Sé instrumento: de oro o de acero, de platino o de hierro…, grande o chico, delicado o tosco… -Todos son útiles: cada uno tiene su misión propia. Como en lo material: ¿quién se atreverá a decir que es menos útil el serrucho del carpintero que las pinzas del cirujano? -Tu deber es ser instrumento.
Camino 485. Bien. ¿Y qué? -No entiendo cómo te puedes retraer de esa labor de almas -si no es por oculta soberbia: te crees perfecto-, porque el fuego de Dios que te atrajo, además de la luz y del calor que te entusiasman, dé a veces el humo de la flaqueza de los instrumentos.
Camino 486. Trabajo… hay. -Los instrumentos no pueden estar mohosos. -Normas hay también para evitar el moho y la herrumbre. -Basta ponerlas en práctica.
Camino 487. No te desvele el conflicto económico que se avecina a tu empresa de apostolado. -Aumenta la confianza en Dios, haz humanamente lo que puedas, y verás qué pronto el dinero deja de ser conflicto!
Camino 488. No dejes de hacer las cosas por falta de instrumentos: se comienza como se puede. -Después, la función crea el órgano. Algunos, que no valían, resultan aptos. Con los demás se hace una operación quirúrgica, aunque duela – buenos “operadores” fueron los santos!-, y se sigue adelante.
Camino 489. Fe viva y penetrante. Como la fe de Pedro. -Cuando la tengas -lo ha dicho El- apartarás los montes, los obstáculos, humanamente insuperables, que se opongan a tus empresas de apóstol.
Camino 490. Rectitud de corazón y buena voluntad: con estos dos elementos y la mirada puesta en cumplir lo que Dios quiere, verás hechos realidad tus ensueños de amor y saciadas tus hambres de almas.
Camino 491. “Nonne hic est fabri filius? Nonne hic est faber, filius Mariae?” -¿Acaso éste no es hijo del artesano? ¿No es el artesano hijo de María? -Esto, que dijeron de Jesús, es muy posible que lo digan de ti, con un poco de pasmo y otro poco de burla, cuando “definitivamente” quieras cumplir la Voluntad de Dios, ser instrumento: Pero, ¿no es éste aquél?… -Calla. Y que tus obras confirmen tu misión.
Camino 492. El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza.
Camino 493. Ama a la Señora. Y Ella te obtendrá gracia abundante para vencer en esta lucha cotidiana. -Y no servirán de nada al maldito esas cosas perversas, que suben y suben, hirviendo dentro de ti, hasta querer anegar con su podredumbre bienoliente los grandes ideales, los mandatos sublimes que Cristo mismo ha puesto en tu corazón. -” Serviam!”
Camino 494. Sé de María y serás nuestro.
Camino 495. A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María.
Camino 496. Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!… -Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole: Dios te salve, María, hija de Dios Padre: Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo: Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo… Más que tú, sólo Dios!
Camino 497. Di: Madre mía -tuya, porque eres suyo por muchos títulos-, que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús.
Camino 498. Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. -No desconfíes. -Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma.
Camino 499. María Sant

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